Las bibliotecas y los encuentros inesperados 

Uno de los blogs que sigo con más interés en tiempos recientes es Cambiando de tercio, de Txetxu Barandiaran. Su autor es consultor en el mundo del libro, la cultura y el tercer sector. Sus reflexiones siempre son a tener en cuenta, porque permiten acercarse al complejo estado actual de esos sectores. Y en mi caso, algunas de sus ideas me despiertan otras reflexiones paralelas aplicadas al mundo de las bibliotecas  (un paralelismo que el mismo Barandiaran ha realizado en varias ocasiones).

​Dos ejemplos de lo que digo. En el primero, Txetxu recoge unas declaraciones de Calixto Bieito, que actualmente es el Director Artístico del Teatro Arriaga, en las que dice:

Un teatro público tiene la obligación de proporcionarnos algo que todavía no sabemos si nos gusta, llevarnos a sitios a los que no sabíamos que queríamos ir, y por descontado, sacudirnos, abrir nuestras mentes, hacernos más tolerantes y sobre todo hacernos sentir mejores personas.

Después, en su artículo, Txetxu se pregunta a cuento de las librerías:

Qué vamos a plantear como nuevo y/o rompedor para estimular la curiosidad y proponer contenidos novedosos que todavía no sabemos si gustarán.

Unas líneas que creo que son totalmente aplicables a las bibliotecas públicas. Sin duda que éstas basan su éxito en darle a los usuarios aquello que demandan. Y aun así, eso deja unos espacios considerables al descubrimiento, al gozo intelectual, a la sorpresa, a encontrar aquellas cosas que no sabíamos que nos gustaban hasta que damos con ellas. Aunque para ello también sería necesario que las bibliotecas se plantearan la misma pregunta: ¿hacemos algo por estimular la curiosidad y proponer esos contenidos, aunque no sepamos si gustarán a los usuarios?

Seguro que en la mayoría de bibliotecas se llevan a cabo acciones que van en esa dirección, aunque no estaría de más abrir el abanico de lo que se ofrece. En este sentido, es relevante el segundo ejemplo que quiero mencionar. En su artículo Txetxu recoge unas declaraciones de Roger Chartier, entre las que saco estas líneas:

[…] en internet usted compra un libro sobre la Inquisición en el siglo XVI y Amazon le va a indicar que debería comprar otros libros sobre la Inquisición, del mismo autor o sobre el Siglo de Oro, es una lógica temática. En cambio, usted entra a una librería para comprar un libro sobre la Inquisición en el siglo XVI, y es posible que salga con una antología poética o con una novela, porque hay una organización horizontal sobre las mesas, de la oferta de libros. En este mundo tal vez es más difícil encontrar lo que busca, pero es más fácil tener encuentros que el lector no buscaba.

A lo que añade Txetxu:

Es claro también, en esta misma línea, que tampoco es igual comprar en cualquier librería porque en cada caso el viaje entre los libros que nos propondrá o que saldrán a nuestro encuentros será  incluso dentro de esa “organización horizontal” distinto.

De nuevo, unas palabras que me hacen pensar en las bibliotecas. Sin duda que estas instituciones también poseen la capacidad de proporcionar ese descubrimiento horizontal para que el lector tenga esos felices encuentros inesperados. Aunque para ello es necesario mover fondo, buscar espacios donde las distintas secciones del mismo tengan visibilidad y tratamiento que les ofrezca una oportunidad de fomentar la curiosidad y el gozo intelectual. Y, por descontado, hace falta que los bibliotecarios nos tomemos en serio el conocimiento de la colección como un deber profesional, y no como una opción o un añadido.

Como digo, sin duda las bibliotecas son centros que se deben a sus usuarios, y por tanto han de buscar lo que éstos quieren o necesitan. Pero también creo que se sigue cumpliendo que dadas las misiones de una biblioteca pública, es posible e incluso necesario buscar esos espacios para huir de la cultura de escaparate, ni que sea de vez en cuando (y no te asustes: no se trata de imponer nada a nadie, nuestro criterio al criterio del lector, sino actuar como polinizadores para aquellas personas que se sientan receptivas y que quieran dialogar con nosotros). 

El descenso de público presencial en las bibliotecas no pone fácil esta tarea, pero nada impide (o no debería) que podamos buscar, como complemento, espacios virtuales para llevarla a cabo. No todos los usuarios se sentirán concernidos, sin duda. Aunque también sin duda que habrá algunos que sí, y eso en sí mismo ya merece el esfuerzo.

Imagen via El Español

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