Sobre Facebook, las noticias y los criterios de la curación de contenidos

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Y el escándolo alcanzó a Facebook… otra vez. Pero en este caso no por cuestiones relativas a la privacidad de los datos, sino por sus criterios de selección de las noticias que sirven a los usuarios. En un artículo del 9 de mayo de 2016, la plataforma Gizmodo denunciaba que antiguos trabajadores de Facebook declaraban haber intervenido activamente para suprimir noticias relativas al ala conservadora de la política de EEUU. El caso es grave, dado que Facebook presumía de utilizar algoritmos para determinar qué noticias servir a los usuarios, en base a su popularidad en la red.

La cosa no acabó aquí. El 12 de mayo de 2016 el diario The Guardian publicaba un artículo en el que desvelada un documento con guías explícitas sobre cómo seleccionar las noticias, dirigido a un pequeño grupo editorial que, supuestamente, se encarga de esa tarea.

Según The Guardian:

Las guías muestran intervención humana – y por tanto decisiones editoriales – en casi cada estadio del proceso de la operación de noticias populares de Facebook, un equipo que en un momento dado constó de hasta 12 personas.

The guidelines show human intervention – and therefore editorial decisions – at almost every stage of Facebook’s trending news operation, a team that at one time was as few as 12 people.

El mismo The Guardian, en un artículo posterior de Danny Yadron, discutía por qué el escándalo que rodea a Facebook es algo más que una anécdota utilizando un titular más que significativo:

La controversia sobre Facebook muestra que los periodistas son más complicados que los algoritmos.

Facebook controversy shows journalists are more complicated than algorithms.

El artículo recoge cómo cada vez más plataformas de medios sociales y de tecnología, como Apple, Twitter, Snapchat y Google, se han subido al carro de “curar” noticias con la intervención de un equipo humano. A pesar de las buenas intenciones de hacer una selección objetiva, como nos dice Yadron:

La cuestión para las compañías de tecnología […] es que curar noticias conlleva juicios políticos, a diferencia de vender smartphones o promover aplicaciones. Y como muchos curtidos periodistas de noticias pueden atestiguar, dichos juicios, cuando son hechos por humanos, nunca pueden considerarse neutrales en cuanto a valores.

The issue for technology companies, which seek to get just as many millions of conservatives as liberals to use their products, is that curating the news carries political judgments that selling smartphones and promoting apps don’t. And many seasoned news journalists can attest, such judgments, when being made by humans, can never be considered value-neutral.

Yadron comenta el caso de Twitter Moments, la selección de noticias de esa red social. Tras su lanzamiento, el analista Jay Rosen quiso entrevistar a los responsables del equipo de noticias, con un resultado decepcionante:

A pesar de que los responsables tenían una pasión real por los medios, no estuvieron dispuestos a proporcionar ningún tipo de declaración de misión sobre cómo Twitter documentaría “lo mejor” de lo que está sucediendo entre sus usuarios. “Hay una gran resistencia a profundizar en cuestiones editoriales cruciales”, declaró Rosen. “Una compañía editorial está creada para soportar la tensión de crear noticias, a diferencia de una compañía de tecnología”.

After Twitter launched Moments, media scholar Jay Rosen, who teaches at New York University, interviewed executives in charge of the news team. While the executives had a real passion for media, they were unwilling to give any sort of mission statement on how Twitter would document the “best” of what’s happening among users. “There’s a big resistance to digging through crucial editorial questions,” Rosen said. “An editorial company is built to withstand the tension of doing news, and a tech company is not.”

Dicho lo cual, Yadron se apresura a comentar que no hay demasiada evidencia específica de que las compañías de tecnología estén llevando a cabo una curación sesgada de noticias. A pesar de ello, el tema da que pensar. En mi caso, voy a hacer tres reflexiones rápidas.

Por supuesto, la primera reflexión inevitable tiene que ver con la ética informativa de dichas compañías y plataformas. Muchas de ellas se suelen presentar como las verdaderas defensoras de la democracia, por encima de los gobiernos corruptos y de los medios sesgados y anticuados. Como da a entender el caso Facebook, y recuerda The Guardian, el sesgo es inherente al ser humano. Así que ni Facebook, ni Apple, ni Twitter,… con su selección de noticias se libran de ese fenómeno de nuestra psique. Como usuarios, tenemos la responsabilidad de no picar el anzuelo, de no comulgar con mensajes facilones sobre la democracia informativa, y de desarrollar un verdadero espíritu crítico. Un buen sitio para comenzar podría ser conocer los mecanismos por los cuales se difunde y se mantiene la desinformación.

La segunda reflexión tiene que ver con la labor del curador de contenidos (content curator). En su día dediqué un post a comentar el complicado asunto del punto de vista del content curator en varios ámbitos de actividad, incluido el periodismo. Visto el caso Facebook, me reafirmo en lo allí dicho: cuanto más valor cívico posee una actividad, menos punto de vista propio debería aplicar el curator. Por supuesto que ni Facebook, ni Twitter, ni Snapchat, ni similares, se dedican al periodismo. Pero sus iniciativas de noticias sí presumen de ser una especie de alternativa al periodismo tradicional, ofreciendo a los usuarios lo que, supuestamente, de verdad importa. Así pues, si no se dedican al periodismo por activa, lo hacen por pasiva. Y el periodismo es una actividad con un indudable valor cívico. Por ello, no es aceptable, ni como sombra de duda, que se prioricen según qué noticias sin que los usuarios tengan claros los criterios utilizados. Como ejemplo de claridad en los criterios, Javier Guallar dedicaba un post a los criterios de Medium para seleccionar las noticias de su sección Collections.

Y la claridad en la elaboración de los criterios es la base para una tercera reflexión rápida. En otro post dedicado al punto de vista del content curator en biblioteconomía, escribía que (y disculpad la autocita):

[Para Daniel Mendelsohn] el buen crítico debe poseer no sólo conocimiento, sino el gusto necesario para transmitir su mensaje. Lo mismo creo que podríamos aplicar a un curator afincado en una biblioteca: decir de un contenido “me ha gustado” o “es muy bueno” es lícito, pero poco útil. Todos podemos decir de un libro, de una canción o de una película “me ha encantado” o “es genial”. Pero, en mi opinión, a un curator deberíamos poder exigirle más: deberíamos poder exigirle que sea capaz de argumentar de manera convincente y atractiva por qué ese contenido merece nuestra atención. Y eso implica normalmente poder ir más allá de un simple juicio de valor.

Como decía Danny Yadron en The Guardian, la declaración de intenciones de Twitter de curar las mejores noticias es poco útil si no sabemos por qué son las mejores. Es como esas listas de “los mejores libros” o “las mejores canciones”: ¿”mejores” en base a qué? Es un punto que creo que vale la pena considerar, porque no son pocas las iniciativas de content curation que utilizan una declaración parecida a: “los mejores contenidos sobre…”, o “los contenidos más relevantes de…”. Está bien, claro que sí. A todos nos gusta pensar que la materia prima de nuestra actividad de curación es la mejor o la más relevante. Pero lo que tendríamos que preguntarnos es: ¿por qué son “los mejores” contenidos?; ¿por qué son “los más relevantes”?

Quizá esas preguntas sean la base adecuada para poder crear una declaración de principios que sea útil y transparente para los usuarios. Creo que para poder crearla también es de utilidad que nos preguntemos en qué se basa nuestra estrategia de curación. Me explico.

Tal y como lo veo, y muy a grosso modo, existen dos polos opuestos en lo que hace a la curación de contenidos. En un extremo están aquellos curators que se basan en la estrategia de la escasez: los materiales raros o poco frecuentes son la base de su actividad, por lo que no pretenden curarnos de la infoxicación, sino añadir valor utilizando la escasez como materia prima. En el otro extremo, están los curators que se basan en la estrategia de la abundancia: la riada informativa es la materia de su actividad, el filón del que extraen sus contenidos. De una forma u otra, todos caemos en algún lugar de este continuo (o quizá en los extremos mismos). Lo importante es que sepamos articular dónde está nuestro sitio para que podamos redactar unos criterios de selección.

Claro que no hace falta que podamos hacerlo de manera exacta. Todos somos falibles, y siempre hay espacio para la mejora en aquello que hagamos. Pero si abogamos por valores como la transparencia, la objetividad y la democracia en el acceso a la información, les debemos el esfuerzo a nuestras y nuestros lectores.

Imagen via Marketing Land

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