¿Están muy ocupados los bibliotecarios referencistas?

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El pasado 15 de noviembre The Wall Street Journal publicaba un artículo escrito por James R. Hagerty titulado Google, Shmoogle. Reference Librarians Are Busier Than Ever. Me veo incapaz de traducir el juego de palabras inicial, pero el subtítulo está muy claro: según Hagerty Los bibliotecarios referencistas están más ocupados que nunca.

Es uno de esos títulos que consiguen que un bibliotecario quiera sacar pecho, remarcando que la profesión no está tan tocada como los más agoreros se empeñan en proclamar. Claro que leyendo el artículo uno se pregunta si en realidad no estamos exagerando un poquitín… o mucho, vaya.

Y es que el problema del escrito de Hagerty es la falta de contextualización.

Así, Hagerty nos ofrece ejemplos de consultas a las que han dado respuesta diversos referencistas de EEUU, desde el nombre de un bateador de baseibol, al pronóstico del tiempo, a referencias a obras para resolver consultas temáticas. No faltan las menciones a la ayuda que prestan los referencistas en cuestiones como la búsqueda de información legal o médica, o ayuda a la hora de presentar una candidatura online para un empleo (ejemplos que seguro alegraran a los defensores de la “biblioteca social”).

Además, Hagerty añade algunos ejemplos de referencia de materiales históricos para mostrar que, efectivamente, no todo está en Google:

Aunque las búsquedas online están ahora al alcance de la mano de la mayoría de la gente, muchos siguen prefiriendo venir a la biblioteca. Algunos no pueden o no utilizan ordenadores; otros reconocen que los bibliotecarios tienen habilidades de búsqueda y acceso a bases de datos que los motores de búsqueda no pueden igualar.

Hagerty comenta que los bibliotecarios reciben de buen grado las preguntas de referencia:

Los bibliotecarios generalmente están contentos por recibir preguntas, en parte porque dar servicio a mucha gente les ayuda a justificar los fondos que reciben de los contribuyentes.

Y para muestra de lo popular que parece seguir siendo el servicio de referencia, Hagerty escribe:

Las bibliotecas públicas del condado de Hennepin, en Minnesota, calculan que contestan aproximadamente 1’3 millones de preguntas al año. La población del condado es de aproximadamente 1’2 millones.

Es decir, que al menos en el condado de Hennepin los referencistas reciben al menos 1 pregunta por habitante al año. No está nada mal… y tampoco nada bien.

Porque, ¿qué tipo de preguntas son las que se reciben con más frecuencia en los servicios de referencia mencionados por Hagerty? No lo sabemos, porque no se nos ofrecen los datos.

Hagerty cita a una bibliotecaria que muy acertadamente comenta que “no hay preguntas estúpidas”. Claro que no. Pero buena parte del discurso de la importancia de las bibliotecas en la Sociedad de la Información (SI) es que pueden ayudar a las personas a aliviar su supuesta infoxicación, fomentando así el aprendizaje y el conocimiento. Aunque, repitamos, no hay preguntas estúpidas y los referencistas ofrecen una gran ayuda con sus respuestas, supongo que estaremos de acuerdo en que las bibliotecas se quedan muy cortas en sus objetivos sobre la SI si la mayoría de preguntas que reciben son aclaraciones en cuanto a normativa o procedimientos (“¿cómo hago para reservar un libro?”, “¿a qué hora abre mañana la biblioteca?”, “¿cómo funciona ebiblio?”). En este sentido, sería ilustrativo realizar un estudio exhaustivo del listado de últimas preguntas del servicio español de referencia virtual Pregunte, las bibliotecas responden. Creo que lo que acabo de comentar no estaría del todo desencaminado.

Retomando el caso de EEUU es interesante recordar que como escribía ya hace un tiempo en este blog una encuesta de PEW concluía que, en la muestra de personas analizada, la mayoría decía no sentirse infoxicada. Sólo un porcentaje decía estarlo, el grupo de aquellas personas con más edad y menos estudios.

Las bibliotecas ofrecen una ayuda inestimable a colectivos como esos últimos, de eso no hay duda. Pero dado que son un subgrupo muy concreto del total de los usuarios a los que se dirige la biblioteca pública me parece peligroso que, como dice Hagerty, ese servicio sea la principal justificación para los fondos que reciben las bibliotecas.

Y, de todas maneras, aunque su presupuesto quedase justificado ya por ese servicio, ¿no podríamos pedir un poquitín más a nuestras bibliotecas públicas? Por ejemplo: ¿no podríamos esperar que se comprometieran de una forma más activa en la creación de conocimiento y en la difusión de información, en lugar de esperar a resolver la enésima consulta sobre a qué hora cierra la biblioteca? A mí me gustaría creer que sí, que podemos esperar más y que dadas las funciones de las bibliotecas públicas en realidad deberíamos esperar más.

Para concluir, repetiré lo dicho: hace falta contextualización si queremos valorar la aportación  de los servicios de referencia, virtuales o no. Seguro que los referencistas que hay detrás de esos servicios hacen un trabajo excelente, pero analizar los datos con más interés y con más detalle quizá nos abriría a nuevas ideas sobre lo que la biblioteca pública puede o debe hacer.

 

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