Bibliotecas: ¿inventar el futuro, o descubrirlo?

El pasado 2015, Forbes publicaba un artículo de Steve Denning titulado Do we need libraries? En él Denning, un experto en management, reflexionaba de qué maneras las bibliotecas podrían encarar el futuro con más garantías de éxito (un título de artículo poco acertado, pues).

A pesar de la retórica de nuevo management que impregna todo el escrito, Denning hace algunas reflexiones que dan que pensar.

En particular, me llamó la atención una de las preguntas que, según él, las bibliotecas han de hacerse si quieren sobrevivir: ¿qué necesidades de las que los usuarios ni siquiera son conscientes podrían cubrir las bibliotecas? Me parece una cuestión de lo más pertinente y necesaria, que Denning expresa de manera muy llamativa:

No podemos resolver el misterio del futuro de las bibliotecas preguntado a los usuarios: ¡sencillamente no lo saben! Ellos no pueden imaginar las posibilidades, de la misma manera que los usuarios no podrían haberle desvelado a Steve Jobs el futuro de la música o de los teléfonos móviles. Una vez que los usuarios vieron esos aparatos, entonces dijeron: “sí, debo tenerlos” Así las bibliotecas deben imaginar un futuro que los usuarios desearán de verdad, aun cuando los usuarios mismos no sepan cuál es.

We can’t solve the mystery of the future of libraries by asking users what they want: they simply don’t know! They can’t imagine the possibilities, just as users couldn’t have told Steve Jobs the future of music or mobile phones if he had asked them. Apple had to invent the iPod and the iPhone. Once users saw those devices, they said, “Yes, I must have them.” So libraries must imagine a future that users will truly want, even though users themselves don’t yet know what that is.

No es necesario que vayamos a ciegas en este proceso. Según Denning. podemos utilizar métricas para seguir los deseos de los usuarios. Pero no las métricas que solemos barajar, como números de usuarios o volumen de circulación. Más bien, necesitaríamos métricas que nos mostraran la opinión de los usuarios sobre la utilidad de la biblioteca como un todo, para averiguar si les estamos satisfaciendo.

Para Denning, esta investigación nos podría ayudar a responder a nuevas preguntas:

¿Cuáles de las cosas que están llevando a cabo las bibliotecas son las que les gustan a los usuarios? ¿Cómo pueden hacer las bibliotecas más de esas cosas, y hacerlas antes, mejor, más rápido y de manera más conveniente, más personalizada? ¿Y cómo pueden las bibliotecas dejar de hacer cosas que los usuarios no valoran, o que les molesta?

What are the things that libraries are currently doing that users already love? How can libraries do more of those things, and do them sooner, better, faster and in a more convenient, more personalized way? And how can libraries stop doing things that users don’t value or that even annoy them?

Denning apostilla:

En otras palabras, quizá las bibliotecas no tengan que inventar el futuro. Puede que sean capaces de descubrirlo.

In other words, libraries may not have to invent the future. They may be able to discover it.

Creo que las reflexiones de Denning son útiles, aunque el autor provenga del management y no del mundo de las bibliotecas. Y eso porque entroncan con datos que parecen apuntar a que una buena estrategia para lidiar con la crisis que están atravesando las bibliotecas es, ni más ni menos, que potenciar aquello en lo que ya son fuertes: el libro y su uso.

Uno de los primeros posts que escribí en este blog mencionaba el famoso artículo de Steve Coffman sobre la decadencia y muerte del imperio bibliotecario. Allí decía que no estaba de acuerdo con la conclusión general de Coffman: dejar de lado todas las actividades que no tengan que ver con el libro físico, y centrarnos únicamente en éste. Creo que es necesario, imprescindible, seguir investigando las nuevas tecnologías y sus potencialidades. Pero también creo que los fondos, los equipos y el personal con el que ya contamos puede dar más, mucho más de sí. En este sentido, parece que hay datos que apoyan esta intuición.

Por ejemplo, esta semana se han conocido los datos sobre la lectura y el libro en España durante el pasado 2015. Según reseña el diario La Verdad se facturó un 3% más, una subida notable comparada con la que se produjo en 2014 (0’6 %). Además, la subida no sólo se debe al best-seller: la recuperación se atribuye fundamentalmente al libro técnico y profesional, y al educativo. También hay datos negativos, claro, como la desaparición de librerías o la piratería del libro electrónico, así como el lento funcionamiento de todos los actores del negocio (comparado con Amazon).

Es decir, sigue habiendo un mercado amplio para el libro en papel y, lo que es más, para el libro de conocimiento. Dice Antonio María Ávila, director ejecutivo de la Federación del Gremio de Editores de España (FGEE):

El libro tiene un papel cada vez más preponderante en la educación. Y se nos olvida la relevancia del libro profesional, ya sea de derecho, informática o medicina.

También en Cataluña se han dado a conocer, el lunes día 18 de abril, los datos sobre el libro y la lectura en el informe Hábitos de Lectura y Compra de Libros en Cataluña 2015. En el diario El País Carles Geli realiza un buen resumen de sus puntos principales.

Destaca que la cifra de catalanes que leen libros aumenta desde 2011, situándose en un 66’3 de la población, una buena noticia con matices: en primer lugar, la franja de lectores de entre 14 a 24 años ha caído en más de 20 puntos, tal y como si el ocio se derivara a otros lugares (¿nuevas tecnologías?). En segundo lugar, el incremento de lectores se da en la franja de lectores que ya son ocasionales, por lo que:

[…] en Cataluña leen de una manera más o menos asidua (como mínimo, una vez a la semana) la mitad de la población, no más (52’2%); es un baremo muy estable desde 2011 […]

A pesar de los matices negativos, tanto en Cataluña como en el resto del país, está clara una cosa: sigue habiendo un amplio público lector, y el libro en papel aguanta el embate del libro digital. A este respecto, es significativo que en un país como Estados Unidos la venta de ebooks descendió el año pasado. Como escribía en uno de los post de este blog, el libro en papel parece ser un muerto muy vivo.

Creo, modestamente, que sería un gran error que las bibliotecas no aprovecharan esta coyuntura. Sí, está claro que pasamos por dificultades. Carles Geli en El País menciona la situación de las bibliotecas públicas:

Un último toque de atención lo generan las bibliotecas. Tanto la asistencia, como el número de socios, como la cantidad de préstamos han descendido en los últimos cinco años, poco pero de manera continuada: unos cuatro puntos de media. El tercer mayor uso de esos centros, tras el préstamo o la lectura in situ, es el de los recursos informáticos o electrónicos ahí presentes. Los tiempos.

Seguro que esos descensos no se producen sólo en Cataluña. Por descontado, la situación es compleja pero, como digo, a pesar de los pesares hay un margen más que interesante: el libro en papel aguanta y se recupera; el público lector se consolida; la venta de libros crece.

Hay que estar ahí. Hay que desempolvar nuestros fondos y venderlos más y mejor. Una postura, por cierto, que defienden organismos importantes del ámbito. Hace poco un tuit de Rafael Ibáñez me hacía recuperar el informe de la OCLC de finales de 2015 The library in the life of the user:

El trabajo de la OCLC es un excelente repaso a los estudios más recientes sobre el comportamiento informacional de los usuarios (es decir, a cómo buscan y consumen información). La idea central es que una mejor comprensión de esos comportamientos podría llevar a mejorar la oferta de servicios de la biblioteca para, como dice el título, poder situar a las bibliotecas en la vida de los usuarios (y no a la inversa, intentando forzar a los usuarios a insertarse en la vida de las bibliotecas).

Ante la desintermediación que sufren las bibliotecas, el informe apuesta porque las bibliotecas se hagan presentes en la vida del usuario:

Reclutar y retener a individuos innovadores, creativos que están deseosos por conectar con los usuarios y abrazar nuevas tecnologías y modos de comunicación será imprescindible para el éxito de las bibliotecas en 2020. El acceso a la biblioteca y a sus recursos donde y cuando los usuarios lo necesiten (lo que puede que implique ser accesible en múltiples localizaciones físicas y virtuales), será esencial puesto que la conveniencia en el acceso a los recursos, ya sea humanos, impresos o electrónicos es el factor más crítico para los usuarios.

Recruiting and retaining innovative, creative individuals who are willing to engage with users and to embrace new technologies and modes of communication will be imperative for the success of the library of 2020. Access to the library and its resources when and where users need them (which may involve being accessible in multiple physical and virtual locations), will be essential since convenient access to resources, whether human, print, or electronic is the most critical factor for users.

 

Repito: es necesario seguir la pista a las nuevas tecnologías e implicarse, pero el público sigue consumiendo aquello por lo que las bibliotecas son más conocidas: los libros. Lo que sucede es que es más que difícil que nuestros fondos se utilicen si siguen dormitando en las estanterías. Como dice la OCLC, hay que hacer que el acceso sea lo más directo posible. No puede ser que grandes áreas de la colección estén perpetuamente condenadas a la penumbra cuando, como dice el informe del gremio de editores español, hay una demanda real y pujante por el libro técnico, profesional y educativo. La gente quiere leer y lee, por lo que hay que jugarse el todo por el todo. Hay que ponerle a la gente los libros en las narices.

Como implican los discursos de Denning y Coffman, quizá no estaría mal darle a los usuarios más de aquello por lo que más nos conocen, esto es, el libro y la lectura. Y es que, como dice Denning, no podemos adivinar qué es lo que va a querer el usuario en el futuro, porque quizá ni ellos mismos lo sepan. Sí, hay que seguir investigando sobre nuevas formas de hacer, pero también hay que estar en el presente, trabajar, dar crédito a aquellos profesionales implicados con vender los servicios de la biblioteca, desempolvar nuestros fondos. No vaya a ser que nos obsesionemos tanto con el futuro que, cuando éste llegue, las bibliotecas ya no tengan un lugar en él por haber perdido el presente.

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2 comentarios en “Bibliotecas: ¿inventar el futuro, o descubrirlo?”

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