El papel insuficiente de las bibliotecas en el Plan de Fomento de la Lectura 


​El nuevo Plan de Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura del Gobierno de España está, como aquel que dice, recién salido del horno. Tiempo habrá, pues, para analizar la utilidad o lo acertado de sus propuestas, así como su grado de éxito en esa compleja tarea que es “fomentar la lectura”.

De todas maneras, me gustaría hacer un par de reflexiones rápidas sobre unos aspectos del Plan que me han llamado la atención.

La primera de ellas me la ha quitado de la boca (virtual) Txetxu Barandiarán con un artículo de su blog titulado Las lecturas y la vida. Quizás mejor en singular. En su entrada Txetxu nos habla sobre la imagen y el lema del Plan, que reza “Leer te da vidas extras”. Ante esa supuesta pluraridad de vidas que, según el Ministerio, parece ofrecernos la lectura, Txetxu comenta que más acertado sería remarcar cómo la lectura afecta a la propia vida, cómo ésta enriquece nuestra experiencia vital al proporcionarnos nuevas experiencias y sentimientos, sin por ello tener que “renunciar a la misma o tener que buscarla en otros”. 

En alguna conversación informal con buenos amigos he mantenido algo muy parecido a esto que escribe Txetxu:

¿No hay con ese mensaje [Leer te da vidas extras] una invitación implícita a reconocer que la vida real que cada uno está viviendo no merece la pena y hay que buscar fuera de uno mismo algo que le dé sentido o vidilla?

El lema de la campaña es muy parecido a esos memes con los que a veces los bibliotecarios tratan de difundir por las redes el valor de la lectura. 

Es un dinámica que responde a la eterna identificación de “leer” con “leer novelas”. Nada en contra de leer novelas, pero como comenta Txetxu no estaría de más ni que sea de vez en cuando evocar un discurso en el que lo principal de la lectura no sea el escapismo. La lectura sirve para eso, sin duda, pero no sólo para eso: sus otras vertientes, la de la reflexión, el autoexamen, el pensamiento, son tanto o más lícitas que el entretenimiento, e igual o más necesarias en los tiempos que vivimos.

La segunda reflexión viene a cuento de la atención que el Plan dedica a las bibliotecas. Para éstas, el Plan centra sus líneas de actuación en “la difusión del servicio de biblioteca pública” y la “mejora del acceso a la lectura a través de bibliotecas”.

Me parece curioso que el Plan dedique a las librerías unas líneas de actuación que en principio caen plenamente dentro del ámbito de las bibliotecas, a saber:

[…] las librerías centren parte de sus esfuerzos en la prescripción de libros y en el desarrollo de actividades de dinamización cultural dentro de sus comunidades.

No pretendo decir que con ello se esté pisando las competencias de las bibliotecas, y que éstas deberían encargarse en exclusiva de la prescripción y de la dinamización cultural. Al contrario: creo que el que cada vez más librerías apuesten por esas tareas es algo que potencialmente nos beneficia a todos, seamos lectores o profesionales relacionados con la lectura.

Lo que me da que pensar es que esas actuaciones no se incluyan también en el ámbito de las bibliotecas. ¿Es quizá porque se da por supuesto que ya se hacen? Puede que sí, pero quizá sería buena idea enfatizarlas. Un artículo Peio Riaño en El Español me servirá para argumentarlo.

Comenta Riaño que aunque se espera que se incremente el presupuesto para la compra de libros para las bibliotecas públicas del Estado, en realidad nadie sabe todavía de qué cantidad se está hablando, ni siquiera el propio Ministro. Aun así esa promesa de incremento ha sido bien recibida, como era de esperar, después de unos años de completa sequía. Riaño recoge las declaraciones al respecto de Juancho Pons, presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías:

Hay que volver a dotalas [a las bibliotecas] con novedades. Necesitan presupuesto y necesitamos que estén a rebosar. Las bibliotecas necesitan actualizar sus fondos, porque en los últimos años no han tenido esa oportunidad. Estamos esperanzados, pero no tenemos ninguna partida prometida.

Sin duda que las bibliotecas necesitan “renovar sus fondos”, pero la compra de novedades no tiene necesariamente que ver con el fomento de la lectura, y ello por dos motivos.

El primero es un motivo práctico. Es obvio que gran parte del público acude a la biblioteca para obtener la última novela de moda, y por tanto hay que hacer lo posible para satisfacer esas demandas. Pero pasado el tiempo de la moda, las bibliotecas quedan con un stock global de obras con una circulación baja (salvo las obras más afortunadas y que, por lo que sea, resisten el paso del tiempo). Si lo que se quiere es que las bibliotecas, además de satisfacer las novedades, sean sostenibles en el tiempo es necesario repensar en formas de poner en circulación esos fondos, de incitar a su consulta y de despertar la curiosidad hacia ellos. Es decir, es necesario repensar en la necesidad de prescribir.

El segundo motivo es más de principios, por llamarlo así. Para animar a la lectura las novedades editoriales son un añadido, pero mal vamos si consideramos que son el fin en sí mismo. Las bibliotecas no sólo tienen la misión de ofrecer novedades editoriales a sus usuarios, sino de fomentar cosas como la educación, la cultura, el patrimonio artístico y científico. Y para ello las novedades no son imprescindibles (aunque sí muy necesarias, claro está). Para conseguir esas misiones nos volvemos a encontrar con la prescripción: es difícil fomentar la educación y la cultura si no se apuesta activamente por difundir los fondos, sean en el formato que sean, y más importante aún, si no se apuesta por divulgar las ideas que contienen.

Las bibliotecas y los encuentros inesperados 

Uno de los blogs que sigo con más interés en tiempos recientes es Cambiando de tercio, de Txetxu Barandiaran. Su autor es consultor en el mundo del libro, la cultura y el tercer sector. Sus reflexiones siempre son a tener en cuenta, porque permiten acercarse al complejo estado actual de esos sectores. Y en mi caso, algunas de sus ideas me despiertan otras reflexiones paralelas aplicadas al mundo de las bibliotecas  (un paralelismo que el mismo Barandiaran ha realizado en varias ocasiones).

​Dos ejemplos de lo que digo. En el primero, Txetxu recoge unas declaraciones de Calixto Bieito, que actualmente es el Director Artístico del Teatro Arriaga, en las que dice:

Un teatro público tiene la obligación de proporcionarnos algo que todavía no sabemos si nos gusta, llevarnos a sitios a los que no sabíamos que queríamos ir, y por descontado, sacudirnos, abrir nuestras mentes, hacernos más tolerantes y sobre todo hacernos sentir mejores personas.

Después, en su artículo, Txetxu se pregunta a cuento de las librerías:

Qué vamos a plantear como nuevo y/o rompedor para estimular la curiosidad y proponer contenidos novedosos que todavía no sabemos si gustarán.

Unas líneas que creo que son totalmente aplicables a las bibliotecas públicas. Sin duda que éstas basan su éxito en darle a los usuarios aquello que demandan. Y aun así, eso deja unos espacios considerables al descubrimiento, al gozo intelectual, a la sorpresa, a encontrar aquellas cosas que no sabíamos que nos gustaban hasta que damos con ellas. Aunque para ello también sería necesario que las bibliotecas se plantearan la misma pregunta: ¿hacemos algo por estimular la curiosidad y proponer esos contenidos, aunque no sepamos si gustarán a los usuarios?

Seguro que en la mayoría de bibliotecas se llevan a cabo acciones que van en esa dirección, aunque no estaría de más abrir el abanico de lo que se ofrece. En este sentido, es relevante el segundo ejemplo que quiero mencionar. En su artículo Txetxu recoge unas declaraciones de Roger Chartier, entre las que saco estas líneas:

[…] en internet usted compra un libro sobre la Inquisición en el siglo XVI y Amazon le va a indicar que debería comprar otros libros sobre la Inquisición, del mismo autor o sobre el Siglo de Oro, es una lógica temática. En cambio, usted entra a una librería para comprar un libro sobre la Inquisición en el siglo XVI, y es posible que salga con una antología poética o con una novela, porque hay una organización horizontal sobre las mesas, de la oferta de libros. En este mundo tal vez es más difícil encontrar lo que busca, pero es más fácil tener encuentros que el lector no buscaba.

A lo que añade Txetxu:

Es claro también, en esta misma línea, que tampoco es igual comprar en cualquier librería porque en cada caso el viaje entre los libros que nos propondrá o que saldrán a nuestro encuentros será  incluso dentro de esa “organización horizontal” distinto.

De nuevo, unas palabras que me hacen pensar en las bibliotecas. Sin duda que estas instituciones también poseen la capacidad de proporcionar ese descubrimiento horizontal para que el lector tenga esos felices encuentros inesperados. Aunque para ello es necesario mover fondo, buscar espacios donde las distintas secciones del mismo tengan visibilidad y tratamiento que les ofrezca una oportunidad de fomentar la curiosidad y el gozo intelectual. Y, por descontado, hace falta que los bibliotecarios nos tomemos en serio el conocimiento de la colección como un deber profesional, y no como una opción o un añadido.

Como digo, sin duda las bibliotecas son centros que se deben a sus usuarios, y por tanto han de buscar lo que éstos quieren o necesitan. Pero también creo que se sigue cumpliendo que dadas las misiones de una biblioteca pública, es posible e incluso necesario buscar esos espacios para huir de la cultura de escaparate, ni que sea de vez en cuando (y no te asustes: no se trata de imponer nada a nadie, nuestro criterio al criterio del lector, sino actuar como polinizadores para aquellas personas que se sientan receptivas y que quieran dialogar con nosotros). 

El descenso de público presencial en las bibliotecas no pone fácil esta tarea, pero nada impide (o no debería) que podamos buscar, como complemento, espacios virtuales para llevarla a cabo. No todos los usuarios se sentirán concernidos, sin duda. Aunque también sin duda que habrá algunos que sí, y eso en sí mismo ya merece el esfuerzo.

Imagen via El Español