“La infoxicación” no existe

information-overload

El término infoxicación (o alguna de sus variantes) forma parte del léxico que se acostumbra a utilizar para describir el mundo de hoy. Se publica tal cantidad de información, se nos dice, que estamos saturados de ella y esa saturación se ve como un peligro siempre acechante para las diferentes esferas de nuestra vida, y como una nueva causa de ansiedad moderna.

Pero bien podría ser que hayamos estado dando demasiada importancia al concepto, y que sus supuestos efectos perniciosos no sean tan generalizados. Eso es lo que sugiere un estudio realizado en EEUU por Pew Research Center y publicado en su página web el 7 de diciembre de este 2016, al que he llegado gracias a Natalia Arroyo.

Como cualquier estudio que utiliza una muestra concreta de personas sus conclusiones hay que manejarlas con una dosis de escepticismo, en el sentido de no generalizar los resultados de la muestra (1.520 personas) a absolutamente todo el mundo. Aun así, el trabajo encierra resultados jugosos que destaco rápidamente.

En primer lugar:

[…] en su mayor parte, la gran mayoría de estadounidenses no siente que la sobrecarga informativa sea un problema. Aproximadamente un 20% dice sentirse sobrecargado de información, un descenso desde el 27% de hace una década, mientras que el 77% dice gustar tener tanta información disponible. Dos tercios (67%) dice que tener tanta información a su disposición de hecho les ayuda a simplificar sus vidas.

En segundo lugar:

[…] la mayoría de estadounidenses se siente a gusto con sus habilidades para lidiar con los flujos de información en su vida diaria. Es más, aquellos que tienen más dispositivos [en concreto: ancho de banda en casa, Smartphone y tablet] son aquellos que se sienten más en control de los datos y los flujos de información de los medios. Aquellos que se sienten más infoxicados tienen menos tecnología [en concreto, uno o ninguno de los tres dispositivos anteriores] y son más pobres, tienen menos educación y más edad.

De momento, tenemos una instantánea bastante significativa: el pefil de las personas que dicen sentirse infoxicadas es muy concreto, esto es: pocos recursos tecnológicos y sociales, y más edad. Por lo que parece, pasado ese umbral los efectos de la infoxicación son pocos y van a la baja.

Hay no obstante una tercera conclusión que muestra en qué condiciones la infoxicación se agudiza:

[…] cuando las instituciones esperan que las personas obtengan mucha información para llevar a cabo tareas [to bring a lot of information with them to carry out tasks] algunos norteamericanos encuentran oneroso manejar [to keep track of] el volumen de información necesitado. Casi la mitad (46%) dice que esta afirmación les describe “muy bien” o “bastante bien”: “Muchas instituciones con las que trato – escuelas, bancos, o agencias de gobierno – esperan de mí que reúna demasiada información para tratar con ellas”. Aquellos que se sienten así es más probable que afirmen que manejar la información les resulta estresante (56% contra 30%).

Esta tercera conclusión es significativa, pero no creo que sea nada que no pudiéramos haber supuesto: al fin y al cabo, parece normal que nos sintamos más ansiosos cuando haya una institución de peso (como una escuela o una agencia oficial) que nos demande información para llevar a cabo una actividad. Quizá lo podríamos expresar de otra manera: no sería tanto el volumen de información en sí lo que nos abrumaría, sino el hecho de que la demanda de información provenga de una entidad concreta para unos fines muy determinados.

Visto lo visto, vale la pena prestar atención a la conclusión general del informe de Pew Research:

Estos hallazgos sugieren que el concepto de sobrecarga de información puede que no sea la manera correcta de enmarcar las ansiedades sobre el volumen de información en la vida de las personas. Más bien, la sobrecarga de información es más situacional: situaciones específicas, como cuando las instituciones imponen altas demandas a las personas para llevar a cabo actividades, son las que crean un sentimiento de coste informacional para algunos norteamericanos.

Los resultados del informe cuadran con otras observaciones provenientes de la psicología sobre cómo tomamos las decisiones. En su día escribí una entrada para BiblogTecarios titulada El rompecabezas de la infoxicación donde mencionaba la obra de Barry Schwartz The paradox of choice: why more is less. En ella Schwartz habla de estudios que parecían mostrar que demasiadas opciones paralizan la decisión. No obstante, desde que fue publicada la obra ha habido otros estudios que han intentado replicar los resultados originales, sin éxito. El mismo Schwartz resumía la cuestión en el año 2014 en una entrevista para Pacific Standard:

A veces tener demasiadas opciones es paralizante, y otras es liberador, y todavía no sabemos qué determina qué dirección se toma en cada caso. Así que no creo que podamos decir de manera inequívoca que tener demasiadas opciones sea algo malo, porque no conocemos los límites de eso. Pero, en algunas circunstancias, tener demasiadas opciones sí es malo.

De por sí la abundancia de información ni determina la infoxicación ni puede hacerlo: sólo tiene sentido hablar de infoxicación, como dice el informe de Pew Research y Barry Schwartz, si tenemos en cuenta su naturaleza situacional. Y es que uno no puede sentirse infoxicado por cuestiones que no le interesan, en las que no había pensado nunca, o de las que sólo necesita una pincelada para saciar la curiosidad o hacer las tareas más inmediatas. E incluso si la cuestión interesa y necesitamos la información, puede que no todos respondamos de la misma manera: algunos, simplemente, optaran por “satisfacer”, es decir, por quedarse con la información que más fácilmente tengan a mano y que resulte lo suficientemente buena.

Por si esto fuera poco el sentimiento de estar infoxicado está ligado a situaciones económicas, culturales y tecnológicas concretas (paradójicamente, un mayor número de dispositivos y por tanto un acceso más fácil a la información no parece aumentar el sentimiento de estar infoxicado). Por tanto, la infoxicación además de situacional es encarnada: la infoxicación siempre se refiere a personas de carne y hueso, con propensiones determinadas y con estados mentales concretos.

 

Lo que he comentado me parece una cuestión relevante para los centros de información como las bibliotecas públicas. Y es que un aspecto importante de la estrategia de posicionamiento de las bibliotecas en los últimos años ha estado basado en presentar a los bibliotecarios como un remedio a la infoxicación, gracias a nuestro papel como expertos en búsqueda y gestión de la información.

Pero “la infoxicación”, como tal, no existe. Si “la infoxicación” es un reduccionismo, hablar de los bibliotecarios (y quizá de otros profesionales, como los content curators) como remedio a la infoxicación puede que también lo sea. Podría parecer una cuestión puramente semántica, pero los mensajes con los que nos definimos determinan en buena medida cómo nos comportamos y las acciones que llevamos a cabo. Quizá la poca finura con la que solemos tratar el concepto de infoxicación haya contribuido a una cierta rigidez a la hora de considerar líneas de acción; quizá esperábamos que, infoxicados como se suponía que estaban, los usuarios vendrían a nuestros centros a que les solventáramos la papeleta. La realidad podría ser que a los usuarios les vaya bastante bien sin nosotros para manejarse con la abundancia informativa. Salvo aquellas personas, claro está, más desfavorecidas social, económica y tecnológicamente.

Por supuesto que no niego que los bibliotecarios o los content curators no puedan ser considerados como un medio para combatir la infoxicación, pero sólo si ésta se entiende de esa manera situacional y encarnada: situaciones, actividades y colectivos específicos bien pueden favorecerse de una valiosa ayuda a la hora de buscar y presentar la información. Pero si las bibliotecas quieren llegar a un público cuanto más amplio mejor es necesario refinar el mensaje de la infoxicación, replantearnos su concepto y ver qué estrategias de actuación, más activas en cuanto a la creación y diseminación de información, podemos llevar a cabo.

 

*Las citas son traducciones propias de las originales inglesas

Imagen via Vickers Group

 

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2 comentarios en ““La infoxicación” no existe”

  1. Per als friquis de la terminologia més joves, només volia comentar que la paraula “infoxicació” és una creació del “clàssic” de la documentació Alfons Cornella (https://ca.wikipedia.org/wiki/Alfons_Cornella). Era l’any 1996 i en aquelles èpoques ell mateix redactava i distribuïa per correu electrònic la publicació Extra!-Net. Al número 187 (del 16/12/1996) es documenta la creació del terme: https://web.archive.org/web/20020202051758/http://www.infonomia.com/extranet/index.asp?idm=1&idrev=1&num=187

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