La rebelión contra los algoritmos y la vuelta del prescriptor

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Parece que a medida que avanza la presencia y la importancia de los algoritmos en nuestras vidas, se incrementa la sospecha hacia ellos: hacia sus efectos sociales y políticos, hacia sus posibles sesgos, hacia su posible poder para manipular la información,…

En el mundo de la cultura también van proliferando las voces escépticas hacia la conveniencia de los algoritmos. Una prueba reciente es un artículo publicado en El País escrito por Tommaso Koch con el expresivo título Cine de autor, contra los algoritmos

Koch informa sobre el desembarco de una nueva (otra más) plataforma de cine online, FilmStruck, pero con una apuesta muy concreta: confiar en el criterio humano para la recomendación por sobre el algoritmo.

FilmStruck da acceso a parte del catálogo de la distribuidora The Criterion Collection, al parecer reconicida por la calidad de sus títulos. Al respecto, escribe Koch:

Para distinguirse, ante el reinado de los algoritmos y sus recomendaciones, el portal marcha en la dirección opuesta: los consejos en su web proceden de sus expertos cinéfilos. O de invitados especiales, como el cineasta Barry Jenkins, ganador del Oscar al mejor filme de 2017 por Moonlight. “Está claro que en nuestra época nadie cree que no hay bastantes películas y series que ver; lo difícil es escoger. No tiene sentido abarcarlo todo. Queremos atraer al público con nuestros programadores, no con una fórmula matemática”, defiende Peter Becker, presidente de The Criterion Collection.

Además de esa apuesta por la mediación experta, la plataforma pretende poner en marcha otras acciones diferenciadoras:

programaciones concertadas con los grandes festivales, antes y después de su celebración; ciclos sobre creadores, ante el estreno de su última obra, o centrados en géneros, como el falso documental; material extra, para contextualizar cada película.

Parece, pues, de que los signos de que se está rehabilitando la reputación y la importancia de los prescriptores comienzan a ser notables. Quizá podamos achacar la tendencia al efecto péndulo, ese fenómeno por el cual tras una tendencia dada (la celebración de los algoritmos) viene su opuesta (la crítica a los mismos y la loa al factor humano). Quizá también podríamos ponernos cínicos, y decir que no es más que el reflejo del deseo de distinción de una parte del público que quiere sentir que ellos son los conocedores de lo bueno, por encima del gusto masivo de los demás servido por los impersonales algoritmos.

Yo me inclino a pensar que esas dos explicaciones pueden tener algo de verdad, pero que también influyen otras cuestiones, como que las recomendaciones de los algoritmos se basan en aquello que hemos consumido pero no en lo que podríamos consumir, por lo que el factor sorpresa es mucho menor, algo que puede ser muy importante en el consumo cultural. Además, las recomendaciones de los algoritmos no tienen que ser peores que las realizadas por un humano, pero tampoco tienen por qué ser mejores ni más acertadas.

Y, sobre todo, está la cuestión de la contextualización del contenido: la discusión de su relevancia, de su importancia, del por qué de lo necesario de su consumo,… son aspectos que hasta el momento sólo pueden confiarse a un humano. E incluso en caso de que puedieran confiarse a un algoritmo, es probable que nuestro deseo humano de socializar y de compartir con otras personas como nosotros nos lleve a decantarnos por el prescriptor humano.

Sea por el motivo que sea, la vuelta del prescriptor es un indicio más amplio del importante papel que todavía juega la curación de contenidos a través del mediador especializado. Así que, a pesar de lo que llevamos escuchando todos estos años, el mediador de la información está más vivo de lo que parece.

Para finalizar, un breve apunte bibliotecario a cuento de la resucitación del mediador. Las bibliotecas deberían ver aquí claramente una oportunidad para perder el miedo a apostar por la prescripción activa. No sólo es que el público esté receptivo, sino que quizá una buena parte del público es lo que esté pidiendo ahora mismo, frente a la saturación algorítmica. Como no me canso de decir, la función social y relacional de las bibliotecas es valiosa, y está bien apostar por ellas, pero la función informativa sigue bien viva. De los bibliotecarios depende apostar por ella.

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