La escuela innovadora, una oportunidad para las bibliotecas

Desde hace un tiempo, no son pocos los y las profesionales de la educación que reclaman un cambio en nuestras escuelas. Según nos dicen, los modelos educativos tradicionales ya no preparan a los alumnos para la vida del presente, y mucho menos para la del futuro. Memorizar materias ha dejado de ser relevante para lidiar en el mundo digital, en la postmodernidad líquida. Otro tipo de competencias son necesarias, y no sólo competencias de manejo de nuevas tecnologías: también trabajo en equipo, pensamiento crítico, empatía,…

En Cataluña, este empeño por el cambio de paradigma ha cristalizado en la iniciativa Escola Nova 21 , un término bajo el que se han asociado la Unesco, la Fundació Jaume Bofill, la UOC y la Obra Social La Caixa, y que pretende impulsar el cambio educativo. La intención del consorcio es la de ayudar a los centros educativos que así lo deseen a comenzar a realizar el cambio, dotándolos de herramientas, capacitación e indicadores de rendimiento. Además, a unos pocos centros seleccionados se les dotará de asesoramiento y capacitación intensivos.

Lo cierto es que parece que entre la comunidad de padres y madres de alumnos parece haber un fuerte deseo por participar del cambio. Tanto es así que, como explica una notícia de El Periódico, en Barcelona la demanda de plazas ha desbordado a las escuelas que apuestan por la innovación . Según cuenta la misma notícia, una de las consecuencias de esta avalancha ha sido la creación de una plataforma para pedir a las administraciones que amplíen la oferta de plazas de este tipo de centros.

Como recoge el diario Ara , el director del programa Escola Nova 21 y presidente del centro Unesco de Cataluña, Eduard Vallory, recalca que la nueva pedagogía aspira a dotar a las y los alumnos con una vida plena y con valores de ciudadanía. Además, según Ara, parece que la administración está por la labor de validar el cambio: el secretario de Polítiques Educatives de la Generalitat, Antoni Llobet, recalca que es importante que se sumen cada vez más actores.

Así las cosas , a mi entender la nueva escuela representa una buena oportunidad para que las bibliotecas se hagan valer y potencien su visibilidad en el ámbito educativo.

Y es que desde hace ya tiempo las normativas internacionales, y las declaraciones de intenciones y de misiones de bibliotecas de gran parte del mundo, coinciden justo en lo mismo en que ponen énfasis los defensores de la innovación pedagógica: es necesario dotar a las personas de competencias, aptitudes y valores que les permitan comprender mejor el mundo en el que viven y en el que vivirán, que les permitan formarse como personas de manera integral, y ser ciudadanos críticos y autónomos.

Principios todos ellos que se recogen en los proyectos de Alfabetización Informacional (ALFIN), que quizá han perdido un poco de fuelle debido a la irrupción de smartphones, de tabletas, y de una fuerte compentencia en el ámbito formativo por parte de otras instituciones. Con el cambio educativo, no obstante, no sólo se busca capacitar tecnológicamente, sino que como recuerda Vallory el objetivo es más amplio: una vida plena y con valores.

Así, los nuevos pedagogos podrían tener un aliado natural en la biblioteca pública. De hecho, el aliado natural en sí sería la biblioteca escolar, pero dado su desastroso estado, quizá sería más fructífero apostar por la colaboración entre centros y bibliotecas públicas.

Las bibliotecas públicas no sólo pueden proporcionar un espacio para el estudio. Además, pueden ponerse en valor sus extensos fondos dedicados a la formación en sentido amplio (competencias informacionales, cívicas, emocionales) que son las que seguro se reclamarán en un futuro cercano. Así, las vías de colaboración pueden ser múltiples: desde ofrecer los espacios, hasta guías temáticas, pasando por la realización de actividades conjuntas.

Nada que no se haga ya con las escuelas “tradicionales”, podrás pensar. Por supuesto, estoy de acuerdo en ello, y también estoy de acuerdo en que ésa es una línea de trabajo en la que hay que insistir. Pero la valoración y la predisposición con que los impulsores del cambio pedagógico pueden acoger nuestra oferta de colaboración seguro que no es la misma. Y todo ello teniendo en cuenta que los padres y las madres que quieren para sus hijos e hijas una escuela innovadora no tienen por qué pertenecer a una élite social ni económica. Como recoge la notícia de El Periódico que mencionaba más arriba, suelen ser personas comprometidas con los servicios públicos y los valores que representan.

Una buena, muy buena, oportunidad para las bibliotecas, ¿no crees?

 

 

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2 comentarios en “La escuela innovadora, una oportunidad para las bibliotecas”

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