Bibliotecarios: ¿apostamos en serio por la curación de contenidos?

 

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El 2 de marzo tuvo lugar (de hecho, está teniendo lugar en el momento de escribir esto) la segunda jornada Bib and Play, un evento dedicado a la música en las bibliotecas públicas organizado por el Servei de Biblioteques de la Generalitat de Catalunya y la Associació de Musictecaris Catalans AMPLI.

A pesar de no haber podido asistir he tenido la oportunidad de seguir algunas ponencias de la jornada gracias a la estupenda labor de retransmisión en vivo por Twitter de l@s compañer@s allí presentes.

Si tuviera que sacar una conclusión importante de la mayoría de los tuits que he podido leer, sería la siguiente: los bibliotecarios hemos de tomarnos más en serio la prescripción. A lo que añadiría: es hora de que los bibliotecarios nos tomemos más en serio la curación de contenidos.

Ya la presentación de la biblioteca de la Library 10 de Helsinki por Lassi Kokkonen apunta claramente en esas direcciones. La Library 10 es una de esas bibliotecas que tiene poco que ver con una biblioteca de toda la vida. No sólo se ofrecen servicios en torno a las nuevas tecnologías, sino que además los bibliotecarios tienen un papel importante a la hora de recomendar / prescribir, actuando como personals trainers musicales:

Otros apuntes que se han ido dejando caer en la jornada, y que he podido “pescar” gracias a los tuits de Anna Bröll (directora técnica de Coordinación y Servicios en Bibliotecas de Barcelona) parecen recoger la inquietud de parte de los asistentes por la necesidad de una mayor prescripción. Una inquietud que no sólo viene de los bibliotecarios, sino del perfil de periodista musical.

 

Ofrecer propuestas inéditas, ofrecer un valor añadido que no pueda ofrecer un algoritmo, transmitir emociones,… Son ideas que se encuentran en la mayoría de discusiones sobre el papel de la curación de contenidos y de los curadores de contenidos en el panorama informativo. Una muestra clara, y centrada precisamente en la música, es el artículo de Javier Guallar sobre la creación de listas de reproducción en Spotify; otro ejemplo, y perdonadme el autobombo, es el artículo que escribí en este blog titulado Divulgar música desde la biblioteca pública con curación de contenidos.

Recordemos rápidamente qué es la curación de contenidos. Para definir a la curación de contenidos se suele utilizar una fórmula parecida a: el proceso de buscar, seleccionar, aportar valor y compartir los contenidos más relevantes de una determinada área temática. Se sobreentiende que la curación de contenidos tiene lugar en el ámbito digital, aunque en mi oponión ello no excluye el ámbito físico.

Algo fundamental en la curación es el aporte de valor del curador mediante la expresión de su punto de vista propio, mostrando por qué es relevante el contenido mediante la creación de contexto.

Es por eso que comentaba al inicio que no sólo los bibliotecarios deberían apostar por recomendar / prescribir. Sin duda es una actividad valiosa en sí misma pero a estas alturas, con la enorme cantidad de sitios web, blogs y plataformas para la recomendación, nos estamos quedando atrás en esa actividad. Por ello, y por las ventajas que puede ofrecer (aporte de contexto, creación de productos diferentes e imaginativos), me parece necesario que apostemos por una curación de contenidos activa y basada en las mejores prácticas actuales.

Un par de apuntes a modo de reflexiones rápidas finales.

En primer lugar, ya hace unos años que algunos en el ámbito de la Información y Documentación llevamos hablando sobre la necesidad y la importancia de la curación de contenidos. Allá por el 2012, cuando la divulgación de esta práctica estaba en pleno auge, no fueron pocas las voces que comentaron aquello de “eso ya lo llevamos haciendo los bibliotecarios hace mucho tiempo” (algo que se sigue escuchando cada dos por tres). Sin ánimo de despertar de nuevo ninguna polémica, eventos como Bib and Play me parece que muestran que, si realmente los bibliotecarios llevamos haciendo curación de contenidos desde hace tiempo, la hacemos poco y seguramente la hacemos mal. De otro modo me costaría entender que a estas alturas la discusión se centre en que es necesario apostar por una prescripción activa y que aporte valor añadido.

En segundo lugar, aunque la prescripción se perciba como una necesidad por parte de un sector de los profesionales de bibliotecas, no es menos cierto que el mismo acto de prescribir se observa con recelo por parte de otro importante sector. Los argumentos para ello suelen tomar una forma parecida a que prescribir es ponerse por encima de los usuarios, o decirle qué es lo que tienen que leer (escuchar en este caso) o que la difusión de información no tiene futuro en las bibliotecas.

Me parece que son argumentos falaces, como ya intenté defender en al menos un par de entradas en BiblogTecarios: Cómo prescribir cultura desde la biblioteca pública y Sobre el “buen gusto” en las bibliotecas públicas. No sólo falaces, sino que además no ayudan en nada a que las bibliotecas ejerzan algunas de sus misiones y contribuyan en la medida de lo posible a crear sociedades mejor informadas y alfabetizadas. Y creo que es necesario tenerlo en cuenta, porque que los bibliotecarios puedan llevar a cabo una mejor y más activa prescripción no sólo depende de que estén (estemos) mejor formados y mejor motivados, sino de que realmente creamos en la conveniencia y en la necesidad de hacerlo.

 

 

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1 comentario en “Bibliotecarios: ¿apostamos en serio por la curación de contenidos?”

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