Solucionismo tecnológico contra las bibliotecas

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La situación de las bibliotecas públicas en el Reino Unido sigue siendo trágica, y sigue dando que hablar. Y mucho.

Hace unos días el ayuntamiento de la localidad de Walsall lanzaba la propuesta de cerrar 15 de sus 16 bibliotecas públicas (además de su galería de arte). Es una propuesta así que de momento no hay nada en firme, pero ahí está, sobre la mesa.

Es otro ejemplo de que las bibliotecas están en el punto de mira de mucha gente, pero la noticia más llamativa al respecto de la crisis la publicaba The Guardian este 27 de octubre. Según su artículo, una organización benéfica que apuesta por la inclusión digital, The Tinder Foundation (nada que ver con la app de citas), ha declarado sin reparos que algunas bibliotecas merecen ser cerradas. Y lo hace pocos días después de que se celebrase un debate en el parlamento inglés sobre la situación de las bibliotecas de la nación. Leer más “Solucionismo tecnológico contra las bibliotecas”

El problema de la “Nueva Biblioteconomía”

Hace poco, di por casualidad con esta frase en Twitter:

Me resultó lo bastante llamativa como para querer tener más información del autor de la misma, ell cuál desconocía. Para vergüenza de mi ignorancia, he descubierto que R. David Lankes es un reputado investigador en el ámbito de la biblioteconomía en EEUU, ganador de diversos premios y becas, y aplaudido por su defensa del papel de la profesión.

Como muestra la condensada cita de Twitter, Lankes cree que la misión de las bibliotecas debe ser crear comunidades, algo que es omnipresente en su página web:

La misión de los bibliotecarios es mejorar la sociedad mediante la facilitación de la creación de conocimiento en sus comunidades.

The mission of librarians is to improve society through facilitating knowledge creation in their communities.

No creo que ningún bibliotecario mínimamente comprometido con su profesión esté en desacuerdo con este lema (digo mínimamente: no creo que para estar de acuerdo con esta postura mínima sea necesario ser un defensor acérrimo de nada).

¿Y cómo cree Lankes que hay que crear el conocimiento en las comunidades?: pues conversando:

Lankes reimagina la práctica bibliotecaria usando el concepto básico de que el conocimiento es creado mediante la conversación. Los nuevos bibliotecarios contemplan su trabajo como facilitadores de conversación: buscan enriquecer, capturar, almacenar, y diseminar las conversaciones de sus comunidades.

Lankes recasts librarianship and library practice using the fundamental concept that knowledge is created though conversation. New librarians approach their work as facilitators of conversation; they seek to enrich, capture, store, and disseminate the conversations of their communities.

Merece la pena recalcar lo que para Lankes es el conocimiento:

[…] el conocimiento no es simplemente una serie de hechos acumulados, sino mas bien una red de verdades personales y su relación entre ellas (el contexto).

[…] knowledge is not simply a set of accumulated facts but rather a web of personal truths and their relationship to one another (the context). 

En ese sentido, es comprensible que Lankes ningunée la misión “tradicional” de crear fondos, dado que los fondos parecen representar la visión de que el conocimiento no es sino hechos acumulados.

A esta visión en conjunto Lankes la denomina New Librarianship (Nueva Biblioteconomía). Con este panorama, voy a parafrasear lo que dijo Einstein en su día sobre la física cuántica: si esta es la nueva biblioteconomía, prefiero ser un zapatero.

No es que no crea que una de las misiones loables de la biblioteca sea crear comunidades, o fomentar la creación de conocimiento mediante la conversación. Mi problema con esta visión es que redefinir el conocimiento como una “red de verdades personales” es terriblemente equivocado.

Puede que el conocimiento sea más que hechos, pero los hechos cuentan, y mucho. Y es que uno puede tener una red de verdades personales formada por auténticas barbaridades, o inexactitudes en el mejor de los casos. El hecho de que sea una red “personal” no la convierte en más respetable, o en más digna, y por descontado no la convierte en más fiable o certera.

Lo que tenemos con esta Nueva Biblioteconomía es un reflejo del posmodernismo que se hizo un lugar de preeminencia en el mundo intelectual allá por la década de 1980. Así planteada la Nueva Biblioteconomía adolece de los mismos problemas, unos problemas que por desgracia parece que nunca acaban de entenderse y remediarse.

Si lo que se quiere es mejorar la sociedad, el mejor favor que los bibliotecarios pueden hacer es trabajar más, y no menos, en la creación de colecciones sólidas, de obras que reflejen el estado más actual posible del conocimiento de los diferentes ámbitos. Aunque tenga muy mala prensa, es necesario reconocer que hay verdades más justificadas y fundamentadas que otras, por mucho esas verdades menos fundamentadas o justificadas sean las nuestras.

Y es necesario hacerlo no sólo por una cuestión epistemológica, porque el mundo es como es querámoslo o no. También es necesario por una razón práctica: si despojamos a nuestras comunidades de la idea de la verdad, las dejamos sin el argumento más poderoso para conseguir mejorar la sociedad.

La biblioteca del futuro y el problema de la planificación 

Hace ya unos meses, Ester Omella y Enric Vilagrosa reseñaban en el Blok de BiD el plan estratégico de las bibliotecas públicas del Estado de Victoria, en Australia. Como dice el trabajo en su prefacio, el documento representa para los autores responsables una oportunidad para mirar más allá de los planes a corto plazo, y considerar cuál sería la mejor manera de preparar las bibliotecas de Victoria para el futuro, en la simbólica fecha de 2030.

Comentan Omella y Vilagrosa que durante la redacción del plan “se involucró a personal de las bibliotecas, políticos locales y stakeholders”. Para crear la “hoja de ruta” se utilizó una metodología consistente en, entre otros puntos:

·         Identificar las tendencias globales que pueden tener un impacto en los futuros servicios de la biblioteca pública.

·         Explorar alternativas de futuro, puntos de inflexión y respuestas estratégicas a las tendencias identificadas.

Dicen Omella y Vilagrosa:

Como resultado del proceso de reflexión se identificaron cinco tendencias sociales de futuro que, a su vez, dibujaban la evolución de la biblioteca hacia un escenario donde la creatividad y el trabajo con la comunidad toman gran relieve.

Con esa metodología y ese espíritu, no es extraño que Omella y Vilagrosa destaquen en su reseña como un valor del trabajo reseñado

el ejercicio de imaginar cómo quieren que sea la sociedad de aquí a unos años e identificar los ámbitos de trabajo de la biblioteca para conseguir esta sociedad que quieren.

En esa línea, Omella y Vilagrosa comentan:

El proyecto identifica que, como fuente local de información de la comunidad y de alfabetización del siglo XXI, las bibliotecas públicas tienen la oportunidad de jugar un papel importante en el futuro de sus comunidades […]

Por descontado que siempre es positivo que los planes estratégicos apuesten por un escenario en el que las bibliotecas jueguen un papel destacados. Aun así, me vais a permitir que sea un poco crítico con los esfuerzos planificadores.

Y es que si el futuro tiene algo destacable, es que es impredecible por su misma naturaleza. Eso no quiere decir que los planes no sean una herramienta útil o necesaria. Más bien, lo que implica es que dada la fuerte apuesta que suponen más nos valdría estar muy atentos a los sesgos, las preferencias implícitas o (por qué no decirlo) los intereses ocultos de los planificadores o de los stakeholders. Todos somos humanos y la investigación en psicología desde hace décadas muestra que nadie está completamente a salvo de esos factores.

Pensemos en el artículo de Steve Coffman sobre la decadencia y muerte del imperio bibliotecario. El discurso de Coffman tiene sus defectos, sin duda, pero en una cosa dio en el clavo: proyectos que parecían destinados a ser el futuro de las bibliotecas se quedaron por el camino, quizá por un exceso de optimismo, o quizá por la ceguera que produjo una planificación un tanto fantasiosa.

Aportar una dosis de escepticismo ante los discursos sobre el futuro en el mundo de la información siempre te hace quedar como una especie de cascarrabias, un dinosaurio de otra época. Me gustaría pensar que no es mi caso: no niego el valor de la prospectiva, de los escenarios y de las posibilidades de futuro, pero creo que hay que ser críticos con esa tendencia tan extendida a pensar en el mañana cuando, en ocasiones, a duras penas podemos decir que hemos hecho los deberes de hoy. Porque, al fin y al cabo, en el mundo de las bibliotecas puede que el futuro no sólo se cree, sino que también se descubra.

Imagen via encourage.ca