¿Cuándo un bibliotecario deja de ser un “bibliotecario”?

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Otro artículo sobre los bibliolabs / makerspaces en bibliotecas públicas. En este caso aparecido en el diario El País (en catalán) y titulado Biblioteques: ja no només per anar a llegir (Bibliotecas: ya no sólo para ir a leer).

Como he repetido siempre que ha hecho falta, no es que no crea en la necesidad de los bibliolabs. Son espacios prometedores, que pueden ofrecer mucho y que pueden dar un toque de aire fresco a las bibliotecas. Así que no tengo tanto problema con los bibliolabs como con los discursos sobre los bibliolabs. Leer más “¿Cuándo un bibliotecario deja de ser un “bibliotecario”?”

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El negocio de las bibliotecas no es la información

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Pues no, no lo es, al menos no de forma preeminente. Sostener lo contrario deja a las bibliotecas en una situación más que complicada, por dos motivos que voy a recoger aquí en unas reflexiones rápidas.

Son motivos basados en ideas que ya defendía, a mi manera, en una entrada en BiblogTecarios sobre la vuelta a los orígenes bibliotecarios. Además, a cuento de aquel artículo, Lluís Anglada me hizo notar un artículo de Michael Gorman en el que el autor lo expone mucho mejor que yo. Resumiendo algunas de todas esas ideas, tenemos lo siguiente: Leer más “El negocio de las bibliotecas no es la información”

Respetar al público, o ¿habría que darle a la gente sólo lo que quiere leer?

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“Las bibliotecas deben darle a sus usuarios aquello que quieren”; “Hay que satisfacer las demandas de los usuarios”; “Los bibliotecarios no somos quien para juzgar el consumo cultural de los usuarios”;… Son ideas recurrentes que suelen aparecer en la también recurrente cuestión de si las bibliotecas han de formar sus fondos con los documentos que demanden (o parezcan hacerlo) los usuarios o si han de apostar por algo más. Es decir: el problema de si hay que privilegiar la demanda sobre la calidad.

Me he tropezado con un interesante artículo de hace ya unos años de Bob Usherwood, profesor emérito de la University of Sheffield que trata sobre este dilema. En realidad, la postura de Usherwood es bien clara (una postura que desarrolla en extenso en su libro Equity and Excellence in the Public Library: Why Ignorance is Not our Heritage), y vale la pena recoger aquí algunos fragmentos que hablan por sí solos (los fragmentos son una traducción propia del original inglés). Leer más “Respetar al público, o ¿habría que darle a la gente sólo lo que quiere leer?”

Análisis del discurso sobre los makerspaces en bibliotecas

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Sin duda que los makerspaces (también llamados bibliolabs) son la nueva gran tendencia en el mundo de las bibliotecas públicas. Los artículos que tratan sobre estos espacios los presentan, en ocasiones al mismo tiempo, como una oportunidad de futuro para las bibliotecas, como una reinvención necesaria, como una oportunidad para atraer nuevos públicos, como un poderoso instrumento democrático,…

Es difícil orientarse entre tantas afirmaciones, separar las fundadas de las infundadas, las oportunidades de los problemas,… con una mirada crítica, atendiendo a lo que se dice, a las intenciones que mueven lo que se dice e, igual de importante, a lo que se deja de decir.

Pero todo ello fue lo que hizo Rebekah Willett en un interesantísimo artículo aparecido el pasado 2016 en The Library Quarterly bajo el título Making, Makers, and Makerspaces: A Discourse Analysis of Professional Journal Articles and Blog Posts about Makerspaces in Public Libraries (podéis encontrar el artículo en Academia.edu gracias a la misma autora). Leer más “Análisis del discurso sobre los makerspaces en bibliotecas”

Sobre el futuro de las bibliotecas: ¿un largo rodeo?

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Ya se han cumplido 10 años desde que comencé mis estudios en Biblioteconomía y Documentación (cuando todavía se llamaban así) en la Universidad de Barcelona. Aparte de hacerme sentir viejo, es un tiempo que me viene a la memoria con frecuencia en este presente al leer lo que se dice sobre el futuro de la biblioteca pública. Leer más “Sobre el futuro de las bibliotecas: ¿un largo rodeo?”

“La infoxicación” no existe

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El término infoxicación (o alguna de sus variantes) forma parte del léxico que se acostumbra a utilizar para describir el mundo de hoy. Se publica tal cantidad de información, se nos dice, que estamos saturados de ella y esa saturación se ve como un peligro siempre acechante para las diferentes esferas de nuestra vida, y como una nueva causa de ansiedad moderna.

Pero bien podría ser que hayamos estado dando demasiada importancia al concepto, y que sus supuestos efectos perniciosos no sean tan generalizados. Eso es lo que sugiere un estudio realizado en EEUU por Pew Research Center y publicado en su página web el 7 de diciembre de este 2016, al que he llegado gracias a Natalia Arroyo. Leer más ““La infoxicación” no existe”

El problema de la “Nueva Biblioteconomía”

Hace poco, di por casualidad con esta frase en Twitter:

Me resultó lo bastante llamativa como para querer tener más información del autor de la misma, ell cuál desconocía. Para vergüenza de mi ignorancia, he descubierto que R. David Lankes es un reputado investigador en el ámbito de la biblioteconomía en EEUU, ganador de diversos premios y becas, y aplaudido por su defensa del papel de la profesión.

Como muestra la condensada cita de Twitter, Lankes cree que la misión de las bibliotecas debe ser crear comunidades, algo que es omnipresente en su página web:

La misión de los bibliotecarios es mejorar la sociedad mediante la facilitación de la creación de conocimiento en sus comunidades.

The mission of librarians is to improve society through facilitating knowledge creation in their communities.

No creo que ningún bibliotecario mínimamente comprometido con su profesión esté en desacuerdo con este lema (digo mínimamente: no creo que para estar de acuerdo con esta postura mínima sea necesario ser un defensor acérrimo de nada).

¿Y cómo cree Lankes que hay que crear el conocimiento en las comunidades?: pues conversando:

Lankes reimagina la práctica bibliotecaria usando el concepto básico de que el conocimiento es creado mediante la conversación. Los nuevos bibliotecarios contemplan su trabajo como facilitadores de conversación: buscan enriquecer, capturar, almacenar, y diseminar las conversaciones de sus comunidades.

Lankes recasts librarianship and library practice using the fundamental concept that knowledge is created though conversation. New librarians approach their work as facilitators of conversation; they seek to enrich, capture, store, and disseminate the conversations of their communities.

Merece la pena recalcar lo que para Lankes es el conocimiento:

[…] el conocimiento no es simplemente una serie de hechos acumulados, sino mas bien una red de verdades personales y su relación entre ellas (el contexto).

[…] knowledge is not simply a set of accumulated facts but rather a web of personal truths and their relationship to one another (the context). 

En ese sentido, es comprensible que Lankes ningunée la misión “tradicional” de crear fondos, dado que los fondos parecen representar la visión de que el conocimiento no es sino hechos acumulados.

A esta visión en conjunto Lankes la denomina New Librarianship (Nueva Biblioteconomía). Con este panorama, voy a parafrasear lo que dijo Einstein en su día sobre la física cuántica: si esta es la nueva biblioteconomía, prefiero ser un zapatero.

No es que no crea que una de las misiones loables de la biblioteca sea crear comunidades, o fomentar la creación de conocimiento mediante la conversación. Mi problema con esta visión es que redefinir el conocimiento como una “red de verdades personales” es terriblemente equivocado.

Puede que el conocimiento sea más que hechos, pero los hechos cuentan, y mucho. Y es que uno puede tener una red de verdades personales formada por auténticas barbaridades, o inexactitudes en el mejor de los casos. El hecho de que sea una red “personal” no la convierte en más respetable, o en más digna, y por descontado no la convierte en más fiable o certera.

Lo que tenemos con esta Nueva Biblioteconomía es un reflejo del posmodernismo que se hizo un lugar de preeminencia en el mundo intelectual allá por la década de 1980. Así planteada la Nueva Biblioteconomía adolece de los mismos problemas, unos problemas que por desgracia parece que nunca acaban de entenderse y remediarse.

Si lo que se quiere es mejorar la sociedad, el mejor favor que los bibliotecarios pueden hacer es trabajar más, y no menos, en la creación de colecciones sólidas, de obras que reflejen el estado más actual posible del conocimiento de los diferentes ámbitos. Aunque tenga muy mala prensa, es necesario reconocer que hay verdades más justificadas y fundamentadas que otras, por mucho esas verdades menos fundamentadas o justificadas sean las nuestras.

Y es necesario hacerlo no sólo por una cuestión epistemológica, porque el mundo es como es querámoslo o no. También es necesario por una razón práctica: si despojamos a nuestras comunidades de la idea de la verdad, las dejamos sin el argumento más poderoso para conseguir mejorar la sociedad.