¿Cuándo un bibliotecario deja de ser un “bibliotecario”?

2903662286_2b3b8c2682_o

Otro artículo sobre los bibliolabs / makerspaces en bibliotecas públicas. En este caso aparecido en el diario El País (en catalán) y titulado Biblioteques: ja no només per anar a llegir (Bibliotecas: ya no sólo para ir a leer).

Como he repetido siempre que ha hecho falta, no es que no crea en la necesidad de los bibliolabs. Son espacios prometedores, que pueden ofrecer mucho y que pueden dar un toque de aire fresco a las bibliotecas. Así que no tengo tanto problema con los bibliolabs como con los discursos sobre los bibliolabs.

No voy a comentar el artículo en ese sentido, porque es algo parecido a lo que ya hice en otra entrada, y las reflexiones que podría desprender van en la misma línea. Por ejemplo: se apuesta por una biblioteca del futuro que se convierta en un “espacio de aprendizaje”, o un espacio para el “desarrollo personal”, pero ¿es que las bibliotecas no lo son ya?

Mención aparte merecen dos ideas que creo relacionadas. La primera de Josep Vives, el nuevo jefe del Servei de Biblioteques del Departament de Cultura de la Generalitat que, preguntado por cuál acabará siendo la diferencia entre un centro cívico y una biblioteca, comenta:

Con los centros cívicos nos diferencia nuestra razón de ser: nosotros tenemos la misión de transmitir el conocimiento, nos autodefinimos a partir de esa premisa.

Bien pudiera ser que así fuera, pero si nos ponemos quisquillosos podemos hacer dos comentarios. En primer lugar, no son pocos los centros cívicos que basan su funcionamiento en las redes de intercambio de conocimientos: grupos de personas que intercambian conocimiento entre ellas, sin intermediarios, sobre cuestiones de lo más diversas. ¿Diríamos entonces que esas personas son “bibliotecarios”?

Quizá podríamos decir que eso no sucede en todos los centros cívicos, claro que no. En ese caso, podemos hacer el segundo comentario. Ser un “transmisor del conocimiento” no es una especie de título honorífico como, digamos, ser marqués de Villaconejos. A diferencia del marqués, el transmisor de conocimiento ha de demostrar que transmite conocimiento de manera activa para poder ser considerado como tal. Tengo mis dudas de que esa actividad esté normalizada entre el colectivo bibliotecario (y estoy generalizando, claro: siempre hay excepciones, como en todo).

Puedes llamarme descreído, pero tengamos en cuenta esta frase de Vives:

Nuestra función es difundir conocimientos a través de otros soportes, no solamente a través del préstamo.

¿Qué otros soportes se están utilizando?; ¿de qué manera?; ¿por qué los bibliolabs son unos soportes privilegiados por encima de otras opciones? Preguntas que dejo a tu consideración…

Decía que hay otra idea en el artículo que creo relacionada con estas declaraciones de Vives. Cuando se habla de bibliolabs también se acaba hablando inevitablemente del perfil profesional del bibliotecario. Y este caso no es excepción: de nuevo se menciona la necesidad de plantillas multidisciplinarias, “desde educadores sociales hasta cuentacuentos”, como dice Marta Cano, gerente del Servei de Biblioteques de la Diputació de Barcelona.

Marga Losantos, presidenta del Col·legi de Bibliotecaris i Documentalistes de Catalunya, comenta que el peligro es que el perfil del bibliotecario acabe desdibujado, y creo que no le falta razón.

Que los bibliotecarios cuenten con diferentes actitudes y habilidades siempre es de agradecer, pero también es digno de reflexión el considerar cuándo un bibliotecario deja de ser un “bibliotecario”. Si, como dice Vives, nuestra misión es difundir conocimiento, sería sensato reforzar las habilidades en consonancia con ese perfil.

Pero eso no parece que sea lo que podamos derivar de la apuesta de futuro bibliotecaria basada en  los bibliolabs y los  espacios comunitarios. Porque puede que saber manejar una impresora 3D o hacer de dinamizador cultural, o de educador social, sea algo consustancial a esos modelos. Cuestión aparte es si esas funciones cuadran con la misión de transmitir conocimiento, o de qué entendamos exactamente por “transmitir conocimiento”.

En una entrada anterior, llamada La reinvención de la… ¿”biblioteca”? recogía unas ideas de Annoyed Librarian sobre el discurso del cambio en las bibliotecas y lo que éste implica. Como ya hice allí, también diré aquí que no estoy necesariamente de acuerdo con sus opiniones, pero que como mínimo dan que pensar. En ese sentido, reproduzco aquí un par de párrafos que me parecen muy a cuento en lo que hace a la cuestión del perfil bibliotecario: donde dice “bibliotecas” léase, con ligeros cambios, “bibliotecarios”:

La afirmación es que las “bibliotecas” deben sobrevivir, pero todos los cambios – [espacios para jugar a cosas como] Guitar Hero, competiciones de breakdancing, y lo que sea que interese a los chavales de hoy día – no tienen absolutamente nada que ver con la comprensión histórica o contemporánea de lo que son las bibliotecas.

Por expresarlo en los términos de la lingüística, lo único que “sobrevive” es el signo de biblioteca, mientras que el referente al que el signo se refiere está desapareciendo poco a poco bajo diversas fuerzas tecnológicas y legales. La gente utiliza frases como “las bibliotecas están cambiando”, pero lo que realmente quieren decir es “algo totalmente nuevo está emergiendo en el espacio que seguimos llamando biblioteca”. No se trata tanto de una reinvención como de una redefinición.

 

Imagen de Musgo Dumio_Momio via Flickr

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s