Por qué leer todavía

Por qué leer todavía: lectura, cultura, racionalidad es mi primer libro autoeditado en la plataforma de Amazon Kindle Direct Publishing. Por ello seguro que tiene las virtudes pero también los defectos de las primeras veces. En cualquier caso, es una satisfacción personal haberle podido dar forma y traerlo al mundo.

Es un libro breve, formado por una recopilación de artículos sobre el libro, la lectura y la cultura, escritos  en este último par de años. Todos los artículos han sido revisados y en algunos casos su contenido ha sido ampliado de forma notable.

Los escritos tratan aspectos diversos, siempre en el eje lectura – cultura: la posibilidad de prescribir cultura, la noción de buen y gusto, los límites de la crítica cultural, la relación entre genética y cultura,… Destaca en particular el artículo que da nombre a la colección: Por qué leer todavía, o por una nueva defensa de la lectura, en el que ensayo justo lo que título sugiere: una nueva defensa de la lectura en estos tiempos en los que parece que se ha impuesto cierto escepticismo en torno a los beneficios del acto lector.

La tabla de contenidos:

Por qué leer todavía, o por una nueva defensa de la lectura
Prescribir cultura: posible y necesario
Sobre la paradoja de la crítica al buen gusto
¿Deberíamos preocuparnos por una “brecha de lectura profunda”?
¿Leer ficción nos ayuda a aprender sobre el mundo?
¿Lo importante es que la gente lea?
Desacralicemos la cultura, pero no normalicemos la ignorancia
El conocimiento sigue estando en los libros
La falacia lógica del gusto, o ¿qué tienen de malo las historias Disney?
La lectura también es cuestión de genética
La rebelión contra los algoritmos y la vuelta del prescriptor
Leer “los Clásicos”: una pobre guía para la educación contemporánea
Leer mucho, leer bien, leer mejor
Acerca del autor

 

De momento, el libro está disponible en versión ebook. Lo podéis adquirir en Amazon al precio de 3 euros.

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Los ofendiditos de la novela Young Adult

censura

Vivimos tiempos de reivindicaciones sociales varias, de políticas de la identidad, de lucha por la justicia social. Y ello en ocasiones desata polémicas hiperventiladas. El término ofendiditos se utiliza con sorna para designar a aquellos individuos que, apelando a lo que es moral o inmoral, alzan el dedo acusador para denunciar a quienes ellos consideran que han traspasado ciertas fronteras inaceptables.

Parece ser que la literatura Young Adult (YA), un subtipo de literatura juvenil que se ha hecho muy popular, también goza de su cuota de ofendiditos, al menos en EEUU. En una entrada en ideofilia escribí sobre el fenómeno y traté de situarlo en su contexto social y moral más amplio.

Los ofendiditos de la novela YA son suficientemente activos como para paralizar la publicación de obras de autores jóvenes que ni siquiera han leído por no estar todavía disponibles en el mercado. Obras que quizá sean polémicas, pero de las que cabe preguntarse si en realidad había para tanto.

Hace pocos días, en Slate y en New York Times se recogía el, hasta el momento, último caso de censura en la YA.

Sigue leyendo “Los ofendiditos de la novela Young Adult”

La rebelión contra los algoritmos y la vuelta del prescriptor

algorithms

Parece que a medida que avanza la presencia y la importancia de los algoritmos en nuestras vidas, se incrementa la sospecha hacia ellos: hacia sus efectos sociales y políticos, hacia sus posibles sesgos, hacia su posible poder para manipular la información,…

En el mundo de la cultura también van proliferando las voces escépticas hacia la conveniencia de los algoritmos. Una prueba reciente es un artículo publicado en El País escrito por Tommaso Koch con el expresivo título Cine de autor, contra los algoritmosSigue leyendo “La rebelión contra los algoritmos y la vuelta del prescriptor”

BookTubers: ¿más moda que cultura?

booktube

Los booktubers, esos jóvenes que recomiendan libros a los miles de seguidores de sus blogs y canales de YouTube, se han convertido en una materia perfecta para la polémica. Amados por muchos, y criticados por otros tantos, han recibido la atención de medios de comunicación y comentaristas de diversa procedencia.

La profesora de la Universitat de València e investigadora Gemma Lluch nos ofrece una perspectiva muy útil sobre ese fenómeno, gracias a su investigación Los jóvenes y adolescentes comparten la lectura, incluída en el informe de la Fundación Telefónica ¿Cómo leemos en la sociedad digital? Lectores, booktubers y prosumidoresSigue leyendo “BookTubers: ¿más moda que cultura?”

La “crítica a la crítica” y la prescripción bibliotecaria

pop culture

El siempre incisivo Esteban Hernández publicaba hoy día 31 de agosto un interesante artículo en El Confidencial con el que, como suelo hacer a veces, voy a trazar un paralelismo con una cuestión bibliotecaria.

El artículo de Hernández lleva por título Los nuevos reaccionarios: cómo han conseguido eliminar toda crítica, y la cuestión bibliotecaria a la que me gustaría hacer referencia es la prescripción cultural. Sigue leyendo “La “crítica a la crítica” y la prescripción bibliotecaria”

Respetar al público, o ¿habría que darle a la gente sólo lo que quiere leer?

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“Las bibliotecas deben darle a sus usuarios aquello que quieren”; “Hay que satisfacer las demandas de los usuarios”; “Los bibliotecarios no somos quien para juzgar el consumo cultural de los usuarios”;… Son ideas recurrentes que suelen aparecer en la también recurrente cuestión de si las bibliotecas han de formar sus fondos con los documentos que demanden (o parezcan hacerlo) los usuarios o si han de apostar por algo más. Es decir: el problema de si hay que privilegiar la demanda sobre la calidad.

Me he tropezado con un interesante artículo de hace ya unos años de Bob Usherwood, profesor emérito de la University of Sheffield que trata sobre este dilema. En realidad, la postura de Usherwood es bien clara (una postura que desarrolla en extenso en su libro Equity and Excellence in the Public Library: Why Ignorance is Not our Heritage), y vale la pena recoger aquí algunos fragmentos que hablan por sí solos (los fragmentos son una traducción propia del original inglés). Sigue leyendo “Respetar al público, o ¿habría que darle a la gente sólo lo que quiere leer?”

El papel insuficiente de las bibliotecas en el Plan de Fomento de la Lectura 


​El nuevo Plan de Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura del Gobierno de España está, como aquel que dice, recién salido del horno. Tiempo habrá, pues, para analizar la utilidad o lo acertado de sus propuestas, así como su grado de éxito en esa compleja tarea que es “fomentar la lectura”.

De todas maneras, me gustaría hacer un par de reflexiones rápidas sobre unos aspectos del Plan que me han llamado la atención.

La primera de ellas me la ha quitado de la boca (virtual) Txetxu Barandiarán con un artículo de su blog titulado Las lecturas y la vida. Quizás mejor en singular. En su entrada Txetxu nos habla sobre la imagen y el lema del Plan, que reza “Leer te da vidas extras”. Ante esa supuesta pluraridad de vidas que, según el Ministerio, parece ofrecernos la lectura, Txetxu comenta que más acertado sería remarcar cómo la lectura afecta a la propia vida, cómo ésta enriquece nuestra experiencia vital al proporcionarnos nuevas experiencias y sentimientos, sin por ello tener que “renunciar a la misma o tener que buscarla en otros”. 

En alguna conversación informal con buenos amigos he mantenido algo muy parecido a esto que escribe Txetxu:

¿No hay con ese mensaje [Leer te da vidas extras] una invitación implícita a reconocer que la vida real que cada uno está viviendo no merece la pena y hay que buscar fuera de uno mismo algo que le dé sentido o vidilla?

El lema de la campaña es muy parecido a esos memes con los que a veces los bibliotecarios tratan de difundir por las redes el valor de la lectura. 

Es un dinámica que responde a la eterna identificación de “leer” con “leer novelas”. Nada en contra de leer novelas, pero como comenta Txetxu no estaría de más ni que sea de vez en cuando evocar un discurso en el que lo principal de la lectura no sea el escapismo. La lectura sirve para eso, sin duda, pero no sólo para eso: sus otras vertientes, la de la reflexión, el autoexamen, el pensamiento, son tanto o más lícitas que el entretenimiento, e igual o más necesarias en los tiempos que vivimos.

La segunda reflexión viene a cuento de la atención que el Plan dedica a las bibliotecas. Para éstas, el Plan centra sus líneas de actuación en “la difusión del servicio de biblioteca pública” y la “mejora del acceso a la lectura a través de bibliotecas”.

Me parece curioso que el Plan dedique a las librerías unas líneas de actuación que en principio caen plenamente dentro del ámbito de las bibliotecas, a saber:

[…] las librerías centren parte de sus esfuerzos en la prescripción de libros y en el desarrollo de actividades de dinamización cultural dentro de sus comunidades.

No pretendo decir que con ello se esté pisando las competencias de las bibliotecas, y que éstas deberían encargarse en exclusiva de la prescripción y de la dinamización cultural. Al contrario: creo que el que cada vez más librerías apuesten por esas tareas es algo que potencialmente nos beneficia a todos, seamos lectores o profesionales relacionados con la lectura.

Lo que me da que pensar es que esas actuaciones no se incluyan también en el ámbito de las bibliotecas. ¿Es quizá porque se da por supuesto que ya se hacen? Puede que sí, pero quizá sería buena idea enfatizarlas. Un artículo Peio Riaño en El Español me servirá para argumentarlo.

Comenta Riaño que aunque se espera que se incremente el presupuesto para la compra de libros para las bibliotecas públicas del Estado, en realidad nadie sabe todavía de qué cantidad se está hablando, ni siquiera el propio Ministro. Aun así esa promesa de incremento ha sido bien recibida, como era de esperar, después de unos años de completa sequía. Riaño recoge las declaraciones al respecto de Juancho Pons, presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías:

Hay que volver a dotalas [a las bibliotecas] con novedades. Necesitan presupuesto y necesitamos que estén a rebosar. Las bibliotecas necesitan actualizar sus fondos, porque en los últimos años no han tenido esa oportunidad. Estamos esperanzados, pero no tenemos ninguna partida prometida.

Sin duda que las bibliotecas necesitan “renovar sus fondos”, pero la compra de novedades no tiene necesariamente que ver con el fomento de la lectura, y ello por dos motivos.

El primero es un motivo práctico. Es obvio que gran parte del público acude a la biblioteca para obtener la última novela de moda, y por tanto hay que hacer lo posible para satisfacer esas demandas. Pero pasado el tiempo de la moda, las bibliotecas quedan con un stock global de obras con una circulación baja (salvo las obras más afortunadas y que, por lo que sea, resisten el paso del tiempo). Si lo que se quiere es que las bibliotecas, además de satisfacer las novedades, sean sostenibles en el tiempo es necesario repensar en formas de poner en circulación esos fondos, de incitar a su consulta y de despertar la curiosidad hacia ellos. Es decir, es necesario repensar en la necesidad de prescribir.

El segundo motivo es más de principios, por llamarlo así. Para animar a la lectura las novedades editoriales son un añadido, pero mal vamos si consideramos que son el fin en sí mismo. Las bibliotecas no sólo tienen la misión de ofrecer novedades editoriales a sus usuarios, sino de fomentar cosas como la educación, la cultura, el patrimonio artístico y científico. Y para ello las novedades no son imprescindibles (aunque sí muy necesarias, claro está). Para conseguir esas misiones nos volvemos a encontrar con la prescripción: es difícil fomentar la educación y la cultura si no se apuesta activamente por difundir los fondos, sean en el formato que sean, y más importante aún, si no se apuesta por divulgar las ideas que contienen.