El negocio de las bibliotecas no es la información

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Pues no, no lo es, al menos no de forma preeminente. Sostener lo contrario deja a las bibliotecas en una situación más que complicada, por dos motivos que voy a recoger aquí en unas reflexiones rápidas.

Son motivos basados en ideas que ya defendía, a mi manera, en una entrada en BiblogTecarios sobre la vuelta a los orígenes bibliotecarios. Además, a cuento de aquel artículo, Lluís Anglada me hizo notar un artículo de Michael Gorman en el que el autor lo expone mucho mejor que yo. Resumiendo algunas de todas esas ideas, tenemos lo siguiente:

Desde hace ya unos cuantos buenos años las bibliotecas han apostado por presentarse ante el público como proveedoras de información, como aquel lugar al que acudir para aliviar la infoxicación, siendo el bibliotecario el intermediario perfecto. Una estrategia con la que se quería posicionar el valor de la tarea bibliotecaria, presentando su utilidad ante el público.

Pero está claro que el público no ha respondido de la manera en que se esperaba. Utilizan masivamente los buscadores (en especial Google) para buscar información, puenteando así a las bibliotecas y a sus servicios. Es algo que pasa en las bibliotecas públicas, y también en instituciones como las bibliotecas universitarias. En este último sentido, Natalia Arroyo resumía el artículo Descubrimiento de información científica: ¿todavía misión y visión de la biblioteca académica?, publicado en El Profesional de la Información, con algunas líneas contundentes:

[…] los investigadores no perciben a las bibliotecas y sus sitios web como lugares donde acudir para descubrir información, sino que los consideran como el último recurso y quedan en cierta medida invisibles.

En cuanto a las bibliotecas públicas (y seguro que también en cuanto a las universitarias), lo que ha conseguido el discurso sobre la información es dejar a esos centros en una perpetua posición de inferioridad: querámoslo o no, no se puede competir con Google, con su (aparente) facilidad de uso y con lo arraigado que está su figura en el imaginario popular. Pero, además de en una posición de inferioridad, deja a las bibliotecas públicas en una posición reactiva: las iniciativas que se toman se hacen teniendo en cuenta el modelo Google de facilitar información, por lo que las apuestas de futuro siempre están hipotecadas y vinculadas a esa dirección.

Gorman cree que ésa es la manera incorrecta de entender la misión de las bibliotecas porque deja fuera importantes misiones y funciones de las bibliotecas: su lugar en el corazón de las comunidades a las que atiende, su papel como custodio de la sabiduría y del conocimiento humanos y su misión de difundir ambos; su función educativa y de apoyo al aprendizaje.

Anglada, en su premiado artículo ¿Son las bibliotecas sostenibles en un mundo de información libre, digital y en red?, escribía:

[A los bibliotecarios] No nos interesan los resultados (obtener información), sino el proceso (ayudar para que una persona pueda encontrarla y usarla). No nos interesa sólo alguna información (la más usada), o algunos usuarios (los que mejor pueden usarla): la biblioteca (organización, que no edificio) procura recoger y preservar toda la información, para todos y para siempre. La biblioteca está más cerca de la gente que del documento, porqué procura que la información se ponga al servicio de las personas proporcionándoles instrumentos y capacidades para ser ciudadanos (y no súbditos) en un mundo en el que el acceso y uso a la información pueden ser elementos de éxito o de exclusión social.

Hay un meme muy popular en el mundo bibliotecario, basado en una afirmación de Neil Gaiman, que refleja la, en mi opinión, desencaminada manera de plantear la tarea bibliotecaria:

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Tal y como está el patio bibliotecario, me parece aventurado decir que el bibliotecario te ofrece la respuesta “correcta”: no dudo de la capacidad de muchos excelentes bibliotecarios, pero tengo mis dudas de que eso pase en todas las ocasiones con todos los bibliotecarios. Y, aunque sucediese, la realidad diaria de los usuarios muestra que están poco interesados en que les demos la respuesta correcta (sea lo que sea lo que ello signifique): ellos solos se bastan para sus búsquedas.

Por supuesto que siempre hay colectivos que necesitaran ayuda para sus necesidades de información. Pero es más que probable que sean usuarios con un perfil muy concreto. Si las bibliotecas de verdad aspiran a servir a todo el mundo, hay que ampliar el foco.

En mi opinión, esa ampliación del foco pasa por dejar de ser suministradores pasivos de información bajo demanda, y trabajar activamente por difundir conocimiento (o más activamente de lo que se está haciendo ahora). Algo que, como no me canso de repetir, no es incompatible con el énfasis actual en la creación física de comunidades.

Sea cual sea la respuesta, quizá sea un buen momento para abandonar la narrativa de la biblioteca como proveedora de información.

 

 

 

 

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