Solucionismo tecnológico contra las bibliotecas

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La situación de las bibliotecas públicas en el Reino Unido sigue siendo trágica, y sigue dando que hablar. Y mucho.

Hace unos días el ayuntamiento de la localidad de Walsall lanzaba la propuesta de cerrar 15 de sus 16 bibliotecas públicas (además de su galería de arte). Es una propuesta así que de momento no hay nada en firme, pero ahí está, sobre la mesa.

Es otro ejemplo de que las bibliotecas están en el punto de mira de mucha gente, pero la noticia más llamativa al respecto de la crisis la publicaba The Guardian este 27 de octubre. Según su artículo, una organización benéfica que apuesta por la inclusión digital, The Tinder Foundation (nada que ver con la app de citas), ha declarado sin reparos que algunas bibliotecas merecen ser cerradas. Y lo hace pocos días después de que se celebrase un debate en el parlamento inglés sobre la situación de las bibliotecas de la nación.

En su página web, The Tinder Foundation se define como una organización benéfica que…

apoya a las personas excluidas tanto social como digitalmente para mejorar su vidas a través de lo digital.

supports digitally and socially excluded people to improve their lives through digital.

El artículo de The Guardian recoge algunas declaraciones de la presidenta de The Tinder Foundation, Helen Milner, que también se pueden encontrar en un par de artículos en la página web de la fundación (aquí y aquí). Para abreviar, sólo destacaré algunas ideas.

Dice Milner que las bibliotecas no deberían estar protegidas a toda costa, en especial aquellas que no desarrollen todo su potencial. Ese desarrollo pasa por ofrecer más que préstamo de libros: el conocimiento ya no sólo se encuentra en los libros, ya que Internet ha tomado el relevo de repositorio de todo el conocimiento humano. Escribe Milner que las bibliotecas deberían reconvertirse para actuar como centro (“hub”) para la comunidad:

Los libros no son sinónimo de conocimiento, y tampoco son sinónimo de comunidad. Para ser centros comunitarios, las bibliotecas necesitan estar centradas en la inclusión social antes de centrarse en los libros. Y la inclusión social es parte de esa imagen.

Books are not synonymous with knowledge, and they are certainly not synonymous with community. To be community hubs, libraries need to be about social inclusion before books. And digital inclusion is part of that picture

De esta manera, las bibliotecas que no actúen según el espíritu comunitario deberían ser cerradas, para destinar sus recursos a otros centros u organizaciones que sí que estén en esa línea.

En uno de los artículos de The Tinder Foundation Milner es más explícita a la hora de explicar cómo son las bibliotecas que actúan como centros para la comunidad:

Algunas bibliotecas están haciendo un fabuloso trabajo a la hora de apoyar las necesidades de sus comunidades, usando medios digitales o de otro tipo para implicar y empoderar a los grupos excluidos o vulnerables. Están trabajando codo con codo con centros de trabajo, centros de consejo ciudadano, médicos de cabecera, organizaciones sociales y albergues, grupos de fe, centros comunitarios y caritativos. Están ofreciendo competencias digitales, clubs de trabajo, grupos de maternidad y de bebés, programas escolares, exposiciones de historia local y mucho, mucho más.

Some libraries are doing an amazing job of supporting the needs of their community, using digital and other means to engage and empower excluded and vulnerable groups. They’re working closely with Jobcentres, Citizens Advice Bureaux, GPs, social and sheltered housing organisations, faith groups, community centres and charities. They’re offering digital skills, jobs clubs, hosting community workshops, mother and toddler groups, school programmes, local history exhibitions and much, much more.

En el mismo artículo, Milner aprovecha para comentar que justo aquí es donde la Tinder Foundation puede ayudar, mencionando los servicios y productos que ofrece su organización.

Y llegados a este punto, me vais a permitir que comience la crítica.

Está muy de moda considerar que las bibliotecas deben ser centros comunitarios, pero la descripción que ofrece Milner de ese papel (y otras descripciones que pululan por el mundillo) pintan un retrato que las acerca más a los servicios sociales que a otra cosa (unos servicios sociales que parece que las autoridades del Reino Unido no pueden o no quieren ofrecer).

Nada en contra de que las bibliotecas extiendan sus competencias y servicios, claro. Pero no deja de ser llamativa esa saña y esa manía con la que se persigue a las bibliotecas que, según sus críticos, no quieren cambiar para reconvertirse en ese tipo de centros. De hecho, es algo más que una manía llamativa: es una falacia muy de nuestro tiempo, una vertiente más del solucionismo tecnológico.

En el caso de Milner, el solucionismo se condensa en esa frase que veíamos más arriba: las bibliotecas necesitan estar centradas en la inclusión social antes de centrarse en los libros. La  realidad, no obstante, es que antes de los libros no hay inclusión social posible, guste o no.

En la entrada Sobre la (in)utilidad de la lectura que escribí para BiblogTecarios mencionaba estudios que probaban que el nivel educativo es un predictor de éxito social (y por extensión de inclusión social): el descenso en la escala social se concentra en aquellas familias con menor nivel educativo. Como decía entonces, un buen nivel educativo no implica una gran pasión por los libros, pero sí que implica un considerable nivel lector.

Y lo que es más: en la misma entrada para BiblogTecarios también hablaba de un estudio elaborado por la Unión Europea que muestra que los jóvenes con buenas habilidades lectoras sacan más provecho de las oportunidades que ofrece Internet.

En resumen: la misión de The Tinder Foundation es muy loable, pero como suele pasar con este tipo de iniciativas equivocan el disparo para acabar asesinando a su aliado natural, la lectura… o para ser más exactos: la lectura de libros.

El solucionismo tecnológico se ha acabado imponiendo de tal manera que los mismos responsables de bibliotecas o sistemas bibliotecarios le dan crédito. En esta polémica de The Tinder Foundation Nick Poole, director de Chartered Institute of Library and Information Professionals, declara a The Guardian:

Necesitamos urgentemente un plan de desarrollo bibliotecario para supervisar el tipo de servicios modernos y vitales que Helen Milner contempla y que las comunidades necesitan.

We do urgently need a library development plan to oversee the kind of modern, vital services that Helen Milner envisages and communities need.

Es decir, que en lugar de reivindicar la centralidad de la lectura en el desarrollo de las sociedades y en la función de las bibliotecas, Poole le da la razón a Milner sin rechistar. No es un pecado exclusivo de Poole, ni mucho menos: en nuestro ámbito también se destila mucho eso de querer enterrar la lectura en favor de la función de “centro para la comunidad” (de servicios sociales, vamos).

El solucionismo tecnológico es el signo de nuestros tiempos, y me da que ya ha ganado la batalla de la ideología, del discurso público. A pesar de ello, los bibliotecarios no estamos obligados a dejar de defender el valor de la función “tradicional” de las bibliotecas, aun reconociendo que es necesario ampliar funciones. Eso sí, esa defensa pasaría por denunciar las falacias que contienen argumentos como los de Milner… si es que aún sabemos (o queremos) verlas.

Imagen via Public Libraries Online

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