¿Tiene límites la “función social” de las bibliotecas?

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Quizás ya hayas oído hablar de ello: en EEUU se está produciendo un terrible repunte en la drogadicción por opioides, tanto que se habla de un epidemia.

En lo que respecta a este blog, de manera paralela a la epidemia de opiodes se está produciendo un hecho que merece la pena comentar. También han aumentado las personas que acuden a las bibliotecas a inyectarse su dosis, y ha llevado a bibliotecarios de algunos centros a actuar como “first responders”, es decir: practican primeros auxilios a aquellas personas que pueden sufrir una muerte por drogadicción.

El tema me parece de lo más relevante, porque es un ejemplo extremo de hasta dónde puede llegar lo que se llama “función social” de los bibliotecarios. Y por ello, me parece que es un caso que puede llamarnos a la reflexión sobre, precisamente, qué deberíamos entender por “función social” y cuáles son sus límites, si es que los hay.

Antes de empezar, conviene dejar claras algunas cosas. Por descontando que estoy a favor de la función social de las bibliotecas. No sólo es algo necesario, sino que como se suele decir es algo que es connatural a las bibliotecas. Así que todo el apoyo y el reconocimiento a los profesionales que se involucran en tareas sociales. Además, no me parece que las tareas sociales tengan que estar relacionadas necesariamente con el libro o la lectura: a veces, lo que necesita la gente es un lugar donde estar y relacionarse, como muy bien afirman los defensores de la biblioteca social.

No obstante, creo que también hay unas cuantas cuestiones interesantes que se podrían plantear al respecto. Para mostrarlas he acudido a varias entradas firmadas por la pluma siempre cáustica de The Annoyed Librarian (AL). No es la primera vez que lo hago, y seguramente no será la última. En este caso, lo he hecho por dos motivos. En primer lugar porque la epidemia de opioides no deja de ser un fenómeno que nos es ajeno, aunque podamos conmocionarnos y compadecernos: así pues, es buena idea atender a lo que se dice por aquellas latitudes sobre el problema, y si es a voces que aporten algo que no se haya dicho ya, pues mejor. Y en segundo lugar, y más importante, me parece que sus planteamientos pueden ser un buen contrapunto a los nuestros propios.

La idea no es defender o atacar la función social de la biblioteca: es decir, creo que enmarcar la cuestión como “biblioteca social sí” o “biblioteca social no”  es equivocado, innecesario y contraproducente. La intención es más bien indagar sobre los matices que encierra la cuestión, porque esa indagación puede tener frutos en lo que hace a la imagen que los propios bibliotecarios tienen de sí mismos, en cuanto a sus funciones y motivaciones. Por ello, quizá lo de menos es estar de acuerdo o no con AL: lo importante es poder contrastar ideas de una manera razonada y argumentada, algo que hace AL en sus entradas, aunque lo que diga pueda no gustarnos.

Como hacen algunos compañeros, siempre se puede intentar zanjar la cuestión apelando a lo que dicen las directrices de la UNESCO o de la IFLA sobre bibliotecas públicas: básicamente, que las bibliotecas tienen una responsabilidad para con sus comunidades y que están abiertas a todo el mundo. Me parece una estrategia poco interesante y poco prometedora, por dos motivos. En primer lugar, porque las directrices dicen otras cosas que últimamente no despiertan demasiado interés entre los bibliotecarios, con lo que quizá deberíamos preguntarnos por qué se presta más atención a unos aspectos que a otros. En segundo lugar, porque las directrices no establecen la obligación (y digo obligación) de que los bibliotecarios suministren medicamentos contra la sobredosis, ni tampoco nos hablan de cómo resolver (si es que se puede) los problemas de convivencia entre diferentes tipos de usuarios que también hacen un uso legítimo de las instalaciones y servicios.

Así pues, voy a recoger algunos párrafos traducidos de AL de tres entradas, y ahí los dejaré para tu consideración (disculpas si las traducciones no son muy floridas)

Sobre lo que pueden hacer las bibliotecas (de la entrada Social triage @ your library):

Hay un montón de otros problemas sociales a los que las bibliotecas no responden. [….] a pesar del creciente énfasis en la seguridad, los bibliotecarios no son entrenados para repeler ataques terroristas. Si alguien tiene una sobredosis en la biblioteca, los bibliotecarios pueden administrarle Narcan, pero si alguien toma un rifle de asalto y empieza a disparar a los usuarios, en ningún lugar se está entrenando a los bibliotecarios para tomar sus propias armas y disparar al atacante.

Menos sobredosis, suicidios o episodios violentos es algo bueno. Pero, en el caso de las bibliotecas, es una opción forzada. Los bibliotecarios tienen, o solían tener, una misión social. En algunas bibliotecas, la misión ha cambiado de los libros, la información y la alfabetización a intentar prevenir que cosas horribles pasen en la biblioteca. Las bibliotecas han sido forzadas a realizar “triage” social, y eso probablemente no sean bueno para nadie.

 

Sobre los bibliotecarios y los primeros auxilios frente a las sobredosis (de la entrada Librarians as firsts responders)

Si un bibliotecario no administrara suficiente naloxon para prevenir una sobredosis de fentanil, ¿tendría alguna responsabilidad por la muerte de la persona atendida, o al menos por no salvar su vida? La respuesta fácil es no, pero si la respuesta es “no, el bibliotecario no es responsable de esa muerte”, entonces los bibliotecarios en general no son responsables de las sobredosis por heroína.

Ahora mismo son los opioides, y se supone que el personal bibliotecario debe practicar primeros auxilios ante sobredosis, presumiblemente con la ayuda del 911 [emergencias]. ¿Pero por qué parar ahí? ¿Por qué no despedir a los guardias de seguridad? ¿No podría entrenarse al personal bibliotecario en estrategias para reducir las escaladas verbales [verbal de-escalation] y en tácticas de combate? Además de la noloxona, ¿no podrían llevar también porras y tasers?

 

Sobre extender las competencias de los bibliotecarios (de la entrada Dilettantes at your library)

Ayudar a las personas a encontrar trabajo no convierte a los bibliotecarios en trabajadores sociales. Impartir clases de informática a las personas mayores no les convierte en consultores en tecnología. Poner adornos en un pizarra de anuncios de actividades no les convierte en artistas. Leer libros a niños no les convierte en animadores infantiles. Aprender algo de código no les convierte en programadores. […] En lo que les convierte es en diletantes: […] personas que “tienen un interés superficial en un arte o en una rama del conocimiento”.

La biblioteca es un centro comunitario aleatorio y los bibliotecarios son personas que no son expertas que intentan ayudar de la manera que pueden. ¿Es ése realmente un buen mensaje para promocionar las bibliotecas?

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Como apuntaba más arriba, no hace falta estar de acuerdo con AL . Por ejemplo, no estoy de acuerdo en que ser un “diletante” sea necesariamente algo negativo: quizá, a pesar de las carencias, pueda ser un rasgo de flexibilidad profesional que sí pueda marcar una diferencia en cuanto al servicio. Tampoco estoy de acuerdo en que el “triage” social no sea bueno para nadie: quizá el priorizar algunas problemas sobre otros simplemente sea una manera inevitable de actuar (aunque eso sigue dejando abierto el problema de qué hacer con aquellos otros temas que no se atienden, si es que hay que hacer algo).

De todas maneras, sigue siendo cierto que opiniones como éstas pueden ser una buena materia con las que confrontar tus propias opiniones, que te incite a reflexionar y a crearte una visión argumentada de estos problemas. Al menos, yo estoy en ello.

Consulta los artículos completos de AL para conocer más de sus argumentos.

Imagen via The Inquisitr

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2 comentarios en “¿Tiene límites la “función social” de las bibliotecas?”

  1. Hola Evelio. Como profesional que trabaja en biblioteca pública siento que a veces me muevo por terreno desconocido. Estamos asumiendo nuevas tareas que realizamos con buena voluntad y auto formación y en muchas ocasiones me siento “no experta”, tal y como describe AL: “los bibliotecarios son personas que no son expertas que intentan ayudar de la manera que pueden. ¿Es ése realmente un buen mensaje para promocionar las bibliotecas?”.
    Cuando reflexiono sobre nuestro futuro pienso que quizá la biblioteca ganaría si en ella trabajaran conjuntamente los bibliotecarios con otros profesionales como un informático, un trabajador social, un diseñador gráfico… porque aunque intentemos abarcarlo todo no podemos suplirlos completamente.
    Me ha encantado reflexionar con tu post. Hasta otra.

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    1. Hola Montse:

      Seguro que muchos compartimos esa sensación de movernos en terreno desconocido. Tienes razón, quizá la mejor opción sería apostar por la existencia de equipos con diversos perfiles, y parece que ésa es una tendencia de futuro. Creo que esa posibilidad también trae incógnitas, como por ejemplo qué tareas desempeñarían los bibliotecarios si dejan de ocuparse de otras funciones, en un contexto de alta competencia informativa con otros agentes. Como en tantas otras cosas, habrá que ir viéndolo sobre la marcha. Muchas gracias por tu visita y comentario, me ha encantado pasear por tu blog. Hasta pronto.

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