Los bibliotecarios como polinizadores

abeja

Supongo que a las y los bibliotecarios se les ha comparado con muchas cosas. Pero a mí, francamente, esta comparación me cogió totalmente desprevenido:

Como indican algunos de las etiquetas utilizadas, la imagen está relacionada con el papel de los teacher librarians, es decir, los bibliotecarios profesores, aquellos bibliotecarios profesionales que trabajan en bibliotecas escolares y que, además, cuentan con formación en el campo de la enseñanza.

Me parece una imagen bella comparar a los bibliotecarios-profesores con polinizadores cruzados: personas que, como dice la imagen, permiten a los estudiantes llenar los vacíos entre disciplinas, ayudándoles a evaluar los datos de manera crítica en diferentes esferas de la vida.

Pero, aunque me parezca bella, al menos en España esa imagen es ciencia-ficción. No porque no haya buenos profesionales, con ganas, iniciativa y comprometidos, al cargo de las bibliotecas escolares. Más bien es por el conocido estado de ruina de la mayoría de las bibliotecas escolares en sí: falta de medios, falta de planificación, falta de implicación por parte de la comunidad educativa,… En fin, falta de muchas cosas.

Aun así, creo que la imagen de los bibliotecarios como polinizadores cruzados se merece una reflexión.El concepto de “polinización cruzada” se puso de moda hace unos años, para describir la innovación interdisciplinar en diferentes ámbitos del mercado. Como dice un post en Yorokobu, los polinizadores cruzados no tienen por qué ser personas:

Los matices son muchos (y remezclables). Un biólogo como Juan Freire que investiga sobre arquitectura y organización de empresas es un polizinador cruzado, cierto. Pero una API abierta que permite, por ejemplo, cruzar Craiglist y Google Maps para crear Housingmaps, es un interfaz-polinizador cruzado. Y un hub físico como el MediaLab Prado donde trabajan personas multidisciplinarmente es un lugar-polinizador cruzado. Y MoveCommons, que pone en contacto a personas y colectivos con inquietudes similares, es una plataforma-polinizador cruzado. Y Kune, que facilita el trabajo digital colaborativo, es una herramienta-polinizador cruzado. Y Thingdiverse, un acervo virtual de diseños para objetos reales, es un almacén-polinizador cruzado.

No han faltado las plataformas que han dedicado artículos ha analizar y a proponer maneras de fomentar la polinización cruzada de ideas, como el blog FastCo Desgin.

A mí escritos como los mencionados me parecen muy bien, pero para mi gusto exhuman ese aroma a nuevo management que a veces se hace difícil de respirar. Para todos aquellos interesados en el pensamiento interdisciplinar, les recomendaría el maravilloso libro El pensador intruso de Jorge Wagensberg (podeís leer un artículo de Wagensberg sobre el pensamiento interdisciplinar en la revista Mètode).

Wagensberg es un pensador sutil y riguroso, por lo que su defensa de la interdisciplinariedad y de la fecundación cruzada de ideas no padece de los vicios de los apasionados de la productividad y del management. Más bien, Wagensberg se centra en analizar qué es lo característico de la interdisciplinariedad, y en fundamentar su razonamiento en el estudio mismo de la realidad.

Wagensberg utiliza un razonamiento (que podéis leer en el artículo de Mètode) que es, además, una perla literaria:

Digamos para empezar que la interdisciplinariedad es necesaria porque la realidad no tiene la culpa de los sucesivos planes de estudio que se pactan en escuelas y universidades.

Para añadir a continuación:

Pero reconozcamos en seguida que la interdisciplina es posible, claro, gracias a la existencia previa de disciplinas.

A pesar de la manía de clasificar el conocimiento en disciplinas, Wagensberg nos advierte:

[…] tales clasificaciones no parecen servir en el caso que nos ocupa porque el conocimiento es necesariamente impuro y mestizo, es decir: el conocimiento es interdisciplinario por naturaleza, por esencia, por definición. No puede no serlo, sencillamente.

Y, ¿cómo se crea nuevo conocimiento? Según el escritor:

Conocimiento es pensamiento transmisible a otras mentes. Para elaborar conocimiento a partir de un pensamiento se necesitan tres cosas: un pedazo inteligible de realidad, un método y un lenguaje.

Aquí está la clave del asunto, porque cada disciplina se dedica a un pedazo de realidad y la analiza con un método propio utilizando un lenguaje particular. El pensamiento y la creatividad interdisciplinar, pues, tiene que ver con la combinación de pedazos de realidad, métodos y lenguajes. En la historia han existido periodos, como la Viena de principios de siglo XX, en la que se ha favorecido esa mezcla aunque eso no ha sido siempre la norma. En este sentido, Wagensberg comenta:

Quizá no se pueda forzar el ambiente propicio a través de una política ministerial, pero sí se puede aumentar la probabilidad de una atmósfera en la que el creador se aficione a olfatear otros métodos, a manejar otros lenguajes y a nutrirse de otras complejidades.

Es ahí donde creo que las y los bibliotecarios, en particular de las bibliotecas públicas, pueden tener una importante función de polinizadores: favoreciendo la creación de atmósferas interdisciplinares. Uno de los motivos por los que decía que las bibliotecas públicas pueden juegar un papel importante en la innovación educativa.

Los fondos de las las bibliotecas públicas son interdisciplinares por definición, como la realidad misma. No obstante, almacenados en la estantería no sirven de mucho. Sería mucho más util y mucho más beneficioso para los usuarios que pensáramos en nuevas maneras para difundir las colecciones, en otras formas de hacer llegar al público las ideas que contienen las colecciones.

A mi modo de ver, eso implica un papel más activo del personal bibliotecario en la creación y difusión de ideas. Y eso, a su vez, implica de manera inevitable un mayor conocimiento del fondo y de los grandes ámbitos temáticos que lo conforman.

Para bien o para mal, creo que no puede ser de otra manera: estar más presentes en la vida de la comunidad implica poder “vender” mejor nuestros contenidos, y para ello hace falta conocerlos mejor.

Como ves, la tarea de un bibliotecario polinizador puede ser más compleja de lo que puede dar a entender una buena declaración de intenciones. Más compleja, pero también más útil y más gratificante.

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