El gran engaño de lo digital, los males de la industria editorial… ¿y los de la biblioteca?

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El periodista Esteban Hernández vuelve a dejar en El Confidencial uno de aquellos textos para reflexionar sobre el estado de la industria editorial, y sobre la cultura en general.

A cuento de la película de Olivier Assayas Dobles vidas, Hernández nos habla sobre cómo el discurso de la supuesta revolución digital que había de transformar el libro ha acabado dejando al mundo editorial en una situación más que preocupante en lo que hace a su papel de difusores de cultura.

Por mi parte, voy a recoger brevemente algunas de las ideas centrales del artículo de Hernández y hacer un paralelismo con la situación de las bibliotecas públicas. Sigue leyendo “El gran engaño de lo digital, los males de la industria editorial… ¿y los de la biblioteca?”

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Leer mucho, leer bien, leer mejor

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Hace unos días, Txetxu Baradiarán publicaba en su blog Cambiando de tercio una breve pero jugosa reflexión sobre uno de los aspectos del estudio Hábitos de lectura y compra de libros 2017.

Txetxu recogía la definición de lo que en el informe se entiende por “lectura”, una definición que se ha mantenido desde el año 2012. De los tres párrafos que conforma la definición, recojo el primero por ser el que da que pensar:

¿Qué entendemos por lectura? Por lectura se entiende al proceso de aprehensión de determinadas clases de información contenidas en un soporte particular que son transmitidas por medio de ciertos códigos, como lo puede ser el lenguaje. Es decir, un proceso mediante el cual se traducen determinados símbolos para su entendimiento.

En base a lo anterior, Txetxu se pregunta si los datos que recogen el informe “son capaces realmente de medir si existe esa aprehensión y si esos símbolos son entendidos”. Una cuestión importante, porque parece ser que el objetivo general del estudio es guiar la formulación de políticas y planes de lectura.

Mi repaso del estudio de Hábitos 2017 se ha quedado en un plano superficial, sin entrar a analizar en detalle gran parte de la información, y resaltando sólo algún aspecto puntual. Aun así creo que no me equivocaría demasiado si afirmara que los datos, como sospecha Txetxu, no miden si se da esa aprehensión o comprensión. Hasta es más que probable que ni siquiera se intente relacionar de ninguna manera ambos fenómenos (el de la lectura y el de la compresión).

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