El punto de vista del content curator en biblioteconomía

punto de vista

Hace algún tiempo escribí en este blog un artículo llamado El punto de vista del content curator: un asunto espinoso. El artículo estaba dedicado a reflexionar sobre uno de los puntos que se supone que otorga un valor a la actividad de la content curation: la capacidad del curator de otorgar valor, de ofrecer un punto de vista personal a los contenidos “curados”. Y es que, se suele argumentar, sin esa capacidad, sin la dotación de sentido a los contenidos, éstos quedarían como un conjunto disperso, y la actividad no tendría más valor que la agregación que pueda llevar a cabo un algoritmo.

En mi post escribía que aunque el argumento que acabo de mencionar suele ser correcto, no es menos cierto que puede y debe ser matizado. Y es que la content curation se lleva a cabo en diferentes campos en los que el punto de vista del curator puede ser más o menos bienvenido. Como norma general, escribía entonces, cuanto más valor cívico posee la actividad, más objetividad se requiere, y por tanto es deseable menos punto de vista propio del curator .

Cómo no, esto es una generalización, por lo que los casos específicos pueden salirse más o menos de este esquema. Pero como regla creo que es válida para fomentar un poco de crítica por lo que a la labor del curator se refiere. En aquel post, quedó pendiente de analizar el punto de vista del curator en un campo al que también se aplica la content curation: la biblioteconomía. Y eso es de lo que va este post.

De nuevo, voy a tener que hacer algunas generalizaciones. Y, de nuevo, espero que esas generalizaciones sean tomadas como una manera de fomentar la reflexión, más que como una propuesta de normas inamovibles.

Pongámonos es situación. Un profesional de bibliotecas públicas decide llevar a cabo un proyecto de content curation en el marco de su institución. Con ello, pretende fomentar el conocimiento de la colección de su institución, al tiempo que gracias a contenidos generados por otros posiciona a su biblioteca como una fuente de información de referencia. ¿Cuánto punto de vista propio es deseable que aplique a su actividad?

Por motivos prácticos, es frecuente dividir la colección de una biblioteca pública en dos grandes bloques: ficción y no-ficción. La división puede ser más o menos difusa, o más o menos arbitraria, pero al menos tiene cierta justificación. Además, una división nos permite comenzar a crear un marco para que podamos hablar sobre la actividad de “curación”.

Así pues, la pregunta ¿cuánto punto de vista propio es deseable que aplique a su actividad?, puede ser dividida en: ¿cuánto punto de vista propio es deseable que el curator aplique a la difusión de contenidos de ficción?; y ¿cuánto punto de vista propio es deseable que el curator aplique a la difusión de contenidos de no-ficción?

Comencemos con los contenidos de ficción. Para hablar de ello, me voy a servir de otro post que escribí en este blog: Cómo ser un buen crítico cultural… ¿y un buen content curator? Allí, gracias a las reflexiones del crítico cultural Daniel Mendelsohn, sugería que ciertas características de un buen crítico cultural podrían aplicarse a un buen content curator. Mendelsohn utilizaba una fórmula para definir la actividad ideal de un crítico que encuentro muy relevante:

Conocimiento + Gusto = Juicio significativo

Según la fórmula de Mendelsohn, un buen crítico cultural ha de poseer el suficiente conocimiento de la materia de la que habla, y el suficiente tacto y buen tino como para poder decir algo relevante sobre lo que quiera que esté hablando. Y es que, según Mendelsohn:

el crítico es alguien quien […] está ansioso por dar sentido a ese nuevo fenómeno, por analizarlo, por interpretarlo, por hacerlo significar algo.

Ese “hacer significar algo” es más necesario cuanto más raro es el contenido que se está comentando. Y es que cuanto más alejado esté el objeto de la crítica del conocimiento público, más necesario es diseccionarlo en profundidad para que el juicio sea relevante para la persona que lo esté consumiendo.

Creo que estas breves líneas en torno a la crítica cultural nos da, por paralelismo, una buena guía para determinar cuánto punto de vista necesita aplicar el curator en los contenidos de ficción. Podríamos expresar esta guía así: cuanto más escaso sea el contenido de ficción a compartir, tanto más punto de vista propio hay que aplicar.

La dificultad en este punto está en que las bibliotecas públicas son instituciones de carácter universalista, por lo que es difícil decir a priori cuál es el conocimiento que el público pueda tener de un determinado contenido. No obstante, ante la duda parece preferible ofrecer más contexto que menos. Al fin y al cabo, también se presupone que el público no tiene por qué ser especialista en todas y en cada una de las materias que puede haber en una biblioteca.

Hay un punto relacionado que merece la pena comentar en este momento. Volviendo de nuevo a Mendelsohn, el buen crítico debe poseer no sólo conocimiento, sino el gusto necesario para transmitir su mensaje. Lo mismo creo que podríamos aplicar a un curator afincado en una biblioteca: decir de un contenido “me ha gustado” o “es muy bueno” es lícito, pero poco útil. Todos podemos decir de un libro, de una canción o de una película “me ha encantado” o “es genial”. Pero, en mi opinión, a un curator deberíamos poder exigirle más: deberíamos poder exigirle que sea capaz de argumentar de manera convincente y atractiva por qué ese contenido merece nuestra atención. Y eso implica normalmente poder ir más allá de un simple juicio de valor.

En resumen: en los contenidos de ficción, la rareza o la escasez ha de ir acompañada de más punto de vista, y de más gusto en el análisis.

Pasemos a ver el caso de los contenidos de no-ficción. Como biblioteca de carácter universal, a menudo se dice que la biblioteca pública ha de proveer a sus usuarios de materiales que cubran los diferentes puntos de vista implicados en las temáticas de las que tratan sus documentos. Como declaración de principios es más que adecuada. Es una manera de asegurar el acceso universal a la información, sin censuras previas. No obstante, a la hora de divulgar contenidos de no-ficción no tiene por qué ser una buena estrategia.

Para argumentarlo, voy a utilizar otro post de este blog: Por qué estamos confundidos sobre lo que opinan los expertos. Allí escribía sobre un estudio llevado a cabo por el psicólogo Derek J. Koehler. La intención de Koehler era simple. Según el psicólogo, nos hemos acostumbrado a pensar que es beneficioso que el público cuente con información sobre los diferentes bandos implicados en un tema polémico. Con ello, se dice, el público estaría en mejor disposición de considerar cuáles de las diferentes opciones son las más fiables.

No obstante, lo que halló Koehler desafía esta idea. Koehler mencionó a algunos sujetos información sobre diferentes posturas en temas controvertidos, dejando claro de qué lado estaba la opinión mayoritaria de los expertos. El sentido común nos diría que otorgaríamos nuestra confianza a la opinión mayoritaria, a pesar de haber tenido acceso a las opiniones marginales. Los resultados de Koehler probaron que

[…] ser expuestos a los comentarios conflictivos hacía más difícil para los participantes el distinguir los temas en los que la mayoría de los expertos estaban de acuerdo […] de aquellos en los que había un desacuerdo sustancial […].

La razón de este efecto podría estar, según Koehler, en la manera en que nos representamos la información:

[…] cuando se nos presentan comentarios de expertos en cada bando del asunto, producimos una representación mental del desacuerdo que toma la forma de una persona en cada bando, lo que de alguna manera contamina nuestra impresión de la distribución de opiniones en la población mayor de expertos.

Puede que nuestro instinto, o nuestras preferencias personales, nos lleven a pensar que es deseable proporcionar información sobre las diferentes partes implicadas en una polémica. Pero, como acabamos de ver, eso puede hacer más mal que bien. Y es que el público (en general, no sólo los usuarios de la biblioteca) también son víctimas de ese fenómeno llamado sesgo de confirmación: la tendencia a escuchar lo que se quiere escuchar, descartando información que contradiga nuestras creencias.

Es un equilibro complicado: el ideal de difusión universal de la información, sea cual sea el punto de vista; y la necesidad de ofrecer información veraz. Y es que, como no me canso de repetir, difundir conocimiento verdadero también es una de las misiones de la biblioteca pública.

Así pues, es mi opinión de que en temas controvertidos de no-ficción, el content curator en una biblioteca debería moderar su propio punto de vista, y dar preferencia a la mayoría de la opinión experta. Puede ser difícil determinar dónde está la mayoría de esa opinión en temas complejos sobre los que no tenemos formación. Además, la ciencia nunca se detiene, y lo que hoy se afirma con certidumbre pueda que sea revisado pasado mañana. Pero, oye, nadie dijo que “curar” contenidos tuviera que ser fácil…

Como os decía al comienzo del post, he tenido que hacer algunas generalizaciones con la intención de que estas ideas puedan fomentar la reflexión. Si lo he logrado, espero que ahora mismo te estés haciendo unas cuantas preguntas…

Imagen vía The MediaNet

Anuncios

Un comentario en “El punto de vista del content curator en biblioteconomía”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s