La biblioteca del futuro y el problema de la planificación 

Hace ya unos meses, Ester Omella y Enric Vilagrosa reseñaban en el Blok de BiD el plan estratégico de las bibliotecas públicas del Estado de Victoria, en Australia. Como dice el trabajo en su prefacio, el documento representa para los autores responsables una oportunidad para mirar más allá de los planes a corto plazo, y considerar cuál sería la mejor manera de preparar las bibliotecas de Victoria para el futuro, en la simbólica fecha de 2030.

Comentan Omella y Vilagrosa que durante la redacción del plan “se involucró a personal de las bibliotecas, políticos locales y stakeholders”. Para crear la “hoja de ruta” se utilizó una metodología consistente en, entre otros puntos:

·         Identificar las tendencias globales que pueden tener un impacto en los futuros servicios de la biblioteca pública.

·         Explorar alternativas de futuro, puntos de inflexión y respuestas estratégicas a las tendencias identificadas.

Dicen Omella y Vilagrosa:

Como resultado del proceso de reflexión se identificaron cinco tendencias sociales de futuro que, a su vez, dibujaban la evolución de la biblioteca hacia un escenario donde la creatividad y el trabajo con la comunidad toman gran relieve.

Con esa metodología y ese espíritu, no es extraño que Omella y Vilagrosa destaquen en su reseña como un valor del trabajo reseñado

el ejercicio de imaginar cómo quieren que sea la sociedad de aquí a unos años e identificar los ámbitos de trabajo de la biblioteca para conseguir esta sociedad que quieren.

En esa línea, Omella y Vilagrosa comentan:

El proyecto identifica que, como fuente local de información de la comunidad y de alfabetización del siglo XXI, las bibliotecas públicas tienen la oportunidad de jugar un papel importante en el futuro de sus comunidades […]

Por descontado que siempre es positivo que los planes estratégicos apuesten por un escenario en el que las bibliotecas jueguen un papel destacado. Aun así, me vais a permitir que sea un poco crítico con los esfuerzos planificadores.

Y es que si el futuro tiene algo destacable, es que es impredecible por su misma naturaleza. Eso no quiere decir que los planes no sean una herramienta útil o necesaria. Más bien, lo que implica es que dada la fuerte apuesta que suponen más nos valdría estar muy atentos a los sesgos, las preferencias implícitas o (por qué no decirlo) los intereses ocultos de los planificadores o de los stakeholders. Todos somos humanos y la investigación en psicología desde hace décadas muestra que nadie está completamente a salvo de esos factores.

Pensemos en el artículo de Steve Coffman sobre la decadencia y muerte del imperio bibliotecario. El discurso de Coffman tiene sus defectos, sin duda, pero en una cosa dio en el clavo: proyectos que parecían destinados a ser el futuro de las bibliotecas se quedaron por el camino, quizá por un exceso de optimismo, o quizá por la ceguera que produjo una planificación un tanto fantasiosa.

Aportar una dosis de escepticismo ante los discursos sobre el futuro en el mundo de la información siempre te hace quedar como una especie de cascarrabias, un dinosaurio de otra época. Me gustaría pensar que no es mi caso: no niego el valor de la prospectiva, de los escenarios y de las posibilidades de futuro, pero creo que hay que ser críticos con esa tendencia tan extendida a pensar en el mañana cuando, en ocasiones, a duras penas podemos decir que hemos hecho los deberes de hoy. Porque, al fin y al cabo, en el mundo de las bibliotecas puede que el futuro no sólo se cree, sino que también se descubra.

Imagen via encourage.ca

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Por qué estamos confundidos sobre lo que opinan los expertos

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Los temas complejos y polémicos abundan en nuestras sociedades: transgénicos, vacunas, causas y efectos del cambio climático,… En ocasiones, los medios de comunicación nos presentan las diferentes perspectivas que los expertos tienen sobre esas cuestiones, con la intención de dar voz a todas las partes implicadas. Esa estrategia tiene un problema: puede dar la impresión de que existe una disputa real sobre cuestiones en las que, de hecho, existe un amplio consenso.

Ante esta dificultad, hay medios que han optado por ofrecer un apoyo adicional: las diferentes perspectivas se complementan con una información que indica en qué lado se encuentra la mayoría de las opiniones expertas. Pero puede que incluso eso sea insuficiente. Leer más “Por qué estamos confundidos sobre lo que opinan los expertos”