Análisis del discurso sobre los makerspaces en bibliotecas

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Sin duda que los makerspaces (también llamados bibliolabs) son la nueva gran tendencia en el mundo de las bibliotecas públicas. Los artículos que tratan sobre estos espacios los presentan, en ocasiones al mismo tiempo, como una oportunidad de futuro para las bibliotecas, como una reinvención necesaria, como una oportunidad para atraer nuevos públicos, como un poderoso instrumento democrático,…

Es difícil orientarse entre tantas afirmaciones, separar las fundadas de las infundadas, las oportunidades de los problemas,… con una mirada crítica, atendiendo a lo que se dice, a las intenciones que mueven lo que se dice e, igual de importante, a lo que se deja de decir.

Pero todo ello fue lo que hizo Rebekah Willett en un interesantísimo artículo aparecido el pasado 2016 en The Library Quarterly bajo el título Making, Makers, and Makerspaces: A Discourse Analysis of Professional Journal Articles and Blog Posts about Makerspaces in Public Libraries (podéis encontrar el artículo en Academia.edu gracias a la misma autora). Leer más “Análisis del discurso sobre los makerspaces en bibliotecas”

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Super entusiasmados (con las nuevas bibliotecas)

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De vez en cuando, aunque no muy a menudo, se puede encontrar en los diarios mayoritarios una noticia relacionada con las bibliotecas. La última que he podido leer ha aparecido en el diario El País, con fecha de 24 de mayo, y está escrita por Javier A. Fernández.

En el artículo, a base de mencionar iniciativas que tienen lugar en las bibliotecas actuales, se muestra cómo ha cambiado la concepción de estas instituciones: lugares para estudiar, pero también para reunirse, lugares en los que se llevan a cabo actividades de lo más variadas, como talleres y clubes de lectura, instituciones abiertas a tendencias sociales como los videojuegos o la pasión por los cómics.

Pero al mismo tiempo que podemos celebrar el artículo, también hay frases e ideas que me dan que pensar… y no para bien, precisamente. Leer más “Super entusiasmados (con las nuevas bibliotecas)”

El papel insuficiente de las bibliotecas en el Plan de Fomento de la Lectura 


​El nuevo Plan de Fomento de la Lectura del Ministerio de Cultura del Gobierno de España está, como aquel que dice, recién salido del horno. Tiempo habrá, pues, para analizar la utilidad o lo acertado de sus propuestas, así como su grado de éxito en esa compleja tarea que es “fomentar la lectura”.

De todas maneras, me gustaría hacer un par de reflexiones rápidas sobre unos aspectos del Plan que me han llamado la atención.

La primera de ellas me la ha quitado de la boca (virtual) Txetxu Barandiarán con un artículo de su blog titulado Las lecturas y la vida. Quizás mejor en singular. En su entrada Txetxu nos habla sobre la imagen y el lema del Plan, que reza “Leer te da vidas extras”. Ante esa supuesta pluraridad de vidas que, según el Ministerio, parece ofrecernos la lectura, Txetxu comenta que más acertado sería remarcar cómo la lectura afecta a la propia vida, cómo ésta enriquece nuestra experiencia vital al proporcionarnos nuevas experiencias y sentimientos, sin por ello tener que “renunciar a la misma o tener que buscarla en otros”. 

En alguna conversación informal con buenos amigos he mantenido algo muy parecido a esto que escribe Txetxu:

¿No hay con ese mensaje [Leer te da vidas extras] una invitación implícita a reconocer que la vida real que cada uno está viviendo no merece la pena y hay que buscar fuera de uno mismo algo que le dé sentido o vidilla?

El lema de la campaña es muy parecido a esos memes con los que a veces los bibliotecarios tratan de difundir por las redes el valor de la lectura. 

Es un dinámica que responde a la eterna identificación de “leer” con “leer novelas”. Nada en contra de leer novelas, pero como comenta Txetxu no estaría de más ni que sea de vez en cuando evocar un discurso en el que lo principal de la lectura no sea el escapismo. La lectura sirve para eso, sin duda, pero no sólo para eso: sus otras vertientes, la de la reflexión, el autoexamen, el pensamiento, son tanto o más lícitas que el entretenimiento, e igual o más necesarias en los tiempos que vivimos.

La segunda reflexión viene a cuento de la atención que el Plan dedica a las bibliotecas. Para éstas, el Plan centra sus líneas de actuación en “la difusión del servicio de biblioteca pública” y la “mejora del acceso a la lectura a través de bibliotecas”.

Me parece curioso que el Plan dedique a las librerías unas líneas de actuación que en principio caen plenamente dentro del ámbito de las bibliotecas, a saber:

[…] las librerías centren parte de sus esfuerzos en la prescripción de libros y en el desarrollo de actividades de dinamización cultural dentro de sus comunidades.

No pretendo decir que con ello se esté pisando las competencias de las bibliotecas, y que éstas deberían encargarse en exclusiva de la prescripción y de la dinamización cultural. Al contrario: creo que el que cada vez más librerías apuesten por esas tareas es algo que potencialmente nos beneficia a todos, seamos lectores o profesionales relacionados con la lectura.

Lo que me da que pensar es que esas actuaciones no se incluyan también en el ámbito de las bibliotecas. ¿Es quizá porque se da por supuesto que ya se hacen? Puede que sí, pero quizá sería buena idea enfatizarlas. Un artículo Peio Riaño en El Español me servirá para argumentarlo.

Comenta Riaño que aunque se espera que se incremente el presupuesto para la compra de libros para las bibliotecas públicas del Estado, en realidad nadie sabe todavía de qué cantidad se está hablando, ni siquiera el propio Ministro. Aun así esa promesa de incremento ha sido bien recibida, como era de esperar, después de unos años de completa sequía. Riaño recoge las declaraciones al respecto de Juancho Pons, presidente de la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías:

Hay que volver a dotalas [a las bibliotecas] con novedades. Necesitan presupuesto y necesitamos que estén a rebosar. Las bibliotecas necesitan actualizar sus fondos, porque en los últimos años no han tenido esa oportunidad. Estamos esperanzados, pero no tenemos ninguna partida prometida.

Sin duda que las bibliotecas necesitan “renovar sus fondos”, pero la compra de novedades no tiene necesariamente que ver con el fomento de la lectura, y ello por dos motivos.

El primero es un motivo práctico. Es obvio que gran parte del público acude a la biblioteca para obtener la última novela de moda, y por tanto hay que hacer lo posible para satisfacer esas demandas. Pero pasado el tiempo de la moda, las bibliotecas quedan con un stock global de obras con una circulación baja (salvo las obras más afortunadas y que, por lo que sea, resisten el paso del tiempo). Si lo que se quiere es que las bibliotecas, además de satisfacer las novedades, sean sostenibles en el tiempo es necesario repensar en formas de poner en circulación esos fondos, de incitar a su consulta y de despertar la curiosidad hacia ellos. Es decir, es necesario repensar en la necesidad de prescribir.

El segundo motivo es más de principios, por llamarlo así. Para animar a la lectura las novedades editoriales son un añadido, pero mal vamos si consideramos que son el fin en sí mismo. Las bibliotecas no sólo tienen la misión de ofrecer novedades editoriales a sus usuarios, sino de fomentar cosas como la educación, la cultura, el patrimonio artístico y científico. Y para ello las novedades no son imprescindibles (aunque sí muy necesarias, claro está). Para conseguir esas misiones nos volvemos a encontrar con la prescripción: es difícil fomentar la educación y la cultura si no se apuesta activamente por difundir los fondos, sean en el formato que sean, y más importante aún, si no se apuesta por divulgar las ideas que contienen.