ALFIN contra las noticias falsas: necesaria, pero insuficiente 


Una de las consecuencias del escándalo de las noticias falsas que pueblan Internet ha sido la renovada preocupación por cómo evaluamos la información digital (si es que la evaluamos). El ejemplo más notable es el citadísimo estudio de la Universidad de Stanford: de una muestra de 7.804 escolares, un 82% fue incapaz de distinguir “contenidos patrocinados” de noticias reales.

Y con esa renovada preocupación algunos medios han puesto bajo el foco público a los bibliotecarios y a su posible papel para combatir las noticias falsas. En concreto, se habla de lo que los usuarios pueden aprender de las habilidades de los bibliotecarios para buscar y evaluar información, y de lo necesarios que son los programas de Alfabetización Informacional (ALFIN). Algunos titulares son llamativos, como How librarians can save us from fake news o In the war on fake news, school librarians have a huge role to play.

Sin duda que me parece excelente esta tendencia: la ALFIN realmente puede aportar competencias beneficiosas para ayudar a crear una ciudadanía responsable y bien informada. Pero, aunque necesaria, en mi opinión la ALFIN se queda corta a la hora de combatir las noticias falsas. 

La ALFIN se centra básicamente en ayudar a las personas a desarrollar una evaluación más precisa de las fuentes de información, prestando atención a aspectos como el dominio de la página web, la autoría, la actualización de la información y la presencia o no de enlaces a las fuentes que se puedan mencionar en el artículo. Como digo, habilidades como éstas me parecen necesarias pero la lucha contra las noticias falsas me parece una tarea bastante más compleja, porque intervienen otros factores sociales, psicológicos y filosóficos complejos. Se me ocurren tres de esos factores.

En primer lugar, en alguna otra entrada de este blog ya he mencionado los efectos perniciosos que la corriente de pensamiento postmoderno ha tenido sobre el conocimiento. El postmodernismo puede haber aportado cosas valiosas a diversos ámbitos de reflexión, pero las ideas de que “todo es relativo” y la duda del concepto de autoridad en cuanto al conocimiento no me parecen dos de ellas. 

En un artículo para The Conversation, Donald A. Barclay recoge esta preocupación por los efectos del postmodernismo sobre la noción de autoridad, puesta en relación con la ALFIN y el combate contra las noticias falsas. Barclay comenta que la Association of College and Research Libraries (ACRL) ha incluído en sus nuevas pautas de ALFIN para la educación superior una sección referida a la cuestión de la autoridad:

Para los estudiantes esto implica más que a) aceptar simplemente la autoridad sin cuestionarla, o b) rechazar toda autoridad como un anacronismo en un mundo de post-verdad. 

A pesar de celebrarlo, para Barclay dicho cambio no es suficiente: en su opinión un progreso verdadero en ALFIN vendría de la mano de un trabajo conjunto entre bibliotecarios, miembros de las facultades y administradores. Sea como fuere, lo cierto es que la erosión de la autoridad propiciada por el postmodernismo puede que sea una tendencia social demasiado arraigada como para ser confrontada mediante las estrategias usuales de ALFIN. Como dice Barclay, sería necesario incluir la cuestión de manera explícita en los programas de ALFIN, lo que implica abrir la puerta a interesantes cuestiones en cuanto a teoría de conocimiento que no suelen tener cabida en los programas de ALFIN.

En segundo lugar, la ALFIN busca fomentar el uso del pensamiento crítico entre los usuarios de la información. No obstante, cualquier buen manual de pensamiento crítico puede decirnos que para ponerlo en práctica se necesita más que utilizar estrategias como evaluar el dominio o los enlaces. El pensamiento crítico también pasa por aspectos como ser capaces de evaluar los argumentos, detectar las premisas implícitas o los sesgos de los mismos, formular de manera clara las conclusiones que se nos pretende hacer creer, detectar cuándo el uso de los datos o de las estadísticas es correcto y cuándo no,… Aspectos todos ellos que se incluyen en los estándares de ALFIN, aunque quizá no de manera tan sistemática como sería deseable.

En tercer lugar, hay un aspecto preocupante en cuanto a las noticias falsas que tiene que ver con nuestra naturaleza humana. Un artículo de Voz Populi trata la cuestión bajo el llamativo título Por qué los datos ya no convencen a nadie. El artículo cita las opiniones de varios investigadores, según las cuales las personas somos muy hábiles seleccionando las partes de la información que consumimos para llegar a las conclusiones que queremos que sean ciertas. Así, el problema no sería tanto si nos llega la información rigurosa, sino si la procesamos “de forma equilibrada”. Un párrafo significativo del artículo:

Lo que sucede, indican estos expertos, es que hablar de “pruebas” o “datos” no suele cambiar la opinión de nadie sobre un tema, ya sea el cambio climático, los antitransgénicos o las vacunas. La gente utiliza los hechos científicos para apoyar sus opiniones particulares y dejarán de lado aquellos hechos que no coincidan con estas. De alguna manera, es como si el planeta sufriera una especie de epidemia global de “cuñadismo” y se dejaran de lado los grandes logros que nos han permitido llegar a un cierto grado de civilización, como son el uso de la razón y los argumentos basados en evidencias.

Stephanie Pappas, en Live Science, también lleva a cabo una síntesis de algunos descubrimientos de la psicología cognitiva sobre cómo procesamos la información de manera sesgada, en este caso la información científica. Según nos cuenta Pappas, no es tanto que las personas rechacen de plano la ciencia o que se rechacen totalmente los hechos, como que somos capaces de seleccionar las evidencias en función de otras motivaciones (la motivación política es la más obvia, pero también cuenta la protección de la identidad social). Con todo ello, los investigadores trabajan en la línea de enmarcar los mensajes de diferente manera según el público al que se dirijan, más que intentar combatir las resistencias iniciales de base (lo que puede producir una cerrazón defensiva en las personas que se sientan prejuzgadas).

Por los tres factores que he mencionado, la ALFIN puede representar una importante aportación contra las noticias falsas pero a mi juicio, y a pesar de lo que digan algunos titulares, no creo que los bibliotecarios puedan salvar al público de las mismas.

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Los bibliotecarios como polinizadores

abeja

Supongo que a las y los bibliotecarios se les ha comparado con muchas cosas. Pero a mí, francamente, esta comparación me cogió totalmente desprevenido:

Como indican algunos de las etiquetas utilizadas, la imagen está relacionada con el papel de los teacher librarians, es decir, los bibliotecarios profesores, aquellos bibliotecarios profesionales que trabajan en bibliotecas escolares y que, además, cuentan con formación en el campo de la enseñanza.

Me parece una imagen bella comparar a los bibliotecarios-profesores con polinizadores cruzados: personas que, como dice la imagen, permiten a los estudiantes llenar los vacíos entre disciplinas, ayudándoles a evaluar los datos de manera crítica en diferentes esferas de la vida.

Pero, aunque me parezca bella, al menos en España esa imagen es ciencia-ficción. No porque no haya buenos profesionales, con ganas, iniciativa y comprometidos, al cargo de las bibliotecas escolares. Más bien es por el conocido estado de ruina de la mayoría de las bibliotecas escolares en sí: falta de medios, falta de planificación, falta de implicación por parte de la comunidad educativa,… En fin, falta de muchas cosas.

Aun así, creo que la imagen de los bibliotecarios como polinizadores cruzados se merece una reflexión. Leer más “Los bibliotecarios como polinizadores”