Una nueva especie: el troll intelectual

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La figura del troll es ya un clásico de Internet. Se los puede encontrar en los más diversos foros, actuando siempre de la manera más dañina posible. Pero no todos los trolls son iguales. Kerry Butters, en markITwrite, dice haber identificado un nuevo tipo de troll: el troll intelectual.

Según nos dice en su artículo, Butters ha identificado a esta nueva especie indagando en las secciones de comentarios de varias publicaciones. ¿Qué es lo que hace de este troll una nueva especie?

Butters lo expresa de manera muy clara (y con humor):

A estos trolls les gusta pasar su tiempo ofreciendo su opinión como si ésta fuera la única que contara en el mundo, y dando a entender lo atrevido que eres por querer discutir con ellos. A menudo, su opinión está respaldada por varios links – que siempre pertenecen a buenas fuentes – que les sirven para argumentar su posición. Ellos nunca cometen un error de ortografía, y su discurso suele estar plagado con un despreciativo vocabulario académico que sirve para proclamar: “vosotros, gente, sois tan estúpidos”

These trolls like to spend their time offering up their opinion like it’s the only one in the world and how VERY dare you ever argue with them. Often, their opinion is backed by various links – which are always well-sourced – that serve to prove their point. They never make a spelling mistake and their discourse is often dripping with a sneering academic vocabulary that all but shouts “you people are SO stupid.”

Hay un aspecto importante de estos trolls que Butters nos quiere hacer notar:

Estas personas no están interesadas en entablar conversación contigo, la publicación en cuestión, o con quien sea. Lo que están buscando secretamente es la afirmación de su intelecto, aunque nunca lo admitirán.

These people are not interested in engaging with you, the publication in question, or anyone else. What they are secretly seeking is affirmation of their intellect, although they would never admit it.

Aunque el artículo de Butters tiene buenas dosis de humor, también contiene una recomendación seria con la intención de hacernos reflexionar para no acabar convertidos nosotros mismos en un troll intelectual:

[…] otorga a la gente el beneficio de la duda. Implícate en discusiones útiles si te diriges a la sección de comentarios. No caigas en la tentación de corregir los errores gramaticales de los otros y no quieras reforzar tu autoestima menospreciando a los demás – o peor aún, no asumas que eres mejor que nadie […]

[…] give people the benefit of the doubt. Get involved with useful discussions if you find yourself being drawn into comment threads. Don’t be tempted to correct the spelling of others and don’t attempt to boost your own self-worth by putting down others – or worse assume that you’re better than anyone else […]

 

Da que pensar: Butters hace referencia en su post a la manía de los trolls intelectuales por corregir la gramática ajena. Parece ser que esa manía no es una pose, sino una tendencia asociada a determinados rasgos de personalidad, como comenta el blog PsyBlog al reseñar un artículo publicado en PlosOne. Según las principales conclusiones, los introvertidos tienen más tendencia a juzgar a una persona de manera negativa por sus errores gramaticales. Así mismo, las personas que son más sensibles a los errores gramaticales son también menos predispuestos al acuerdo.

Estudios como el de PlosOne son interesantes porque muestran lo acertado de una de las reflexiones de Butters: en principio, cualquiera de nosotros podemos acabar convertidos en un troll intelectual, llevados por nuestros intereses y por nuestra peculiar personalidad. No hay una manera fácil de mantener a raya esas tendencias, aunque un buen principio puede ser, como nos recomienda Butters, examinar nuestro comportamiento online y repasar las normas de netiqueta.

Y, cómo no, siempre viene bien recordar uno de los principios éticos fundamentales del buen pensamiento crítico y de la buena argumentación: el objetivo de una discusión nunca puede ser infravalorar, menospreciar o despreciar la opinión ajena. De lo que se trata es de seguir los principios de la racionalidad para hallar la verdad de los asuntos. Por tanto, a pesar de nuestras tendencias humanas, siempre inevitables y en ocasiones comprensibles, no deberíamos olvidar el buen pensamiento crítico nunca debería ser una competición, ni un medio para reafirmar el ego.

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