Desacralicemos la cultura, pero no normalicemos la ignorancia

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El blog de Infobibliotecas siempre es una fuente de estímulo. Las entradas extensas (me gustan las entradas extensas) firmadas por Vicente Funes siempre dejan momentos para la reflexión. La entrada del 26 de febrero no iba a ser una excepción. Titulada Asalto a la biblioteca del distrito 18, me ha dejado rascándome la cabeza en lo referente a la “desacralización” de la cultura. Leer más “Desacralicemos la cultura, pero no normalicemos la ignorancia”

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Leer mucho, leer bien, leer mejor

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Hace unos días, Txetxu Baradiarán publicaba en su blog Cambiando de tercio una breve pero jugosa reflexión sobre uno de los aspectos del estudio Hábitos de lectura y compra de libros 2017.

Txetxu recogía la definición de lo que en el informe se entiende por “lectura”, una definición que se ha mantenido desde el año 2012. De los tres párrafos que conforma la definición, recojo el primero por ser el que da que pensar:

¿Qué entendemos por lectura? Por lectura se entiende al proceso de aprehensión de determinadas clases de información contenidas en un soporte particular que son transmitidas por medio de ciertos códigos, como lo puede ser el lenguaje. Es decir, un proceso mediante el cual se traducen determinados símbolos para su entendimiento.

En base a lo anterior, Txetxu se pregunta si los datos que recogen el informe “son capaces realmente de medir si existe esa aprehensión y si esos símbolos son entendidos”. Una cuestión importante, porque parece ser que el objetivo general del estudio es guiar la formulación de políticas y planes de lectura.

Mi repaso del estudio de Hábitos 2017 se ha quedado en un plano superficial, sin entrar a analizar en detalle gran parte de la información, y resaltando sólo algún aspecto puntual. Aun así creo que no me equivocaría demasiado si afirmara que los datos, como sospecha Txetxu, no miden si se da esa aprehensión o comprensión. Hasta es más que probable que ni siquiera se intente relacionar de ninguna manera ambos fenómenos (el de la lectura y el de la compresión).

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Repensando la infoxicación, y la función informativa de las bibliotecas

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Los días 10 y 11 de mayo 2018 tendrán lugar las 15as Jornadas Catalanas de Información y Documentación, organizadas por el Col-legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya.

Tal y como dice la página web de las Jornadas:

Con el lema “Diversitat de BiDes” queremos poner sobre la mesa todo aquello que compartimos como expertos y a la vez todo aquello que nos hace únicos y diferentes entre nosotros. Tres ejes temáticos marcarán las sesiones de las Jornadas: innovadores, singulares y gestores.

He tenido la suerte de que el Consejo de las Jornadas haya aceptado mi propuesta de ponencia, que podré presentar en el bloque “Experiencias” dentro del eje temático “Gestores”.

Mi trabajo lleva el título Repensando la infoxicación, y la función informativa de las bibliotecas, y aquí os adjunto un resumen descriptivo del mismo:

La infoxicación se ha convertido en un concepto clave en nuestras sociedades. Se insiste en que la gran cantidad de información que se produce gracias a las nuevas tecnologías tendría sobre los usuarios efectos como la incapacidad de decidir qué información es la más adecuada para una consulta, o la ansiedad provocada al no poder digerir tanta información.

Para los profesionales de la información la infoxicación ha representado una oportunidad para posicionar su perfil, defendiendo su papel de expertos en la búsqueda de información como un antídoto frente a sus efectos.

En este trabajo defenderemos que se han exagerado los efectos de la infoxicación, debido a un cierto determinismo tecnológico (la idea de que las tecnologías producen efectos inevitables en la sociedad) y a una imagen anticientífica de cómo funciona la mente humana.

Para ello mostraremos algunos indicios provenientes de la sociología que dan a entender que la infoxicación no depende del volumen de información total, sino de las circunstancias y capacidades personales. También propondremos que nuestra psicología nos proporciona de una manera “natural” los mecanismos para discriminar información y para consumirla de manera selectiva, poniendo como ejemplo de dos tipos de consumo informativo: el consumo de información política y el consumo de información científica.

Por último, argumentaremos que la adecuada comprensión de la infoxicación tiene implicaciones para la función informativa de las bibliotecas: en lugar de sólo ofrecer servicios bajo demanda, las bibliotecas deberían implicarse de una manera más proactiva en la creación y difusión de contenidos.

 

Si todo sigue su curso, pues, en mayo podré desarrollar el contenido en las Jornadas. ¿Nos vemos allí? 😉

¿Tiene límites la “función social” de las bibliotecas?

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Quizás ya hayas oído hablar de ello: en EEUU se está produciendo un terrible repunte en la drogadicción por opioides, tanto que se habla de un epidemia.

En lo que respecta a este blog, de manera paralela a la epidemia de opiodes se está produciendo un hecho que merece la pena comentar. También han aumentado las personas que acuden a las bibliotecas a inyectarse su dosis, y ha llevado a bibliotecarios de algunos centros a actuar como “first responders”, es decir: practican primeros auxilios a aquellas personas que pueden sufrir una muerte por drogadicción.

El tema me parece de lo más relevante, porque es un ejemplo extremo de hasta dónde puede llegar lo que se llama “función social” de los bibliotecarios. Y por ello, me parece que es un caso que puede llamarnos a la reflexión sobre, precisamente, qué deberíamos entender por “función social” y cuáles son sus límites, si es que los hay. Leer más “¿Tiene límites la “función social” de las bibliotecas?”

El negocio de las bibliotecas no es la información

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Pues no, no lo es, al menos no de forma preeminente. Sostener lo contrario deja a las bibliotecas en una situación más que complicada, por dos motivos que voy a recoger aquí en unas reflexiones rápidas.

Son motivos basados en ideas que ya defendía, a mi manera, en una entrada en BiblogTecarios sobre la vuelta a los orígenes bibliotecarios. Además, a cuento de aquel artículo, Lluís Anglada me hizo notar un artículo de Michael Gorman en el que el autor lo expone mucho mejor que yo. Resumiendo algunas de todas esas ideas, tenemos lo siguiente: Leer más “El negocio de las bibliotecas no es la información”

Respetar al público, o ¿habría que darle a la gente sólo lo que quiere leer?

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“Las bibliotecas deben darle a sus usuarios aquello que quieren”; “Hay que satisfacer las demandas de los usuarios”; “Los bibliotecarios no somos quien para juzgar el consumo cultural de los usuarios”;… Son ideas recurrentes que suelen aparecer en la también recurrente cuestión de si las bibliotecas han de formar sus fondos con los documentos que demanden (o parezcan hacerlo) los usuarios o si han de apostar por algo más. Es decir: el problema de si hay que privilegiar la demanda sobre la calidad.

Me he tropezado con un interesante artículo de hace ya unos años de Bob Usherwood, profesor emérito de la University of Sheffield que trata sobre este dilema. En realidad, la postura de Usherwood es bien clara (una postura que desarrolla en extenso en su libro Equity and Excellence in the Public Library: Why Ignorance is Not our Heritage), y vale la pena recoger aquí algunos fragmentos que hablan por sí solos (los fragmentos son una traducción propia del original inglés). Leer más “Respetar al público, o ¿habría que darle a la gente sólo lo que quiere leer?”

¿Estamos sobrevalorando la conversación?

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Esta entrada es casi un corolario a la última entrada del blog, sobre si WhatsApp acabará representando una nueva iniciativa frustrada por parte de las bibliotecas (entrada que redacté a cuento del artículo de la compañera en BiblogTecarios Sandra Clemente sobre el uso de WhatsApp en las bibliotecas universitarias). Como en aquel caso, también aquí quiero hacer algunas reflexiones breves y un tanto desordenadas.

Quizá “sobrevalorar” no sea el verbo más adecuado: por supuesto que creo que la conversación es necesaria. Lo que sucede es más bien que hemos puesto demasiado fe en en ella. Lo hemos hecho, o lo estamos haciendo, porque es lo que toca: si queremos conseguir centros más cercanos y eficientes es lógico apostar por la conversación con los usuarios. Pero no estaría de más que en algún momento nos planteáramos algunas cuestiones en torno a la conversación. Leer más “¿Estamos sobrevalorando la conversación?”