Si las bibliotecas se mueren, ¿el espacio es la solución?

​En estas pasadas fechas navideñas, ha habido un artículo que ha recibido cierta atención por la comunidad bibliotecaria: el escrito por Simon Jenkins en The Guardian con el título Libraries are dying – but it’s not about the books

Con ese título la atención que se le ha dedicado es comprensible, dada la situación que viven las bibliotecas públicas en el Reino Unido, pero también por la preocupación que despierta el estado de estas instituciones en buena parte de nuestras sociedades. 

La idea básica de Jenkins es que las bibliotecas, para poder sobrevivir, deben reorientar su labor: de depositarias de libros físicos a espacios multiuso de relación social. Esta idea se refuerza con símiles que ya son más que tópicos, como “la biblioteca pública ya no es un templo sagrado del conocimiento” o “[la biblioteca pública] no puede vivir en un pasado romántico, siendo un lugar en el que los libros van a morir”. En su opinión, la falta de público en las bibliotecas implica que éstas deben apostar por otra estrategia:

La biblioteca debe redescubrir su carácter especial. Algo que debe fundamentarse en explotar la fuerza del mundo post-digital, la “era de la vivencia”. Esta fortaleza no radica en los libros como tales, sino en sus lectores, en su deseo de congregarse, de compartir con los demás, de escuchar a escritores y de experimentar los libros en el contexto de su comunidad. Más allá del reino de los oligarcas digitales, el dinero está ahora en la vivencia. Está en las obras, los conciertos, las comedias, las lecturas públicas, los debates, […], actividades de todo tipo. 

Y continúa Jenkins:

La biblioteca de barrio necesita ser ese lugar de congregación. Debería combinar un espacio de cafetería, de intercambio de libros, de guardería, galería de arte, museo y “performance”. Debería ser la terapeuta de la mente. 

Sin duda es una idea loable, pero leyendo estos párrafos me pregunto cuánto tiempo hace que el autor no se interesa por lo que las bibliotecas públicas hacen en la actualidad. Y es que sus propuestas de futuro están plenamente normalizadas e incorporadas desde hace tiempo en la idea de lo que la biblioteca pública debe ser. Por supuesto que eso no implica que la necesidad de reforzar la biblioteca como espacio de congregación se lleve a cabo de manera exitosa en todas las bibliotecas públicas. Pero el concepto no es nada nuevo en absoluto, por lo que Jenkins no está descubriendo nada que no sepamos ya.

De todas formas, eso no es lo que más me ha llamado la atención de su artículo. A pesar de que Jenkins reconoce que el libro físico goza de buena salud, y que el libro digital ha conseguido un lugar sólido en el mercado pero no dominante, parece que el autor no ve ahí ningún tipo de oportunidad para las bibliotecas: no se pregunta si ese hecho puede explotarse, o si se ha explotado convenientemente o si ni siquiera se ha hecho. En lugar de eso, corre un tupido velo sobre la cuestión para defender la necesidad de reforzar la idea de la biblioteca como lugar de congregación, de lugar donde se llevan a cabo las más variadas actividades. Y eso al mismo tiempo que reconoce que “Londres debe albergar más eventos en vivo hoy que nunca en la historia”. Así que las bibliotecas deberían olvidarse de los anticuados libros en papel a pesar de que todavía sigue existiendo un mercado notable para ellos, y apostar por las actividades a pesar de que hay una escena social saturada de las mismas. Una argumentación curiosa, ¿no te parece?

En general, artículos como el de Jenkins parecen insertarse en lo que es toda una tradición en el mundo bibliotecario: la búsqueda de soluciones milagro. Por supuesto que me parece necesario explorar otras maneras de hacer, de enfocar la labor bibliotecaria. Y por supuesto que me parece que potenciar la idea de espacio de congregación puede aportar muchas cosas buenas a las bibliotecas públicas. Pero para que las bibliotecas sean ese lugar de encuentro, puede que se necesiten más cosas que la voluntad o el deseo de hacerlo, una matización que rara vez se encuentra en discursos de este tipo. Sin ser ni mucho menos un experto en la cuestión, se me ocurren varios aspectos a tener en cuenta:

  • Composición de la población a la que la biblioteca presta servicios 
  • La existencia de una conciencia cívica en la comunidad
  • La consideración que de los bienes públicos se tenga en la comunidad
  • Las políticas educativas que se lleven a cabo en la comunidad
  • La tradición de un asociacionismo fuerte y vivo
  • La competencia o la colaboración entre otros centros sociales de la comunidad
  • La presencia de interlocutores capaces en las bibliotecas
  • La facilidad para actuar que se de a esos interlocutores a nivel de centro o de sistema 

En realidad, factores que no deberían pasar por alto al sentido común. Puede que hiciéramos bien en reivindicar una mayor discusión en torno a esas cuestiones si de verdad queremos que las bibliotecas sean centros de congregación. Porque a veces los buenos deseos y las buenas intenciones no lo son todo.

Imagen via HobNob Nashville

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2 comentarios en “Si las bibliotecas se mueren, ¿el espacio es la solución?”

  1. Hola Evelio:

    he leído también otros artículos de Simon Jenkins después del que haces referencia. Huelo una visión algo convervadora de la biblioteca y el libro, como despectiva del mundo digital.

    Como diría Umberto Eco, el autor expresa una postura algo apocalíptica con respecto a la cultura virtual, en la que estamos inmiscuidos irremediablemente para este Jenkins (quizás en la vereda opuesta está el otro Jenkins, me refiero a Henry Jenkins, quien describe la teoría de la convergencia cultural. Disclupa por la disgregación, me pregunto para pensar en otro momento: ¿qué papel ocupa la biblioteca en la cultura de la convergencia digial, de los relatos transmediales y multimodales?).

    Indicar el papel de la biblioteca como espacio de la congregación, es añorar en alguna medida ese pasado que de alguna manera convertía a la biblioteca en el “lugar” del “libro” por excelencia y ya no existe más. Llenar de gente la biblioteca sin algún sentido más que aumentar las estadísticas no le encuentro mucha vuelta.

    Un lugar común que encuentro en este tipo de enfoques es potenciar a la biblioteca en su rol exclusivamente de actividades de extensión bibliotecaria, o de centro cultural. No está mal, pero desde mi punto de vista replantear la biblioteca es también tener en cuenta los espacios virtuales y la utilización de servicios que se interrelacionen lo presencial con lo virtual. ¿Y si proponemos una biblioteca que sea un espacio donde se conjugue lo digital y lo presencial?. Además, donde la bibliotecas públicas sean un espacio de experimentación y aprendizaje digital comunitario. Los espacios de aprendizaje digital, tanto presencial y virtual, en la biblioteca para mí son un desafío que se les puede brindar para ayudar a la ciudadanía a construirse críticamente en la sociedad de la información.

    Este tiempo me está dando nuevamente la idea de la “biblioteca sin muros” (ete no es un concepto nuevo, pero me ha vuelto al cuerpo), pero una biblioteca abierta al conocimiento, al aprendizaje, a la experimentación, a las nuevas tecnologías, al encuentro intergeneracional, hacia la creación de espacios de encuentros y generación de comunidades presenciales y digitales colaborativas de la cultura de la comunidad local, como bien expresas en relación a otras instituciones de la comunidad. ¿Somos los ciudadanos responsables de hacer valer el derecho a la información y la cultura para que los funcionarios políticos tengan en cuenta a las bibliotecas como centros ciudadanos valederos y no meros cafés de encuentros?. ¿Cuánto participamos para formar este tipo de bibliotecas en nuestrs comunidades?. ¿Vale la pena?. De buenas intenciones y deseos está hecho el camino a infierno. ¿Y si ponemos manos a a obra?…

    Feliz 2017

    Un abrazo

    Fernando Gabriel Gutiérrez
    @fggutierrez

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    1. Hola Fernando:

      Siento el retraso en responder. No puedo estar más de acuerdo contigo en esa propuesta de biblioteca como centro que conjugue lo digital y lo presencial, y sin duda que el concepto de “biblioteca sin muros” (tal y como la entiendes aquí) me resulta de lo más llamativo. A pesar de ello, y seguramente por falta de conocimiento sobre la cuestión, me resulta difícil visualizar algunas de las cuestiones que propones, como las “comunidades presenciales y digitales colaborativas de la cultura de la comunidad local”.

      En ese sentido, creo que parte del problema cuando hablamos de artículos como éste de Jenkins (coincido contigo en que tiene cierto aire apocalíptico) es que nos falta definición a la hora de concretar acciones que puedan servir para conjugar lo digital con lo presencial. La idea de comunidades que utilicen la biblioteca para generar conocimiento es muy atractiva, pero ¿de qué hablamos exactamente?: ¿de reuniones en las que los usuarios debaten sobre una cuestión?; ¿de talleres y presentaciones?; ¿de cursos de extensión de conocimientos? Lo digo porque, si hablamos de ello, entonces quizá no estemos tan alejados del rol de actividades de extensión bibliotecaria, o de centro cultural.

      Pero, como digo, tu enfoque me resulta muy inspirador así que, sí, sin duda pongámonos manos a la obra.

      Feliz año, y muchas gracias por tu comentario.

      Un abrazo de vuelta.

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