Y de mientras, ¿qué hacemos con la colección?

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Los días 16 y 17 de noviembre de 2016 tuvo lugar en Toledo el VIII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas. La edición giraba en torno a “las bibliotecas como espacio físico y virtual”.

No pude asistir personalmente, pero sí que pude hacer un seguimiento parcial de algunas de las ponencias gracias al buen hacer de muchas compañeras y compañeros que tuitearon el evento con el hashtag #8CNBP.

Ya hace unos días que el congreso clausuró y que se publicaron sus conclusiones generales. Pero a pesar de que sea ya a toro pasado, y que mi información sea parcial, no puedo evitar aprovechar para escribir unas reflexiones breves.

Tal y como escribí en Twitter, me daba la sensación de que había ponentes que estaban deseando tirar a la basura la colección de libros físicos, y casi que toda la colección física en general. Tal era el fervor con el que hablaban de cosas como el cambio de paradigma, de la necesidad de subirnos al carro de lo digital.

Por supuesto, y como también dije en Twitter, me parece imprescindible ese cambio a lo digital. Pero también me parece que mientras implementamos el cambio, habrá que hacer algo con las colecciones que ya tenemos. Claro que ya se llevan a cabo actividades relacionadas con la colección. Pero si el problema es, como se suele argumentar, que cada vez hay menos uso de la colección por parte de los usuarios, quizá convendría redoblar esfuerzos para amortiguar en lo posible esa pérdida. Y no parece que esta perspectiva esté en la agenda de eventos como el Congreso.

Sí, ya sé: la temática del Congreso de este 2016 no era ésa, al menos no explícitamente. Pero hay pronunciamientos que llaman la atención. Por ejemplo, en la página web del Congreso se puede leer respecto al espacio físico de la biblioteca:

Nos encontramos ante un cambio de paradigma dentro de nuestro ámbito profesional: de una gestión de la biblioteca desde el punto de vista de la colección tenemos que pasar, si no lo hemos hecho ya, a otra centrada en los servicios y en la gestión cultural.

¿Cómo? ¿Es que gestionar y dinamizar la colección física no entra dentro de la gestión cultural y de servicios? ¿Por qué suponer que son dos esferas opuestas entre las que hay que elegir?

En mi opinión, son dos esferas complementarias y necesarias a día de hoy, puesto que nuestro material sigue siendo predominantemente en formato físico. Pero esa complementariedad depende de que, en el contexto de crisis bibliotecaria, se busquen constantemente maneras de explotar, utilizar y dar a conocer la colección.

Sería de agradecer que un Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas no desterrara la discusión sobre esas cuestiones, más cuando tienen una relación directa con el espacio físico y el virtual. Y es que con respecto al espacio físico, por ejemplo, ¿por qué no hablar sobre la necesidad de replantear y de ampliar el concepto de “exposición bibliotecaria”?; ¿por qué no dar más visibilidad a las habilidades necesarias para construir alianzas con otros agentes culturales, habilidades necesarias para “vender” el fondo?; y con respecto al espacio virtual, por ejemplo, ¿por qué no hablar de si la content curation puede ayudarnos a difundir las colecciones entre los usuarios no-presenciales?

Por supuesto estoy haciendo trampa. Cuando los eventos ya han sucedido, es muy fácil sacarle punta a todo, ser crítico, y más cuando no se ha participado activamente. Pero mi intención no es tanto cargar las tintas contra el buen hacer de los ponentes (seguro que las ponencias fueron interesantes), como expresar mi descontento y desconcierto con ciertos planteamientos muy generales.

Por ejemplo, en las conclusiones del Congreso pueden leerse afirmaciones un tanto bizarras como:

La biblioteca pública es un espacio que pertenece a los ciudadanos. Ha de favorecer que el usuario haga suyo ese espacio y que lo moldee en función de sus expectativas y necesidades.

De acuerdo, la biblioteca pertenece a los ciudadanos, ¿pero los gobiernos locales no tienen también políticas de fomento de la educación, la lectura y la cultura? ¿Y por qué esas políticas han de ser incompatibles con la gestión de la colección?

Otra afirmación:

El contenido es importante pero no suficiente, hay que generar comunidad para crear inteligencia colectiva.

¿Qué demonios significa eso? ¿No se suele generar comunidad gracias a los contenidos? ¿Y por qué esos contenidos han de excluir a la colección física?

Repito: me parece imprescindible la transición a lo digital, pero también me parece imprescindible no borrar del mapa la discusión sobre la necesidad de dinamizar la colección. Y ello por motivos prácticos (las estadísticas de préstamo), teóricos (la obligación de las bibliotecas de fomentar la educación y el conocimiento), pero también para no sobrealimentar tendencias ya de por sí preocupantes como el confundir prescribir con “decirle al usuario lo que tiene que leer”, o el sonsonete de “no vale la pena, porque la gente ya no lee” o “esa materia no interesa a la gente”. Porque, ya se sabe, de aquellos polvos estos lodos…

Imagen via Wikimedia Commons

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