Necesitamos una erótica bibliotecaria

“Erótica bibliotecaria” no es una expresión inventada sólo como medio para llamar tu atención y que leas este post. Y no, no tiene absolutamente nada que ver con las compañeras que trabajan en las bibliotecas. Es una fórmula que tiene su lógica, así que dame un minuto para que me explique.

El diario digital Núvol publicaba un artículo (en catalán) que recogía una ponencia de Bernat Puigtobella en el ciclo de conferencias “Els llibres i els dies”, organizado en Vilafranca para debatir sobre la situación del sector editorial. La intervención de Puigtobella estaba dedicada al triunfo editorial de Marta Rojals, una escritora enigmática que parece ajena a los mecanismos tradicionales del mercado. Según Puigtobella, Rojals ha triunfado porque …

ha entendido muy bien los nuevos mecanismos de prescripción y la crisis de la erótica editorial.

¿Y qué es la “erótica editorial”?:

Por erótica editorial entendemos aquella capacidad del editor de conectar al autor con el lector, de generar un espacio de deseo entre un catálogo y un público determinado.

Cuando leí el artículo, pensé que los paralelismos entre estas ideas y las bibliotecas eran demasiado obvios como para dejarlos escapar. Y es que hay pocas cosas que nos resulten tan necesarias en estos momentos como pensar en nuevas maneras de generar un espacio de deseo entre los usuarios de las bibliotecas y los materiales que forman nuestros catálogos. En otras palabras, lo que necesitamos es generar, mantener y fortalecer una erótica bibliotecaria.

Ése es el razonamiento de fondo que me llevó a escribir un par de artículos en este blog, en los que propongo que, a mi juicio, se puede fortalecer la difusión de los fondos bibliotecarios de dos maneras.

Por un lado, en el ámbito físico, aplicando la “curación” de contenidos (content curation) a las tradicionales exposiciones bibliotecarias. Con ello podríamos ganar una mayor amplitud a la hora de mover nuestros fondos, a la hora de sacar a la luz temáticas (e incluso secciones completas) que suelen quedar marginadas frente a otras supuestamente más atractivas.

Por el otro, aprovechando el ámbito digital para que las bibliotecas difundan no sólo su información administrativa o su agenda de actividades, sino también para que las bibliotecas se posicionen en el ámbito digital como verdaderas difusoras de las ideas que encierran sus fondos.

Sobre este último punto hay unas frases en el artículo de Puigtobella que también me parecieron muy pertinentes para las bibliotecas. Según el autor, las editoriales pueden fortalecer la erótica editorial atendiendo a los espacios digitales:

El editor comienza a entender que si bien su negocio continúa siendo el libro en papel, la conexión con el lector la tiene que establecer cada vez más por circuitos digitales. Las reseñas y las noticias de los libros han migrado a los medios digitales. Hoy en día el boca-oreja se da sobre todo en Twitter y en Facebook. La venta de libros en papel se consuma cada día más en la red, sea a través de Amazon o de plataformas como Llibres.cat o Liberdrac. Por tanto, un tuit bien escrito y bien retuiteado puede ser clave. Un enlace bien puesto puede ser oro.

Hay otro escrito sobre la situación de la industria editorial que me ha parecido que conectaba con lo necesario que es que reflexionemos sobre cómo fortalecer la erótica bibliotecaria. Esteban Hernández escribía en El Confidencial un mordaz artículo en el que venía a acusar a las editoriales de una toma de postura casi victimista ante la crisis del sector. Por supuesto, dice Hernández, la situación es complicada y los problemas son reales, pero la postura de las editoriales no ayuda en nada a controlar la situación. Hay que afrontar la crisis, dice Hernández: se están perdiendo lectores, por lo que hay que trabajar duro para poder hacerse un espacio en un entorno que ya no es favorable. Pero no es imposible… eso sí, siempre que haya la voluntad de, al menos, intentarlo. Hernández escribe así unas frases cercanas a la idea de la erótica editorial de Puigtobella:

La industria editorial ha ejercido una labor mediadora, que consiste en esencia en elegir contenidos, intentar mejorarlos y conseguir que la gente se interese por ellos. Es verdad que los modelos están cambiando y que pueden ir a peor, pero las editoriales, si quieren tener un papel en este tiempo, tienen que seguir haciendo eso, y de una forma mucho más eficaz que la actual. Pueden acudir al apocalipsis que nos espera para justificar sus errores, pueden señalar al lector como limitado como causa última de su descenso en relevancia, o pueden empezar a pensar de forma inteligente y pragmática cómo conseguir que el libro sea valioso para nuestra sociedad.

Es ese pensamiento inteligente y pragmático el que creo que necesitamos en las bibliotecas. Hay que vender lo que tenemos, y hay que hacerlo más y mejor: buscar alianzas, atender de nuevas maneras a nuevos colectivos, utilizar las redes para difundir ideas, ser amplios de miras a la hora de mover la colección física,… Ninguna de esas actividades por separado será la salvación de las bibliotecas, pero la suma de todas juntas puede ser relevante. Y no sólo para nuestra propia supervivencia como instituciones, sino también para contribuir a la difusión del conocimiento, de la imaginación y la cultura, funciones centrales de las bibliotecas. Hernández expresa esa defensa del conocimiento y la cultura en unas de las mejores frases de su artículo:

Es imprescindible caer en la cuenta de que el futuro del libro es importante mucho más allá de quienes están implicados de un modo u otro en él. Y, en este sentido, da igual el soporte: es irrelevante que sea en papel, en formato digital o en rollos de pergamino. Lo esencial es que las reflexiones de largo aliento, aquellas que tocan al ser humano, que lo transforman, que lo reconfortan o que lo ilustran, pervivan. Sea una novela o un ensayo, no nos podemos permitir que la capacidad de ahondar en el ser humano, en sus condiciones de vida, en sus contradicciones y grandezas o en las estructuras que le albergan, desaparezca.

Es tiempo, pues, para la imaginación, para crear maneras de difundir todo el conocimiento acumulado en nuestras instituciones. La situación no es fácil, pero no podía ser de otra manera. Aun así, vale la pena intentarlo.

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Un comentario en “Necesitamos una erótica bibliotecaria”

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