¿Sustituir las bibliotecas por tiendas de Amazon?: sí, parece lógico

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En torno a las bibliotecas públicas hay polémicas para todos los gustos. Pero algunas de esas polémicas son recibidas con mayor indignación que otras.

La última controversia dentro de ese grupo de las críticas indignantes ha venido de la mano de un artículo publicado en Forbes el 21 de julio, escrita por Panos Mourdoukoutas. Su texto ha despertado suspicacias y furores, y en parte con razón: la propuesta de Mourdoukoutas es, ni más ni menos, que Amazon debería susbtituir las bibliotecas locales para ahorrar los impuestos de los contribuyentes.

Según Mourdoukoutas, hubo un tiempo en que las bibliotecas ofrecían a su comunidad local muchos servicios en retorno a sus impuestos: préstamo de libros, revistas, pero también un lugar confortable en el que estar, ya fuera para estudiar, leer u organizar eventos. Servicios a los que se fueron sumando otros más acordes con los tiempos, como conexión a internet.

Pero para Mourdoukoutas, los servicios que proporcionan las bibliotecas ya no tienen el mismo valor que antes. Según el autor, las razones son “obvias”.

En primer lugar, hay otros espacios que funcionan como tercer lugar, como Starbucks, que son preferidos por el público frente a las bibliotecas: un sitio en el que también se puede leer y navegar por internet, quedar con los amigos y disfrutar de una bebida.

En segundo lugar, los servicios de streaming como Netflix o Amazon Prime han vuelto obsoletos servicios bibliotecarios como el préstamo de audiovisuales.

En tercer lugar, las tecnologías digitales también han hecho que los libros físicos se conviertan en objetos más propios de coleccionistas, “eliminando de hecho la necesidad de los servicios de préstamo de las bibliotecas”.

Y, cómo no, tenemos Amazon y su apuesta por las librerías físicas: un entorno que ofrece todo lo que ofrece una biblioteca contemporánea. E incluso mejor, porque según el autor Amazon ofrece lo mismo pero sin cargar al contribuyente con impuestos, motivo por el cual la conclusión es que Amazon debería sustituir a las bibliotecas.

Ni que decir tiene que una conclusión así sólo se puede compartir plenamente desde unos supuestos neoliberales (quizá en términos económicos la etiqueta no sea la correcta, pero ya nos entendemos). Y es que las bibliotecas hacen más cosas por su comunidad que ofrecer unos servicios de préstamo que cada vez se utilizan menos, como no se han cansado de recordarle en Twitter a Mourdoukoutas. Sólo desde una ceguera absoluta a ese valor social se puede defender que las bibliotecas se pueden sustituir por cadenas como Amazon.

Pero, y es un gran pero, el argumento de Mourdoukoutas es lógico. No es lógico en el sentido de que estemos obligados a aceptarlo (yo no me siento obligado), que nos deba gustar (a mí no me gusta), o que sea irrefutable (ya he apuntado que no lo es). Es lógico en el sentido de que no es irracional o absurdo.

En los siguientes párrafos voy a hacer de abogado del diablo: voy a intentar extender un poco más la idea de Mourdoukoutas para ver hasta dónde nos lleva. Reitero que no estoy de acuerdo con su contenido, pero creo que el ejercicio intelectual vale la pena.

Lo que en mi opinión hemos de entender de la óptica neoliberal de Mourdoukoutas (y de autores semejantes) no es que se niegue que en la biblioteca se hagan otras actividades valiosas aparte del préstamo. Lo central es la pregunta por la eficiencia: ¿no hay otro tipo de centros que puedan llevar a cabo ese tipo de actividades de una manera más eficiente (en términos económicos, se entiende)?

Por ello creo que algunas de las réplicas que se le han hecho a Mourdoukoutas en las redes sociales no dan en el blanco. Se repiten cosas como: ¿es que acaso el autor no sabe que en las bibliotecas no sólo se prestan libros, sino que se hacen talleres de progamación, de LEGO, se hacen cuentacuentos,…?

Pongámonos en el peor de los escenarios, pero llevemos a cabo un experimento mental. Imaginemos que haciendo caso a tipos como Mourdoukoutas, un gobierno federal decidiera cerrar sus bibliotecas pero con el fin de repartir los fondos que antes iban a parar a esas instituciones entre otro tipo de centros, como escuelas, servicios asistenciales, centros comunitarios y demás, para que pudieran llevar a cabo sus funciones de una manera más potente. Y todo ello para llevar ejercer esas tareas sociales que se dice que ahora son propias de las bibliotecas y por las que se argumenta que son imprescindibles (educar a los niños, dar cobijo a los necesitados,…).. ¿Qué diríamos entonces?

Sin necesidad de llevar a cabo experimentos mentales, pensemos que ya hay lugares que ofrecen lo que se supone que ofrecen las bibliotecas del futuro, pero sin el engorro de tenerse que preocupar por gestionar una enorme colección de documentos. Y ello por no mencionar el hecho de tener en plantilla a un buen número de bibliotecarios que, en muchos casos, además son funcionarios. Y para muestra, dos ejemplos:

El primer ejemplo: el así llamado Pompeu Lab, inaugurado en la ciudad de Santa Coloma de Gramenet en este 2018. Según el ayuntamiento de la ciudad, el Pompeu Lab nace para ser “una casa de la participación, un espacio donde a través de las nuevas técnicas participativas, de la innovación y de la implicación ciudadana se lleve a cabo un ejercicio continuado de corresponsabilización para el progreso de Santa Coloma de Gramenet”. Por ello, el PL ha de ser “un laboratorio de ideas ciudadans impusado por la acción proactiva de la misma ciudadanía”. Para conseguir todo ello, el PL dispone de ordenadores, salas de reuniones, salas de conferencias, un espacio para consultar la prensa local, un espacio con tecnología maker (como las impresoras 3D),…

En otras palabras: el Pompeu Lab es la biblioteca del futuro, pero sin el engorro de tener que ser una “biblioteca” de verdad. Santa Coloma de Gramenet ya poseé un sistema bibliotecario, por lo que parece adecuado que, tal y como está el panorama, el ayuntamiento apueste por un espacio del futuro sin el lastre de tener que hacerlo pasar por otra biblioteca más.

El segundo ejemplo: según reza una noticia del blog Universo Abierto, El Condado de Rutherford abre una nueva biblioteca “sin estanterías” centrada en la tecnología. Nos dice el artículo que:

El nuevo centro denomInado Technology Engagement Center abre sus puertas el 1 de agosto en Murfreesboro, y en lugar de libros cuenta con ordenadores, portátiles, libros electrónicos, impresoras 3D y un estudio de grabación. El nuevo espacio  está diseñado como una biblioteca que marca tendencia y que se centra en la alfabetización digital, las habilidades informáticas y los espacios “creadores”.

Es decir, el Condado de Rutherford ha decidio abrir una nueva “biblioteca” que en realidad no es una biblioteca. Porque, demonios, el mismo nombre lo dice: BIBLIOteca. Así que, como en el caso del PL, tenemos una apuesta de futuro que busca desligarse sin ningún tipo de duda de lo que hasta ahora todos indentificábamos como una biblioteca.

Polémicas como la generada por Mourdoukoutas no son nuevas. Ni han faltado ni faltarán artículos que propongan más o menos en serio acabar con las bibliotecas apelando a su pérdida de centralidad en la vida cultural. Como ya he dicho, me parece que dichas propuestas sólo se pueden compartir plenamente desde una lógica neoliberal. Y me reitero en que no es mi caso.

Pero en los últimos tiempos las bibliotecas se han deslizado por una pendiente peligrosa. Se ha puesto mucho énfasis en la rendición de cuentas, algo que es fácil de hacer en épocas de bonanza económica, pero mucho más difícil cuando los tiempos no son tan benignos. Además, se ha remarcado que el futuro de la biblioteca ha de ser social, pero por mucho que nos pueda gustar esta perspectiva hemos de conceder dos cosas: primero, que hay otras instituciones perfectamente capaces de llevar a cabo las funciones sociales sin la necesidad de, además, ser una biblioteca; segundo, que ello nos deja con la carga de la prueba, es decir: con la obligación de tener que argumentar convincentemente por qué las bibliotecas son los centros adecuados para llevar a cabo esas nuevas funciones, mientras se mantiene una función cultural que continúa en un suave declive (o en algunos casos no tan suave).

En fin, que más vale que nos vayamos acostumbrando a críticas como las de Mourdoukoutas, y que las utilicemos como una buena excusa para reflexionar y afinar nuestros argumentos.

 

 

 

 

 

 

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