Divulgar música desde la biblioteca pública con curación de contenidos

musica

Una de las áreas de las bibliotecas públicas que ha recibido un impacto más fuerte por la competencia de los contenidos digitales ha sido la música. Y es que con la facilidad actual para obtener música a través de Internet, las colecciones de CDs parecen haberse convertido más en un estorbo que otra cosa.

En la comunidad de bibliotecarios musicales (o musictecarios) no faltan las voces preocupadas por la actual situación, pero que también afrontan el presente y el futuro con la percepción de que se han abierto múltiples posibilidades por explorar.

En este post me gustaría lanzar unas cuantas propuestas sobre difusión musical en la biblioteca pública basadas en la curación de contenidos en formato blog.

Pero antes de ello, dejadme que ofrezca un poco de contexto. Y de momento lo voy a hacer utilizando la ponencia de Julián Figueras en las 14JCID.

Julián es el director de la biblioteca Vapor Vell, en el distrito de Sants (Barcelona). El centro está especializado en música moderna, y Julián es un melómano empedernido que también comparte sus reflexiones sobre música y bibliotecas, junto a otr@s compañer@s, en el blog AMPLI (un recurso de referencia para los musictecarios catalanes).

El punto de partida de la ponencia fue establecer el diagnóstico: con la actual diversidad de portales de música en tiempo real, los usuarios han dejado de ver la biblioteca como un sitio preferente para obtener música. La comunidad, por tanto, ha seguido adelante sin las bibliotecas, y el papel del bibliotecario como selector de materiales ha perdido gran parte de su sentido.

En ese panorama, Julián se pregunta si no es momento más que de seleccionar, de compartir y de profundizar. Y ello independientemente del formato: la colección física es sólo un punto de partida de la labor del musictecario, por lo que existe un vivo debate sobre si su tarea puede llevarse a cabo sin ella.

Julián apuesta por las experiencias en el espacio físico de la biblioteca, para crear comunidad y convertir a las bibliotecas en foros de debate y de conocimiento. Una apuesta que se ha plasmado en el Music Spy Club de la biblioteca Vapor Vell, un espacio de conversación y audición conjunta en torno a discos y estilos musicales que ya lleva nueve años en marcha. En su ponencia Julián menciona otras dos iniciativas en esa misma línea: los ciclos temáticos de música negra de la Biblioteca Vallcarca-Els Penitents, y el club de lectura de Novelas sonoras de la biblioteca Ramon d’Alòs-Moner.

Mis propuestas van en la línea de profundizar en la comunicación de contenidos digitales mediante la curación de contenidos: el proceso de buscar, seleccionar, dar sentido y compartir los contenidos digitales que creamos más relevantes de un ámbito. Son ideas basadas en un formato blog, por tres motivos que me parecen interesantes: la flexibilidad de este tipo de plataformas para ofrecer diferentes tipos de contenidos y tratarlos de manera diferencial; su carácter abierto, dirigido a todo el público digital (no hay que ser miembro de ninguna plataforma para consultar su contenido); mayores posibilidades de posicionamiento web gracias al SEO. Además, las propuestas están basadas en dos ideas:

En primer lugar en el concepto de biblioteca musical híbrida, según el cual la colección física y las recomendaciones de música en línea no son excluyentes, sino complementarias. Josep Lluís Villanueva Fontanella, en una presentación creada para unas jornadas sobre música y bibliotecas públicas que tuvieron lugar en 2013 en la biblioteca Vapor Vell, mencionaba algunos pasos a dar para conseguir la biblioteca musical híbrida:

  • Estimular la curiosidad y el descubrimiento musical
  • Hacer visible la colección física
  • Generar, compartir y difundir contenidos híbridos de forma regular
  • Actividades en directo en la biblioteca
  • Propiciar la complicidad entre los agentes musicales del barrio

Ya hemos mencionado el caso de las actividades en directo en la biblioteca, de la mano de Julián Figueras. En mi opinión la curación de contenidos es un medio ideal para acercarnos a esos otros objetivos: cada contenido digital que se ofrece puede ser una estupenda excusa para hablar de nuestra colección, ofreciendo materiales que refuerzan la comprensión del contenido digital o que lo complementan de alguna manera. Así, por ejemplo, un vídeo que discuta un periodo concreto de la música (como veremos más abajo) puede ser una estupenda puerta de entrada para sugerir lecturas o audiciones de nuestro fondo.

En segundo lugar, los musictecarios pueden tener diferentes funciones, misiones y compromisos para con la comunidad. Son funciones y misiones que se enmarcan en el concepto de biblioteca musical híbrida y que son una extensión de los objetivos que se persiguen con los tradicionales criterios de selección de materiales musicales. También Villanueva los mencionaba en otra presentación en las jornadas de 2013. Entre ellos, se destacan:

  • Despertar la curiosidad
  • Sostener la creación musical de calidad
  • Velar por el enciclopedismo y el eclecticismo
  • Afirmar a las bibliotecas como una institución pedagógica
  • Seguir la actualidad
  • Responder a las demandas
  • Animar la práctica musical

Quizá podríamos modificarlos o añadir otros, pero en mi opinión es una muestra bastante representativa y que permite hacer propuestas de acción amplias.

Necesitaba presentar el marco para que se entendieran las razones que se ocultan tras las propuestas, puesto que la intención es que sea un conjunto coherente y no un simple revoltillo producto de una tormenta de ideas. Espero haber logrado esa coherencia.

Como melómano moderado y modesto músico amateur, hablar de música  y de bibliotecas públicas es una tentación irresistible. De todas maneras, nunca he desempeñado un puesto oficial de musictecario, por lo que espero que este artículo no se entienda como una especie de intrusismo fuera de lugar, sino como una reflexión llena de cariño y respeto por la labor que los musictecarios llevan a cabo para difundir el sublime arte de la música. Vamos con las propuestas (sin ningún orden en particular):

Audiciones comentadas:

Uno de los recursos más interesantes para fomentar el gusto y la comprensión de la música es hablar sobre ella. Como hemos visto, existen iniciativas en el ámbito físico pero nada impide que se pueda hablar sobre música utilizando el ámbito digital. Hay algunas iniciativas ingeniosas que utilizan las peculiaridades de las plataformas de creación de contenidos para ese fin. Por ejemplo, el divertido canal de YouTube Musicology4thePeople presentaba vídeos que trataban aspectos comentados de la cultura musical (clásica), como éste sobre el Renacimiento:

Otro ejemplo es el estupendo canal de Soundcloud de la Opéra National de Paris. En él se lleva a cabo la iniciativa « Dansez ! Chantez ! 7 minutes à l’Opéra de Paris », en el que en un audio de 7 minutos se nos introduce a algunas de las obras de la programación del centro.

Materiales que vale la pena recoger y ofrecer a los usuarios de las bibliotecas públicas. Y, por qué no, generarlos siguiendo esa misma filosofía, gracias a la posibilidad de crear canales de YouTube o de Soundcloud, para editar y colgar nuestras propias pistas o vídeos.

Curiosidades en el ámbito musical:

Aunque se suele decir con cierta razón que profesionales como los bibliotecarios o los curadores de contenidos combaten la infoxicación, no es menos cierto que gran parte del atractivo de la curación de contenidos consiste en buscar lo raro, lo poco frecuente, dando valor a la escasez. Hay plataformas que sacan un partido estupendo de este principio, siendo la más notable Open Culture. Sus entradas suelen basarse en bucear en Internet para ofrecer materiales curiosos, raros, que así son percibidos como más valiosos. Sin duda, la música es un campo lleno de curiosidades y de momentos históricos de la cultura popular. Sólo un par de ejemplos de entradas de Open Culture:

What Does the World Oldest Surviving Piano Sound Like?: Watch Pianist Give a Performance on a 1720 Cristofori Piano

Watch David Bowie & Marianne Faithfull Rehearse and Sing Sonny & Cher’s “I Got You Babe” (1973)

Aprendizaje de la música:

Internet, en especial YouTube, es una fuente casi inagotable de tutoriales y cursos de lo más diversos. Uno de los principales objetivos de la sección de música de una biblioteca pública es animar a la práctica musical, y una buena manera de llevarlo a cabo sería bucear entre esa enorme cantidad de materiales para ofrecer a los usuarios los más destacables. Claro que eso implicaría en ciertos casos tener los conocimientos musicales suficientes para saber detectar los materiales de buena calidad. Pero la oferta es tan amplia, que las posibilidades de recolección de material son muy notables: tutoriales de técnicas concretas, clases magistrales de músicos reconocidos, tips, recomendaciones de canales completos, pistas de acompañamiento para practicar,… Los ejemplos serían inagotables:

Y eso sin contar con la recopilación de otro tipo de recursos para el aprendizaje, como aplicaciones para Smartphone o software para la práctica musical.

Música no-mainstream:

Uno de los grandes placeres que Internet proporciona a los melómanos es el descubrimiento de artistas que no pertenecen a los grandes circuitos comerciales, o que ni siquiera pertenecen a ningún circuito en particular. Personas que disfrutan con su arte y que lo comparten con todo el mundo que quiera escucharlo, mediante plataformas como YouTube o Soundcloud. El objetivo de estimular la curiosidad y el descubrimiento musical también puede ser conseguido por esta vía. La biblioteca puede posicionarse con ello como una fuente de información relevante, al tiempo que las conexiones entre los géneros musicales y los artistas son otra oportunidad para poner en valor el fondo propio.

Como ejemplo, un descubrimiento musical reciente en mi caso: las bellas composiciones, entre lo ambiental y el minimalismo, de Tim Linghaus:

Músicos locales:

Una filosofía parecida a la del punto anterior, pero aplicada al ámbito local de la biblioteca. Una estrategia que puede ser complementaria con la de realizar actividades en el local de la biblioteca, siempre con la intención de “propiciar la complicidad entre los agentes musicales del barrio”.

Curación de playlist:

La curación es una actividad recursiva, en el sentido de que siempre puede ejercitarse sobre sí misma: así, podemos actuar como curadores de contenidos al crear una playlist, pero también cuando curamos playlists curadas por otras personas, o cuando curamos playlists curadas por personas que han curado otras playlists,… Y así potencialmente hasta el infinito. Un buen ejemplo de ello es, de nuevo, este post de Open Culture: no nos ofrecen su playlist, sino una playlist ya hecha y que les ha resultado de interés:

1200 Years of Women Composers: A Free 78-Hour Music Playlist That Takes You From Medieval Times to Now

La música como fenómeno:

Cómo no, siempre podemos hablar no de la música entendida como sonido organizado, sino de la música como fenómeno psicológico, sociológico y neurológico. Una estrategia que puede conectar con la curiosidad intelectual de una parte del público por la vía de la ciencia de actualidad, pero también al “repescar” y contextualizar otros estudios interesantes sobre la cuestión. Como ejemplo, el divulgativo post de Omicrono La ciencia detrás de la música.

 

Y hasta aquí las propuestas. Como suelo decir en estos casos, la curación de contenidos no es un remedio milagroso para los males bibliotecarios. Pero también es cierto que, al final, todo puede sumar.

 

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