Cerrando etapas…

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Image by Gerd Altmann from Pixabay

En su forma actual este blog lleva activo desde inicios de 2016. Es decir, ya hace algo más de tres años. No es mucho tiempo para un blog, pero han sido unos años intensos de escritura sobre las bibliotecas y los bibliotecarios, y otros aspectos relacionados (como la lectura o la sociedad de la información).

Entre otras cosas, en estos años he tenido la suerte de conversar e intercambiar opiniones con bibliotecarios y bibliotecarias, así como con personas del ámbito más amplio de la cultura. He podido colaborar en algunos medios especializados del sector, publicar artículos y dos libros en la colección El Profesional de la Información de la Editorial UOC.

Justo la publicación del segundo de esos libros, Biblioteconomía de guerrilla, ha supuesto una especie de final de etapa. La obra recoge algunos textos que he publicado sobre polémicas bibliotecarias, y que han aparecido principalmente en este blog.

Aunque sobre dichas polémicas, y sobre el futuro de la biblioteca pública, seguro que se pueden seguir diciendo muchas cosas, ha llegado un momento en el que al menos yo no creo poder aportar algo que sea sustancialmente diferente a lo que ya he escrito.

Ello para mí es importante, porque da la sensación de que en demasiadas ocasiones los debates bibliotecarios parecen más soliloquios que debates, en los que las posiciones están fijadas de antemano y la discusión poco parece hacer por modificarlas. Eso no es algo particular del mundo bibliotecario, claro. Pasa en muchos otros ámbitos de nuestra vida. Pero es otro motivo para que me haya planteado poner un paréntesis a la (llamémosla así) actividad de opinionismo bibliotecario.

Hay otro motivo más importante: dentro de nada va a haber un importante cambio laboral en mi vida, por lo que se me hace necesario frenar el ritmo y centrarme en lo esencial: las personas cercanas, las aficiones queridas.

Así pues, voy a poner un paréntesis sin fecha a este blog, o al menos en lo que hace a los contenidos que tengan que ver con las bibliotecas y los bibliotecarios.

Me gusta escribir, y me gustan los blogs, por lo que seguro que continuaré “blogueando” en otros lugares (en particular en ideofilia); tampoco descarto seguir adelante con este blog, pero con otros contenidos y otra orientación; además, hay algún que otro proyecto pendiente en torno a la biblioteconomía que quizá me acabe animando a finalizar… o quizá no, quien sabe.

Pero, como digo, la intención es poner un paréntesis sin fecha a la escritura de nuevos artículos y contenidos sobre bibliotecas y bibliotecarios.

El inmortal Jim Morrison cantaba en uno de los mejores temas de The Doors:

Cancel my subscription to the resurrection.

Yo no voy a pedir tanto como una cancelación, pero quizá sí un aplazamiento. Gracias, y hasta pronto…

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“Trabajar como bibliotecaria me produjo síntomas de estrés postraumático”

The Public

A estas alturas supongo que ya habrán oído hablar de The Public, la película de Emilio Estevez. No he tenido la oportunidad de ver la cinta, así que habrá que dejar su análisis y su juicio crítico para otra ocasión.

Comprensiblemente, la obra ha despertado cierta excitación entre la comunidad bibliotecaria, no sólo porque no es usual que las bibliotecas y el trabajo que se lleva en ellas sea objeto de una película dirigida al gran público, sino porque además su trama gira en torno a lo que se ha venido en llamar la función social de las bibliotecas públicas, algo muy apreciado últimamente por algunos sectores de la profesión.

Así que es de esperar que se produzcan reacciones por parte de los bibliotecarios y se produzcan escritos que la evalúen. En nuestro ámbito Julian Marquina le ha dedicado una entrada, donde nos explica la sinopsis y también, detalle interesante (a continuación veremos por qué), que la American Library Association (ALA) ha colaborado en la obra.

Por mi parte, quiero destacar aquí la reacción de la exbibliotecaria Amanda Oliver en LA Times, en un artículo con título más que llamativo: Trabajar como bibliotecaria me produjo síntomas de estrés postraumático (Working as a librarian gave me post-traumatic stress disorder symptoms).

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El gran engaño de lo digital, los males de la industria editorial… ¿y los de la biblioteca?

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El periodista Esteban Hernández vuelve a dejar en El Confidencial uno de aquellos textos para reflexionar sobre el estado de la industria editorial, y sobre la cultura en general.

A cuento de la película de Olivier Assayas Dobles vidas, Hernández nos habla sobre cómo el discurso de la supuesta revolución digital que había de transformar el libro ha acabado dejando al mundo editorial en una situación más que preocupante en lo que hace a su papel de difusores de cultura.

Por mi parte, voy a recoger brevemente algunas de las ideas centrales del artículo de Hernández y hacer un paralelismo con la situación de las bibliotecas públicas. Sigue leyendo “El gran engaño de lo digital, los males de la industria editorial… ¿y los de la biblioteca?”

En qué se parecen viajar en tren y la infoxicación

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Una de las cuestiones que más me interesan del mundo de la Información y Documentación es el fenómeno de la infoxicación. Me refiero más bien a la infoxicación como concepto, y no tanto a lo que se supone que nos hace la infoxicación.

Y es que sobre la segunda de esas cuestiones se ha escrito, y se escribe, largo y tendido: el efecto más importante sería, como indica el término, intoxicarnos por un exceso de información hasta el punto de que no sabemos qué decidir, qué creer o en qué fuentes confiar.

Yo creo que hay algo de verdad en la anterior caracterización, y al mismo tiempo creo que es algo claramente exagerado. En este blog ya traté el asunto en una entrada anterior, y es más que probable que vuelva a aparecer: aun cuando es cierto que podemos sentirnos infoxicados en ciertos contextos y en ciertas ocasiones, generalizar la infoxicación como el estado normal de nuestras vidas me parece poco justificado en vista de las prácticas de consumo reales de las personas reales en su día a día.

Un afortunado paralelismo expuesto por el prestigioso investigador de medios Russell Neuman puede ayudar a entender un poco mejor lo que acabo de afirmar.

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Cuando las canciones se reducen a datos en una playlist, los artistas se tornan invisibles

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La escucha de música en streaming, gracias a plataformas como Spotify, es uno de los hábitos de consumo cultural más difundidos en la actualidad. Y como tantas otras cosas en la vida, tiene sus ventajas pero también sus inconvenientes. Más en concreto, inconvenientes para los artistas.

Gracias al renombrado crítico musical Ted Gioia, descubro en Twitter un fenómeno inquietante para los artistas cuya música se ofrece en plataformas de streaming. Es lo que en la publicación Sandbox, de Musically, han denominado dry stream paradox.

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Sobre el sesgo en la catalogación bibliotecaria

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The Conversation publica un articulo sobre un tema de aquellos que suele traer escozor y desatar polémica entre la comunidad bibliotecaria. Bajo el título El sesgo oculto en tu biblioteca (The bias hiding in your library) Amanda Ros, coordinadora de catalogación de monografías en la Texas A&M University, explica a los lectores el sesgo que hay en los sistemas de clasificación bibliotecarios.

Un sesgo que podríamos resumir, según los ejemplos proporcionado por Ros, como machista, blanco y heterosexual.

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Los ofendiditos de la novela Young Adult

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Vivimos tiempos de reivindicaciones sociales varias, de políticas de la identidad, de lucha por la justicia social. Y ello en ocasiones desata polémicas hiperventiladas. El término ofendiditos se utiliza con sorna para designar a aquellos individuos que, apelando a lo que es moral o inmoral, alzan el dedo acusador para denunciar a quienes ellos consideran que han traspasado ciertas fronteras inaceptables.

Parece ser que la literatura Young Adult (YA), un subtipo de literatura juvenil que se ha hecho muy popular, también goza de su cuota de ofendiditos, al menos en EEUU. En una entrada en ideofilia escribí sobre el fenómeno y traté de situarlo en su contexto social y moral más amplio.

Los ofendiditos de la novela YA son suficientemente activos como para paralizar la publicación de obras de autores jóvenes que ni siquiera han leído por no estar todavía disponibles en el mercado. Obras que quizá sean polémicas, pero de las que cabe preguntarse si en realidad había para tanto.

Hace pocos días, en Slate y en New York Times se recogía el, hasta el momento, último caso de censura en la YA.

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