Bibliotecas, medios sociales y la trampa de la atención

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El pasado 15 de marzo de 2017 se publicaba en Iwetel un ThinEPI de Natalia Arroyo titulado Dos conceptos para dar sentido a nuestra presencia en medios sociales: marketing de atracción y marketing de contenidos.

El título del artículo es suficientemente indicativo de su contenido: dar un repaso a los que para Natalia deben ser los dos conceptos fundamentales sobre los que debería girar toda estrategia de bibliotecas en redes sociales. Es una aportación valiosa si tu interés es la aplicación de las redes al mundo de la biblioteca, o necesitas una puerta de entrada actual al tema.

A mí me ha dado para un par de reflexiones rápidas sobre aspectos que Natalia no trata directamente en su artículo, pero que me parecen interesantes dada la actual coyuntura.

En primer lugar, Natalia utiliza como ejemplo de aplicación de una estrategia adecuada la posibilidad de difundir los libros electrónicos de una colección mediante la recomendación de lecturas. Al respecto, dice Natalia:

El anterior ejemplo también pone de manifiesto que no estamos haciendo nada que tradicionalmente no hayan hecho las bibliotecas, recomendar lecturas, pero en este caso se ha llevado todo el proceso al ámbito digital. Por lo tanto, una cuestión importante para reflexionar es si los medios sociales son adecuados para atraer hacia nuestros servicios presenciales o solo hacia los virtuales. Aunque no cabe duda de que estos medios nos pueden servir para atraer a visitas físicas y promocionar actividades presenciales, lo cierto es son especialmente adecuados para atraer al público online, porque en este entorno se pueden desarrollar todos los pasos del proceso, desde el seguimiento en los medios sociales a la descarga del libro electrónico, y porque se puede medir fácilmente el grado de consecución, obteniendo así información muy valiosa para la mejora continua.

Me alegra leer que en un artículo se mencione abiertamente la posibilidad de recomendar lecturas en las redes sociales, algo que no siempre está bien visto ni asumido. Me parece muy interesante la observación de que una estrategia en redes es adecuada para la difusión de los servicios digitales.

Yo añadiría que los medios sociales son adecuados para la difusión de información en general. Es algo que ya había argumentado en este blog, en entradas como La biblioteca pública como nodo de difusión de ideas: difundir información puede entenderse (quizá debería entenderse) como una obligación y una oportunidad más para las bibliotecas. Una actividad en la que una curación de contenidos activa y ajustada a las mejores prácticas podría aportar mucho. Ojalá que hubiéramos apostado antes por ello: con la eclosión de entonces de medios y plataformas de recomendación y de difusión de información, quizá hubiéramos tenido más oportunidades para posicionar las bibliotecas en el ámbito digital.

La segunda reflexión tiene que ver con otro aspecto relacionado con una de las ideas del artículo de Natalia, aunque la autora no la trate directamente:

Interacción es otra de las palabras clave en el proceso, no solo para conversar con el usuario u obtener su feedback, sino como medio para que el alcance de nuestras publicaciones se incremente, para llegar a más personas y mejorar los resultados del objetivo final, atraer más usuarios. Cuanto más se compartan nuestras publicaciones, más «me gusta» y comentarios obtengan, más se verá amplificado nuestro mensaje. Y para ello es importante destacar en una selva llena de otras publicaciones.

Está claro que la evaluación del rendimiento es un aspecto al que no creo que muchas bibliotecas estén dispuestas a renunciar. Pero eso nos deja en un brete. Porque también está claro que determinados tipos de contenidos funcionan mucho mejor en las redes sociales que otros. Siempre podemos decir que si queremos que nuestros contenidos funcionen, lo que tenemos que hacer es lograr que sean atractivos para nuestros usuarios, quizá ofreciéndolos de una forma distendida y haciendo gala de recursos como titulares atractivos o el aspecto visual. Sin negar que eso pueda ser cierto, también creo que es cierto que hay contenidos que se prestan muy poco a ser tratados de una manera digamos amena y desenfadada (seguro que se te pueden ocurrir algunos ejemplos).

Puntualizar este hecho no tiene nada que ver con esgrimir la acusación simplista de que las redes sociales son superficiales, ni mucho menos. Tiene que ver con remarcar lo obvio: que hay algunos contenidos que triunfan más que otros porque son hacia los que se decanta la mayoría del gusto. Y esos contenidos son los que se llevarán los “me gusta”, los retweets y los comentarios.

Pero, ¿qué pasa con aquellos contenidos que consiguen menos interacciones? ¿Son menos buenos, por decirlo así? ¿Deberíamos renunciar a su difusión en base a nuestros indicadores de rendimiento, porque “no interesan a nadie”, o no a un número suficientemente importante de gente como para justificar el esfuerzo?

Me disgustaría saber que la respuesta a esas preguntas pudiera ser “sí”, en un momento en que se insiste en que las bibliotecas deberían ser espacios dedicados a todos, donde todo el mundo pueda encontrar un lugar para sus gustos, intereses y aficiones.

Quizá ese peligro podría paliarse con algo que apunta Natalia en cuanto a la difusión en sí de ciertos contenidos:

[…] si el enfoque no se sitúa en la institución «biblioteca», sino en el contenido y los intereses de los usuarios, quizás deberíamos plantearnos la creación de perfiles temáticos, a través de los que conectar con el público interesado, incluso con aquellos que tradicionalmente no son usuarios de bibliotecas.

Me parece una estupenda idea la creación de perfiles temáticos. Pero eso nos vuelve a dejar con una interesante cuestión: ¿hacia qué ámbitos temáticos se orientan los conocimientos de la mayoría de bibliotecarios? Por supuesto que de todo hay, claro que sí, pero creo que no es en absoluto descabellado hipotetizar que hay un escoramiento hacia áreas muy determinadas, especialmente la narrativa. Tampoco creo descabellado afirmar que ese sesgo provoca un desconocimiento de gran parte de la colección que no facilita en absoluto la tarea de la creación de perfiles temáticos.

Tampoco la facilita el hecho de que, como dejaba caer más arriba, no sean pocas las voces que no acaben de ver clara la necesidad o la conveniencia o la posibilidad de futuro de recomendar (o prescribir, llámalo como quieras), ya sean documentos del fondo o información en un sentido más general. Como apuntaba con la cuestión de utilizar las redes para recomendar contenidos, en cuanto a los perfiles temáticos podríamos haber ganado mucho terreno si en su día nos hubiéramos tomado en serio esa posibilidad. Quizá ahora estemos llegando al final de un largo rodeo en lo que hace al futuro de las bibliotecas, aunque me temo que para algunas cosas pueda ser tarde…

Lee el artículo completo de Natalia Arroyo en Iwetel.

Imagen en dominio público via Pixabay

 

 

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