Leer mucho, leer bien, leer mejor

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Hace unos días, Txetxu Baradiarán publicaba en su blog Cambiando de tercio una breve pero jugosa reflexión sobre uno de los aspectos del estudio Hábitos de lectura y compra de libros 2017.

Txetxu recogía la definición de lo que en el informe se entiende por “lectura”, una definición que se ha mantenido desde el año 2012. De los tres párrafos que conforma la definición, recojo el primero por ser el que da que pensar:

¿Qué entendemos por lectura? Por lectura se entiende al proceso de aprehensión de determinadas clases de información contenidas en un soporte particular que son transmitidas por medio de ciertos códigos, como lo puede ser el lenguaje. Es decir, un proceso mediante el cual se traducen determinados símbolos para su entendimiento.

En base a lo anterior, Txetxu se pregunta si los datos que recogen el informe “son capaces realmente de medir si existe esa aprehensión y si esos símbolos son entendidos”. Una cuestión importante, porque parece ser que el objetivo general del estudio es guiar la formulación de políticas y planes de lectura.

Mi repaso del estudio de Hábitos 2017 se ha quedado en un plano superficial, sin entrar a analizar en detalle gran parte de la información, y resaltando sólo algún aspecto puntual. Aun así creo que no me equivocaría demasiado si afirmara que los datos, como sospecha Txetxu, no miden si se da esa aprehensión o comprensión. Hasta es más que probable que ni siquiera se intente relacionar de ninguna manera ambos fenómenos (el de la lectura y el de la compresión).

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Facebook y la histeria por las fake news

Después que explotara el escándalo de las fake news y su posible influencia en las elecciones de EEUU, parecía que Facebook se había comprometido a ejercer un mayor control sobre la veracidad de los contenidos que circulan por su red.

Se habló de diversas propuestas sofisticadas, algunas en colaboración con los medios tradicionales, para llevar a cabo una verificación de la calidad y veracidad de los contenidos.

Pero Facebook ha decidido dar marcha atrás a la posibilidad de esas iniciativas, y dejar que sean los usuarios quienes decidan si los contenidos son veraces o no.

Es un movimiento que ha cogido por sorpresa, y por ello hay reacciones para todo. Los análisis de lo que implicará para los medios me parecen muy destacables, aunque sólo puedo seguirlos como un espectador más dada mi falta de conocimiento del tema.

Sí que quiero hacer un par de reflexiones rápidas sobre dos aspectos relacionados, y que dicen mucho del clima social actual.

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Repensando la infoxicación, y la función informativa de las bibliotecas

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Los días 10 y 11 de mayo 2018 tendrán lugar las 15as Jornadas Catalanas de Información y Documentación, organizadas por el Col-legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya.

Tal y como dice la página web de las Jornadas:

Con el lema “Diversitat de BiDes” queremos poner sobre la mesa todo aquello que compartimos como expertos y a la vez todo aquello que nos hace únicos y diferentes entre nosotros. Tres ejes temáticos marcarán las sesiones de las Jornadas: innovadores, singulares y gestores.

He tenido la suerte de que el Consejo de las Jornadas haya aceptado mi propuesta de ponencia, que podré presentar en el bloque “Experiencias” dentro del eje temático “Gestores”.

Mi trabajo lleva el título Repensando la infoxicación, y la función informativa de las bibliotecas, y aquí os adjunto un resumen descriptivo del mismo:

La infoxicación se ha convertido en un concepto clave en nuestras sociedades. Se insiste en que la gran cantidad de información que se produce gracias a las nuevas tecnologías tendría sobre los usuarios efectos como la incapacidad de decidir qué información es la más adecuada para una consulta, o la ansiedad provocada al no poder digerir tanta información.

Para los profesionales de la información la infoxicación ha representado una oportunidad para posicionar su perfil, defendiendo su papel de expertos en la búsqueda de información como un antídoto frente a sus efectos.

En este trabajo defenderemos que se han exagerado los efectos de la infoxicación, debido a un cierto determinismo tecnológico (la idea de que las tecnologías producen efectos inevitables en la sociedad) y a una imagen anticientífica de cómo funciona la mente humana.

Para ello mostraremos algunos indicios provenientes de la sociología que dan a entender que la infoxicación no depende del volumen de información total, sino de las circunstancias y capacidades personales. También propondremos que nuestra psicología nos proporciona de una manera “natural” los mecanismos para discriminar información y para consumirla de manera selectiva, poniendo como ejemplo de dos tipos de consumo informativo: el consumo de información política y el consumo de información científica.

Por último, argumentaremos que la adecuada comprensión de la infoxicación tiene implicaciones para la función informativa de las bibliotecas: en lugar de sólo ofrecer servicios bajo demanda, las bibliotecas deberían implicarse de una manera más proactiva en la creación y difusión de contenidos.

 

Si todo sigue su curso, pues, en mayo podré desarrollar el contenido en las Jornadas. ¿Nos vemos allí? 😉

BookTubers: ¿más moda que cultura?

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Los booktubers, esos jóvenes que recomiendan libros a los miles de seguidores de sus blogs y canales de YouTube, se han convertido en una materia perfecta para la polémica. Amados por muchos, y criticados por otros tantos, han recibido la atención de medios de comunicación y comentaristas de diversa procedencia.

La profesora de la Universitat de València e investigadora Gemma Lluch nos ofrece una perspectiva muy útil sobre ese fenómeno, gracias a su investigación Los jóvenes y adolescentes comparten la lectura, incluída en el informe de la Fundación Telefónica ¿Cómo leemos en la sociedad digital? Lectores, booktubers y prosumidoresLeer más “BookTubers: ¿más moda que cultura?”

¿Apostamos por otros perfiles, o “reconvertimos” al bibliotecario?

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A lo largo de estos últimos meses se ha estado llevando a cabo la muy interesante iniciativa Peccata Minuta. Es un encuentro mensual de profesionales relacionados con el sector cultural, organizado por Cristina Abelló. La iniciativa tiene como lema No sólo buenas prácticas (No només bones pràctiques), con lo que se refleja el espíritu del proyecto: los invitados más que hablar de sus éxitos hablan de sus errores, y se genera un debate entre los asistentes en torno a sus experiencias.

La invitada para la ponencia de diciembre fue Carme Fenoll, una figura de referencia en el ámbito de las bibliotecas públicas. Por desgracia para mí no pude asistir al evento, pero esta entrada está dedicada a reflexionar sobre algo que surgió en aquella conferencia, uno de esos sempiternos debates en torno al papel del bibliotecario. En concreto, ¿deberían las bibliotecas incluir en sus equipos a profesionales no-bibliotecarios, o más bien los bibliotecarios deberían reciclarse para llevar a cabo nuevas funciones? Leer más “¿Apostamos por otros perfiles, o “reconvertimos” al bibliotecario?”

Los libros infantiles con protagonistas humanos tienen un mayor impacto moral que con animales

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Un estudio al que quería dedicar unas breves líneas desde hace tiempo. Fue reseñado ya hace unos meses en The Guardian por Alison Flood, y sugiere que los mensajes morales de algunos cuentos infantiles podrían tener más efecto sobre los niños si los personajes de las historias son humanos en lugar de antropomorfos (u animales).

En particular, en el experimento se mostró que los niños que leían una historia con personajes humanos que transmitía el mensaje de que compartir nos hace sentir bien era más probable que compartieran en una tarea posterior a la lectura. Leer más “Los libros infantiles con protagonistas humanos tienen un mayor impacto moral que con animales”

El cambio en las bibliotecas: no siempre un proceso racional

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He tenido la suerte de poder colaborar con un artículo de opinión para el número 51 de la revista Mi Biblioteca. El texto lleva el título de Retomar las riendas del Juggernaut del cambio, y pretende ser una reflexión sobre la manera en que se enfoca el cambio en las bibliotecas. Una manera que, a mi entender, las más de las veces perjudica al mismo proceso de cambio.

Juggernaut, como nos dice su artículo de la Wikipedia, es una “una fuerza cuyo avance nada puede detener y que aplasta o destruye todos los obstáculos en su camino”. De hecho, el el nombre proviene de una antigua ceremonia hindú:

La palabra es una referencia a la Rath Yatra, una procesión hindú que se celebra en la ciudad de Puri, en India, en la que se pasea una gran carroza procesional que lleva la imagen del dios Krishna —avatar del dios Visnú​— al que luego se le dio prestado el título de Jagannātha, «señor del universo». Algunos observadores europeos del siglo XIX que habían asistido a la procesión afirmaban que no se dudaba en aplastar a los fieles que se interponían en el camino de la carroza, de ahí el uso metafórico del término desde ese momento.​ Las observaciones más recientes han demostrado que esa interpretación era una leyenda que amplificaba los accidentes fortuitos durante las ceremonias, pero el uso del término ha permanecido.

La idea del cambio en las organizaciones, y en particular en las bibliotecas, como una especie de fuerza incontrolable que no duda en aplastar a los infieles me parecía muy sugestiva, y de ahí lo de “retomar las riendas del Juggernaut del cambio”. Una expresión, la de “retomar las riendas del Juggernaut” que tomé prestada del sociólogo Anthony Giddens en su obra Consecuencias de la modernidad.

Pero, ¿es que acaso el cambio en las bibliotecas se comporta de una manera descontrolada? No siempre, claro está, pero más a menudo de las que quizá nos gustaría. Como expongo en el artículo, ello tiene que ver con la manera en que se aboga por la necesidad del cambio en las bibliotecas, una manera que no es sino un reflejo de lo que pasa en el mundo más amplio de las organizaciones.

¿Y de qué manera se propone el cambio en las organizaciones? La lógica nos diría que es un proceso que se lleva a cabo por la existencia de buenos motivos racionales. La realidad es que eso puede que rara vez pase. La manera de presentar el cambio por parte de sus defensores es lo que lleva a los responsables de las organizaciones a plantearse su necesidad. Es un proceso que investigaron Eduardo López-Aranguren y Carlos Gómez Rodríguez en su interesante obra La retórica del cambio en las organizaciones.

López-Aranguren y Gómez Rodríguez defienden que el lenguaje y las emociones son clave. Términos de gestión de moda, como “círculos de calidad”, “mejora continua”,… son introducidos en la organización como la vía de futuro, al mismo tiempo que se asocian a un valor positivo casi sin discusión. El peligro es que esos términos no suelen tener un significado claro, y el producto resultante del proceso de cambio suele ser un embrollo que hay que ir solventando sobre la marcha. Y eso para las bibliotecas tiene importantes consecuencias.

Tomo prestadas unas líneas del artículo que desde Mi Biblioteca utilizaron para promocionarlo (¡gracias!) en su página de Facebook:

“Por qué deciden cambiar las organizaciones? Podemos pensar que por un proceso de detección de problemas y de elección de las soluciones más adecuadas. Pero también puede ser que la cuestión sea menos racional de lo que creemos?”

“Son clave las emociones, puesto que el cambio es identificado como positivo y deseable, mientras que los escépticos hacia el cambio son etiquetados como reaccionarios”.

“Deberíamos promover la reflexión sobre estas dinámicas, y con urgencia. No es que no haya buenos argumentos para la renovación pero quizá prestemos demasiada atención a los discursos, postergando importantes cuestiones que no pueden esperar si queremos un cambio exitoso: dos de las más urgentes son el papel de los bibliotecarios y la redefinición de su perfil, y la apuesta por la función social de las bibliotecas pero también el mantenimiento y actualización de su función informativa”

Y no os sigo contando: más información en el número 51 de Mi Biblioteca…

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