Sobre content curators, bibliotecarios e información sanitaria

En enero de 2017 Paula Traver publicaba un artículo para la reflexión en la revista digital ComeIn. La idea central podría resumirse en: ¿qué hacer para que los profesionales de la información en el sector sanitario sean más visibles para los usuarios? Sin negar que ésa sea la pregunta básica, a mí me parece que lo que encierra su artículo es una iteración más de la ya venerable polémica sobre qué es un content curator y sobre si los bibliotecarios y documentalistas son content curators o no.

Por descontado que no pretendo reactivar la polémica, entre otras cosas porque se ha acabado convirtiendo en una cuestión ideológica: o se cree que efectivamente lo son, o no. Pero, denominaciones aparte, creo que el artículo de Paula es, sin pretenderlo, una especie de estudio de caso de cómo uno de los aspectos centrales de la curación de contenidos fue malinterpretada y mal asumida en su día (o asumida, pero a medias) por bibliotecarios y documentalistas. 

Paula nos narra su experiencia en el debate en Twitter #ffpaciente, “una iniciativa pensada para facilitar la interacción entre los pacientes activos y los profesionales de la salud”. Para llevar a cabo el debate se facilitó unas preguntas, entre las cuales estaba la cuestión de cómo distinguir la información de calidad de la que no lo es. En cuanto a esa pregunta, comenta Paula:

[…] me fijé mucho en detectar las necesidades de información de los profesionales, que básicamente hicieron referencia a la dificultad de filtrar la información en internet, evitar la infoxicación y el ruido, curar contenidos, seleccionar fuentes de información fiables, regular los contenidos de internet, buscar referencias bibliográficas y la validez de las mismas. Incluso hubo quien se preguntó quién podría ser el profesional que hiciera la curación o gestión de contenidos en un centro sanitario y quién marca el camino a los profesionales de la información para encontrar las fuentes de información digitales. 

Ante esas cuestiones, la autora comenta casi con sorpresa:

Se habló de “establecer la figura del curador de contenidos del centro sanitario”, y a pesar de hablar de términos que forman parte tan del día a día de las bibliotecas especializadas en salud como fuentes de información, referencias bibliográficas, mejores evidencias, selección de información, etc. nadie habló de las bibliotecas, ni de los profesionales que trabajan en ellas. Mencioné en cuanto pude la función del bibliotecario/a como curador de contenidos, pero nadie hizo ningún comentario al respecto ni confirmó mi afirmación.

Por descontado que no voy a negar el valor que los bibliotecarios pueden aportar a un centro sanitario. Pero lo que aquí tenemos es un divorcio entre algunas de las necesidades que decían tener los participantes en el debate, lo que suelen hacer los bibliotecarios / documentalistas y lo que se supone que hacen los curadores de contenidos.

Cuando se empezó a hablar seriamente sobre el perfil del curador de contenidos en el ámbito de la información y documentación, no fueron pocas las voces que declararon aquello de “eso ya lo llevamos haciendo nosotros hace mucho tiempo”. Sin duda era una queja comprensible y verdadera en cierto sentido: si los curadores de contenidos se dedican a buscar información, a recopilarla y a ofrecerla, entonces parece obvio que eso es justo lo que hacen bibliotecarios y documentalistas. Pero eso no es lo único que hacen los curadores de contenidos, al menos en el plano teórico: además, a los curadores se le supone la potestad de discriminar entre los contenidos para ofrecer, como se suele decir, sólo los más relevantes del ámbito. Ésa era a mi juicio una diferencia clave entre el papel de los curadores y la tarea que desde siempre han llevado a cabo bibliotecarios y documentalistas (y así lo expresé en una entrada en el blog Dokumentalistas). Para entender por qué, dejadme que explique una experiencia personal.

Hace ya unos años, tuve la oportunidad de trabajar como documentalista en una institución sanitaria. Era un trabajo en un servicio de documentación formado por un equipo de cuatro personas, en las que se recibían peticiones de información por parte de profesionales del sector sanitario. Mi tarea consistía en buscar información en bases de datos especializadas, como PubMed: elaborar ecuaciones de búsqueda, recuperar los resultados y servirlos. Si aplicamos una definición laxa de curación de contenidos, es obvio que entonces me comportaba como curador de contenidos. Pero en ningún momento llevaba a cabo un juicio sobre la calidad de los resultados que obtenía en mi búsqueda; como tampoco entraba a valorar cuáles de esos resultados eran los más relevantes para mis peticionarios. Ésas son tareas en las que, casi por definición, no se espera que el perfil profesional de documentalista tenga nada que decir: son cuestiones que competen sólo al demandante de información. Y, no obstante, éso es justo lo que se espera de un content curator: que discrimine entre la información y, aplicando su criterio personal y ofreciendo valor añadido, ofrezca sólo la más relevante.

Por supuesto que el criterio personal nunca puede ser una subjetividad total, sino que ha de basarse en la evaluación de la información recuperada. Pero ésa es justo la cuestión: para evaluar la información a veces no basta con atender a aspectos formales, como la reputación de la publicación, sino que hay que entrar a valorar aquello que se dice, el contenido propiamente dicho. Y éso es algo que sólo se puede hacer si se posée un considerable dominio de la temática. 

Como digo, sin duda es mucho lo que los bibliotecarios y documentalistas pueden aportar a un centro sanitario, pero por lo que he comentado hay ocasiones en las que lo que hacen puede estar desfasado respecto a lo que pidan los usuarios. Pensemos por ejemplo en la necesidad de información mencionada por Paula “buscar referencias bibliográficas y la validez de las mismas”. ¿Qué implica ese juicio sobre la “validez”?: si el usuario quiere saber si la referencia proviene de una fuente fiable, entonces los bibliotecarios podemos hacerlo; si lo que quiere es saber si la referencia está en sintonía con el conocimiento actual del que se dispone sobre el tema tratado, entonces no necesariamente. Algo parecido, me temo, puede estar tras la percepción de la “dificultad de filtrar la información en internet”: ¿estamos hablando de discriminar entre tipos de fuentes, o de servir la información en base a evaluar la exactitud de su contenido?

Como pasa en estos casos, seguro que la falta de visibilidad de los profesionales de la información en el ámbito sanitario tiene diversas causas. Puede que una de ellas sea ese desfase entre lo que a veces necesitan los usuarios y lo que por lo general estamos capacitados para ofrecer.

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4 comentarios en “Sobre content curators, bibliotecarios e información sanitaria”

  1. Hola Evelio,
    Muchas gracias por tu comentario a mi artículo. Efectivamente, habitualmente el bibliotecario es el que filtra y encuentra la información, establece los mecanismos para recuperarla y la presenta de una manera u otra. Ese paso de determinar cuál de esa información va a ser relevante para el objetivo concreto sólo la puede tener el experto en ese tema. Pero a la vez, el experto en ese tema no tiene habitualmente la habilidad de realizar esa búsqueda para extraer el contenido que necesita, ¿quién sería entonces el content curator?
    Un dilema muy interesante!

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    1. Sí que es interesante, sí. Como hablamos por Twitter, supongo que el dilema se resolvería (en un mundo ideal) en base a lo que se quiera realmente: si lo que se necesita es servir la información en base a su relevancia, entonces el mismo profesional con formación en gestión de la información podría llevar a cabo la tarea. Eso, o el profesional de la información con formación en el área específica y trabajando en estrecha colaboración con el profesional de la salud, en lo que hace a su línea de investigación o a su trabajo diario.

      Muchas gracias a ti por escribir el artículo, por tu visita y por tu comentario.

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  2. Creo que en el fondo de este asunto subyace un problema cuya solución ya aporta Evelio en la respuesta al comentario de Paula: documentalistas con (permanente) formación sanitaria o personal sanitario con (permanente) formación en InfoDoc. Lo quie no es moco de pavo, dicho sea de paso. Pero creo que hay algo más.
    Dices, Evelio: “[…] se espera de un content curator: que discrimine entre la información y, aplicando su criterio personal y ofreciendo valor añadido, ofrezca sólo la más relevante”. Para empezar, lo del criterio personal no me parece precisamente muy adecuado (aunque lo matices en el párrafo siguiente). Creo que sería más apropiado aludir a “criterio profesional” o algo similar, y esa es una clave muy importante, porque el criterio profesional de un documentalista no es nada desdeñable, mientras que el criterio del profesional sanitario (que en principio tampoco lo es, ¡ojo!) corre el riesgo de ser más “personal”.
    Como en cualquier otra materia, la discriminación definitiva ha de hacerla siempre el destinatario final de la información y, personalmente, creo que quien mejor puede ofrecer una equilibrada selección previa es el documentalista, alguien conocer de la materia pero más aséptico.
    Y, dicho esto, apunto otra idea: en la formación curricular de todo profesional (cualquiera que sea su ámbito específico) deberían incluirse algo más que simples nociones de documentación, lo que proporcionaría una cierta autonomía y les facilitaría ajustar la demanda de la información a sus verdaderas necesidades ante el profesional documentalista.
    ¡Saludos!

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    1. Toda la razón Rafael en lo que apuntas sobre el “criterio personal”: mal aplicado puede ser una fuente de subjetividad añadida innecesaria, por lo que parece muy conveniente substituirlo por el “criterio profesional” que comentas.

      Pero teniendo en cuenta el nuevo criterio, entonces la cuestión clave es la formación que debería tener el documentalista.
       
      Comparto contigo la necesidad de incluir en la formación reglada algo más que nociones de documentación, una necesidad que yo también aplicaría a la formación en biblioteconomía: llevamos mucho atraso en ello, y quizá eso lastre buena parte de nuestro potencial profesional y social.

      Aun así la balanza se podría decantar más hacia el personal sanitario con formación en InfoDoc que hacia el documentalista con formación sanitaria. Y creo que lo haría en base a las diferentes curvas de aprendizaje implicadas: siendo ambas formaciones necesarias y complejas, quizá la curva sea más pronunciada a la hora de adquirir formación en ciertas áreas sanitarias, en especial si se entra en el mundo de la ciencia desde cero, que a la hora de adquirir habilidad en la búsqueda de información (en absoluto digo que dominar la búsqueda de información sea fácil, pero la complejidad de los conceptos implicados me parece diferente).

      Claro que estoy generalizando mucho y no siempre tiene por qué ser así. Pero si se quiere ir más allá de la evaluación de fuentes en base a criterios formales (y sólo si éso es lo que se pretende) y apostar por el criterio profesional del documentalista, habría que ver de qué materias hablamos: las cuestiones pueden ser de lo más complejas, en particular aquellas en las que se está llevando una intensa actividad investigadora y en las que puede ser difícil estar al día.

      Quizá esto que digo sólo sean cábalas sobre el papel, pero sin duda estoy contigo en la apuesta por más formación fuera del ámbito estricto de la InfoDoc.

      Muchas gracias por tu visita y tu comentario: un abrazo!

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