El punto de vista del content curator: un asunto espinoso

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Uno de los supuestos más repetidos en el ámbito de la “curación” de contenidos es que el valor de esta actividad depende, en gran parte, de un factor peculiar: la voz propia de la persona que la practica. Podemos decir voz, o punto de vista, o criterio, pero el concepto sigue siendo el mismo: gracias a ese factor, la curación de contenidos se diferencia de otras actividades que se pueden llevar a cabo de manera automática, como la agregación. Así, el punto de vista personal es lo que añade, o al menos debería añadir, valor a la content curation.

Comparto esta idea, y de hecho es uno de los principios que me parece que hacen que esta actividad sea tan atractiva para gente de diversos ámbitos. Pero también me parece que el recurso al punto de vista del curator también tiene problemas interesantes.

shirky_excedente cognitivoHace algún tiempo, escribí en otro lugar un post en el que relacionaba la content curation con algunas ideas de la obra de Clay Shirky Excedente cognitivo. En concreto, hablaba sobre la escala de valor que Shirky considera que se puede aplicar a los proyectos colaborativos que facilitan las nuevas tecnologías.

El primer lugar de esa escala lo ocupa el valor personal, que es aquel que es producto del intercambio entre individuos descoordinados (como cuando se comparten fotos en una red social como Flickr). A continuación encontraríamos el valor comunitario, que se genera cuando un grupo de individuos conversan o colaboran entre sí. Parecido a éste es el valor público, en el que la participación está abierta a cualquier individuo. Finalmente, tenemos el valor cívico, en el que el objetivo de la colaboración es mejorar la sociedad en algún aspecto.

Como decía entonces, aunque Shirky aplica estos valores a la manera en que los individuos colaboran en proyectos, creo que también podemos aplicarlos a la manera en que compartimos contenidos y, cómo no, a las motivaciones que nos impulsan a curar contenidos. Por ejemplo, comenta Shirky sobre el valor personal:

Este “intercambio congelado” crea un gran valor potencial. Enormes bases de datos de imágenes, textos, vídeos y demás incluyen cantidad de artículos que nunca se han visto o leído, pero cuesta poco mantenerlos disponibles, y pueden ser útiles para una persona al cabo de los años. (p. 192)

No sólo para una persona,  sino para un número potencial indeterminado de personas si esos contenidos son “curados”, es decir: econtrados, seleccionados y puestos a disposición de otras personas ofreciendo contexto, de manera que se pueda apreciar su importancia.

Pensemos ahora en los campos donde se puede llevar a cabo la content curation. Tomemos, por ejemplo, los ámbitos que Javier Guallar suele mencionar: biblioteconomía y documentación, marketing, periodismo, educación y marca personal. Añadamos además el ámbito de los blogs y demás productos personales, que sólo se mantienen por el gusto mismo de hacerlo, y el ámbito de la investigación científica. ¿Podemos aplicar la escala de valor de Shirky a esos ámbitos? Creo que sí. Mi propuesta (sí, el maravilloso gráfico lo he hecho yo):

CC_VALOR CIVICO

Por supuesto, es una propuesta orientativa. El orden de los ámbitos a lo largo de la recta puede variar, pero creo que podemos conceder que un blog personal tiene menos valor cívico que la educación y el periodismo. Aunque siempre puede haber excepciones, en principio el número de personas que se pueden beneficiar de la curación de contenidos aplicada al periodismo es mayor que el que se puede beneficiar de esa misma actividad aplicada a un blog personal. Y lo que vale para el blog personal también podemos decirlo de la marca personal. No es que esas dos actividades (blog, marca) no sean valiosas. Lo que sucede es que la educación y el periodismo tiene un mayor valor cívico, al redundar (al menos en teoría) sobre toda la sociedad.

En este punto, creo que nos topamos con el quid de la cuestión: ¿qué grado de “punto de vista personal” puede soportar una actividad de content curation en un campo de alto valor cívico? Pensemos de nuevo en el periodismo, porque creo que muestra muy bien lo que quiero decir.

La objetividad pura en un área del conocimiento no se consigue nunca. La objetividad funciona más bien como un ideal que sirve para regular dichas actividades, para orientar su proceder. Así, la objetividad pura en el periodismo puede que no exista, ni tampoco en la ciencia o la educación. Pero está claro que la falta total de objetividad en cada uno de esos ámbitos no es una opción que parezca deseable. Podemos defender que exista cierto espacio para que un curator en el ámbito del periodismo aporte su toque personal a la hora de seleccionar los contenidos que quiera transmitir. Pero en el periodismo la objetividad es un valor en sí mismo. Un pequeño exceso de toque personal puede decantar la “curación” hacia la información sesgada. Otro pequeño exceso, y podemos entrar de lleno y casi sin darnos cuenta en la manipulación. Como escribí también en su día, el problema de las noticias no suele ser la falta de contexto, sino el exceso.

Lo mismo sucede en la ciencia. Puede que no podamos hablar de una objetividad pura, pero sigue siendo cierto que la objetividad es un bien en la ciencia por el que hay que velar. Un curator puede aplicar su toque personal a la hora de hacer su selección, o de presentar los contenidos, pero ese gusto personal no puede estar por encima de la objetividad que la ciencia requiere. De lo contrario, el toque personal puede degenerar en contenidos que no sólo no difunden conocimiento, sino que además provocan desinformación.

A medida que disminuye el valor cívico de la actividad de “curación”, se crea nuevo espacio para que el curator aporte su criterio de una manera más libre. Esto es evidente en los ámbitos de productos de información personal como un blog, una cuenta en Scoop.it o Twitter,… También se aplica en cierta medida a un ámbito en el que la content curation ha hecho fortuna: el marketing. Por supuesto que ningún marketer quiere engañar a sus potenciales clientes, pero aquí es la seducción, más que la objetividad, el valor predominante.

Gráficamente (sí, también he hecho éste):

CC_OBJETIVIDAD

Lo que viene a decir este gráfico se puede resumir en una frase: a más valor cívico, menos espacio para el punto de vista personal del curator.

Cuando escribía los primeros artículos sobre content curation allá por el año 2012, comentaba que para los bibliotecarios – documentalistas la “curación” implicaba un cambio importante: pasar de los criterios tradicionales de evaluación de fuentes de información al pensamiento crítico. En este contexto, pensamiento crítico no quiere decir más que evaluar la calidad de un contenido de manera sistemática. Un mayor valor cívico del ámbito en que se practica la curation no sólo puede implicar un menor toque personal; además, también implica un mayor pensamiento crítico.

Espero haber mostrado que existe una tensión interesante entre la libertad de criterio de selección de contenidos y su posterior tratamiento por parte del curator y el tipo de actividad en que la “curación” tiene lugar. Como has podido ver, he dejado intencionadamente fuera de esta discusión el ámbito de la biblioteconomía y documentación. Tú qué opinas: ¿es la Biblioteconomía y Documentación una actividad con alto valor cívico?; ¿cuál es el grado de libertad con el que puede contar un curator en este ámbito?

Imagen via The Huffington Post

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